Pasiones Prohibidas #1

Capítulo Especial

Capítulo Especial.

**

Sábado, 10 de Abril, 2021…

Mónica Evans:

Veo a mi pequeño bebé correteando por el jardín junto a Tina con el avioncito que Brady le compró.

—¡Mírame, mami! —exclama entre risas—. ¡Estoy volando!

Sonrío.

—Ya te veo, mi amor.

Estamos a principios de abril de 2021. Ya llevamos en Málaga alrededor de ocho meses y medio. La mudanza, aunque fue una buena decisión para alejarnos de aquellos amargos recuerdos (algunos valían la pena, pero otros no), nos llevó de la mano y corriendo, sobre todo los primeros meses. Adaptarnos al nuevo ambiente no fue sencillo. Aquí vivimos en una zona bastante tranquila, pero la apertura del bufete de Brady y la nueva sede de mi empresa, sumado a que nuestro hijo tuvo que adaptarse a una nueva escuela con nuevos compañeros… es un poco agotador equilibrar todo eso junto con las cosas de la casa y el tiempo en familia. Pero tengo un prometido que me ayuda, e incluso mi hijo colabora en casa. Siempre sacamos tiempo para pasar ratos en familia. Queremos darle una buena crianza al niño.

Sonrío al recordar la propuesta de matrimonio de Brady. Si bien hablamos de casarnos algún día, sin prisa, sin apuro —porque nuestro amor no necesitaba etiquetas, aunque igual queríamos hacerlo real—, nos comprometimos oficialmente hace seis meses, en fechas decembrinas, con Randy de cómplice, cabe decir. Fue un momento bastante dulce y tierno, ese gesto de incluir a nuestro hijo en la propuesta. Y bueno, para qué negarlo: sumamente romántico y caliente en la madrugada con mi prometido.

Durante todos estos meses las cosas han marchado bastante bien. Somos muy felices, aunque la sombra de la preocupación desde el cumpleaños número siete de Randy no desaparece del todo.

Esa mujer… Esa maldita mujer…

Salgo de mis pensamientos al escuchar un ruido en el patio y la voz de la niña pelirroja, llorando, mezclada con la de Randy, que le pregunta si está bien.

Ingreso al jardín con rapidez y me acerco a los niños.

—¿Qué pasó?

—Tina se cayó —explica Randy, con el rostro lloroso, mientras señala a la niña en el suelo—. Le pregunté si le duele mucho, pero solo llora.

—Tinita, ¿estás bien? ¿Te hiciste mucho daño, nena?

Me agacho a su altura para inspeccionarla. Sin hablar, me enseña sus rodillas raspadas.

—Te has herido —murmuro—. Voy a buscar el botiquín. Randy, quédate con ella.

Mi pequeño asiente, resistiéndose a las ganas de llorar al ver a su amiguita en ese estado. Es tierno, pero la preocupación lo reemplaza casi por completo.

Me levanto para ir al baño en busca del botiquín y curarle los raspones a la pequeña pelirroja, pero tengo que quedarme quieta al sentir el mundo bajo mis pies tambalearse.

¿Qué…?

**

Parpadeo, desorientada. No sé dónde estoy.

¿Por qué estoy despertando? Hace un momento estaba con los niños en el jardín y…

Instintivamente, termino de abrir los ojos y me enderezo del mueble en el que estaba acostada. Me da vértigo y siento punzadas en las sienes.

—¡Papi! ¡Mamá despertó!

Busco a mi hijo por su vocecita y se me estruja el corazón al verlo todo preocupado, con la carita llorosa, a pocos metros de mí.

En medio de mi confusión, Brady ingresa a la sala con rapidez y se me acerca para inspeccionarme con suavidad.

Suspira, cerrando los ojos por un momento.

—Bonita —dice Brady con mi rostro entre sus manos, mientras besa mi frente—. Nos has dado un susto terrible.

—¿Qué pasó? —pregunto, aún desorientada.

—Te desmayaste cuando ibas a por el botiquín.

El recuerdo me golpea de golpe: Tina en el suelo, las rodillas raspadas, Randy a punto de llorar. Busco con la mirada a la niña y la encuentro detrás de mi hijo. Los dos nos miran desde el otro extremo de la sala, con los ojos muy abiertos.

—La niña… —murmuro.

—Está bien —dice Brady, tomando asiento a mi lado—. Ya la curé. —Me acaricia el brazo con suavidad—. ¿Cómo te sientes?

—Estoy mareada —confieso.

—Ay, bonita.

Suspiró y miramos a los niños.

—Mami… —dice Randy, con la voz quebrada.

—Solo fue un susto, bebé —intento sonreír—. Mamá ya está mejor.

Randy se acerca a mí con paso inseguro. Tina se queda en su lugar, observando desde la distancia.

—¿Me lo juras? —pregunta él, extendiendo su meñique hacia mí.

Estrecho su dedito con el mío.

—Te lo prometo, mi amor —intento sonreír un poco, ignorando las punzadas en las sienes que por suerte comienzan a disminuir—. Me quedaré un rato con papá.

Randy asiente y mira a Tina antes de volver a mirarnos.

—Está bien… ¿podemos ir al jardín?

—Tengan cuidado, ¿de acuerdo? Nada de hablar con desconocidos —responde Brady—. Y no se ensucien o volverán a bañarse antes de almorzar.

Los niños asienten y salen corriendo hacia el patio. Los escucho reír antes de que la puerta trasera de la cocina se cierre del todo.

Cuando nos quedamos solos, Brady me mira con seriedad.

—¿Desayunaste cuando te desperté?

Mi prometido me había despertado hoy con un rico desayuno en la cama y luego fue con Randy a recoger a Tina en el aeropuerto porque se pasaría este finde con nosotros, mientras yo planeaba dormir un rato más por el cansancio del viernes.

—Los hotcakes olían… raros —sonrío avergonzada—. No los comí, solo tomé el jugo.

—¿Raros? —fruncie el ceño, confundido, se pone de pie—. Los productos estaban frescos. Acabados de hacer te lo llevé. No entiendo… —se queda pensativo, con las manos en la cintura—. ¿Será una indigestión? Recuerdo que vomitaste anoche… No, no. Eso es muy raro. Demasiado. Vamos al hospital.

Le agarro las manos y lo hago sentarse de nuevo a mi lado. Le sonrío un poco antes de hablar.

—Te prometo que ya me siento mejor —le digo—. Es porque no desayuné. Es todo.

Brady me mira sin convencerse del todo, pero finalmente suspira.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.