Pasiones Prohibidas #1

Capítulo 43

Capítulo 43.

Mónica Evans:

El juez examina las evidencias con una atención meticulosa, luego le pregunta a Thiago si sostiene que los acusados planificaron la destrucción de mi reputación mediante la vulneración de mi intimidad.

—Lo sostengo y lo pruebo, Su Señoría —sentencia Thiago—. Y hay más: manipularon la cadena de evidencias para que el fallecido Nicolás Aslan cargara con la autoría material, mientras ellos permanecían en la sombra. Hoy, esa sombra se disipa.

Thiago demuestra la veracidad sus palabras con otros documentos.

—Que conste en acta —dictamina el juez.

—Continuemos —prosigue Thiago, recibiendo una nueva carpeta de manos de Brady—. Presento ahora la prueba de fraude procesal y soborno de testigos por parte de los acusados.

Hace una pausa, mostrando más evidencias.

Es increíble como nunca había tenido ni una, de pronto en el juicio pasado solo algunas y sospechas confirmadas de boca para fuera. Y hoy hay muchas.

—Estas evidencias, obtenidas mediante una investigación privada exhaustiva, demuestran que las ciudadanas francesas Giovanna Peaches y Catherine Gilbert, quienes declararon falsamente en la sesión anterior, recibieron pagos directos de una cuenta offshore controlada por Leila Fakedoll.

—¿Dispone de trazabilidad bancaria? —pregunta el juez, inclinado hacia adelante.

—Absoluta. Transferencias directas y registros de localización. Mientras ellas juraban estar con los acusados la noche del crimen, se encontraban en realidad en el cumpleaños del señor Noah Johnson.

Aportamos fotografías de dicho evento que las sitúan a kilómetros de distancia. Mintieron bajo juramento por precio y promesa.

El juez examina las fotos. Su mandíbula se tensa. Gira la cabeza hacia el abogado de los acusados con una mirada que hiela la sangre.

—Letrado Montés —dice con una frialdad cortante—. ¿Era usted consciente de que estaba presentando testigos instrumentales y falsos ante este tribunal?

Montés intenta balbucear algo mientras se limpia un sudor frío que le empapa el cuello de la camisa. No le salen las palabras.

—Que conste en acta —truena el juez—. Y que se deduzca testimonio contra el letrado Montés por su presunta implicación en un delito de obstrucción a la justicia y soborno.

Reprimo la sonrisa y el suspiro de alivio.

—Señoría —interviene Thiago—, también solicito la comparecencia de un testigo de cargo fundamental en el cuerpo policial.

El juez ni siquiera pregunta más, solo le dice que lo pasen a la sala. Es entonces que nuestro testigo, igual de importante, entra con su uniforme impecable y su placa reluciendo.

Leila palidece hasta quedar traslúcida, y Dylan está desconcertado, lanzándole una mirada fulminante a la rubia. Montés ya no sabe que más hacer.

El detective Kay Fisher, nuestro último testigo y colaborador de evidencias legales y sólidas contra los asesinos de mi familia.

Y el ex novio de Leila.

Kay jura el cargo y clava su vista en el juez.

—Detective Fisher —comienza Thiago—, relate al tribunal sus hallazgos.

—Fui pareja de la acusada en dos periodos. En 2009, ella me suministró narcóticos para anular mi voluntad la noche del incidente de los Evans.

«Recientemente, como parte de una investigación paralela, recuperé evidencias biológicas y restos de dicha sustancia en el alojamiento que compartimos. Las huellas dactilares en el contenedor coinciden con las de Leila Fakedoll.

—¿Hay respaldo auditivo de sus actividades?

Kay asiente y mira a Thiago que le entrega un dispositivo al oficial.

—Durante mi labor de inteligencia personal, registré archivos de audio de alto valor probatorio. —añadió.

El secretario activa el audio. La voz de los asesinos, inundan la sala, quedando evidenciado frente a todos, como confiesan con una naturalidad aterradora, haber cortado los frenos del auto de mi padre. Mencionan un inhibidor de señal. Da a entender que esa grabación ocurrió días después del supuesto accidente, y planeaban que hacer conmigo porque yo debía morir ese día.

La otra grabación es una conversación con Fatih Keymall, el doctor que ayudó a falsificar la prueba de paternidad. Sacando cálculos, fue de hace seis años aproximadamente. Se escucha bastante claro el pago por haberlos ayudado a cometer ese delito.

Hay más grabaciones, aunque no todas puedo saber concretamente de qué fecha fue. En una deja saber cómo Troy Bakir, llevaba años limpiando las cagadas de ambos y como fue brutalmente asesinado por Leila, teniendo a Dylan de cómplice. Esta grabación es la única evidencia que prueba ese asesinato, porque ellos se encargaron de aislar tanto a Troy que nadie se acordaría de él hoy en día, no investigarían el motivo de su muerte, no descubrirían la verdad.

También en las grabaciones se escucha la conversación entusiasta entre Leila, Dylan y las testigos falsas, antes del primer juicio. La rubia le explicaba a ambas lo que tenían que decir, añadiendo peso a la evidencia real que tenemos en su contra de que fueron compradas.

No sé como el detective obtuvo esas grabaciones, ni tampoco sé cómo pudo demostrar hoy aquí que ambos asesinos planeaban arrebatarme la custodia del niño antes de que descubriéramos la verdad sobre la paternidad, y que luego se irían lejos tras acabar con su último cabo suelto: Yo. Aunque sospecho, por la voz amenazantemente de Dylan, que Brady y nuestros mejores amigos sufrirían algo peor que la muerte. No sé cómo lo hizo, pero le estoy muy agradecida.

Me sobresalto cuando no se escucha nada más que el silencio sepulcral en la salas. Brady, con disimulo, me tranquiliza con una caricia sobre mi mano, por debajo de la madera.

Le sonrío vagamente, sin ánimos. El pensamiento siendo más claro en mi cabeza de lo que alguna vez lo fue: aunque consiga que ellos paguen por todo lo que hicieron, la justicia no me va a devolver a mis hermanos ni a mis padres, ni toda la paz que yo esperaba obtener.




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