Pasiones Prohibidas

Capítulo 26

Capítulo 26:

Narrador Anónimo:

—¡Mamá! —El pequeño Randy llamó a su madre con emoción— ¿Ya nos vamos?

—Sí, bebé. —Respondió Domenica a su hijo, cerrando su bolso tras haber guardado el celular al que recibió un mensaje de Brady con la dirección del lugar al que debían ir.

El niño tomó de la mano a su madre y juntos se dirigieron a la salida de la casa... mas no esperaron encontrarse a Dylan y Leila recién llegados.

—¡Papá! —Randy se soltó de su madre y fue recibir a su padre.

—Hey, campeón —Nadie más que Leila notó la falsa sonrisa que Dylan le dedicó al niño—. Cuidado, me estrujas la camisa.

Dylan miró con seriedad al niño y se apartó un poco, Randy por suerte no lo notó... o eso les hizo creer. No por ser un niño pequeño no era conciente de las cosas.

—Te la puedo planchar. —Mencionó Domenica con cierto enojo que no dejó al descubierto.

Comentarios como esos y acciones como esas le molestaban un montón. ¿Por qué trataba así al niño, a su propio hijo? Estaba segura que Dylan le ocultaba algo... el comportamiento de este con el pequeño comenzó a raíz de la mudanza de Leila al país hace unos tres años... pero hacía algún tiempo que dejó de hacerlo... o quizás era lo que ella pensaba.

Lo que Domenica no sabía era que eso era de toda la vida, desde que el pequeño era un diminuto frijolito en su vientre.

—No quiero sobrecargarte, amor. —Suelta Dylan meloso, apaciguando las aguas.

—¡Tía Lila! —El niño corrió hacia su tía Leila.

—Randall —A diferencia de Dylan, Leila cargo al niño para recibirlo—. ¿Cómo estás?

—¡Emocionado! —Se remueve el pequeño en busca de que su tía lo baje y ella lo hace.

—¿En serio? —Le cuestiona Leila y todos prestaban atención— ¿Y a qué se debe tanta emoción?

—¡Mi mamá me llevará con mi entrenador de fútbol! ¡Ahora sí podré ser un jugador profesional! —Salta y aplaude de felicidad.

—¿Entrenador de fútbol? —Leila mira a Domenica con la clara interrogante en su expresión al igual que Dylan.

—¡Sí, cuéntale, mami!

—Ahora mismo me lo va a contar, hijo —Nadie se esperó la frialdad en la voz de Dylan y menos aquella sonrisa fingida dirigida a Domenica—. Cariño, ¿vamos?

—Bebé —Domenica se acerca a su hijo y besa su cabecita—, espérame con la tía Leila, ¿bien?

—Está bien —El niño ve con el ceño fruncido a sus padres marcharse, se sienta en el sofá al lado de Leila quién acababa de sentarse y andar con el celular—. ¿Tía Lila?

—¿Qué? —Ni siquiera le miró para hablarle y menos evitó soltar con dureza.

—¿A dónde van mis papás? —El niño prefirió ignorar el tono de voz de Leila y decidió preguntar.

—A resolver los problemas.

—¿Encerrados en la habitación?

—Es su forma de resolver los problemas y con mucho ruido. —Leila sonrió maliciosa.

—¿Y funciona?

—Como no tienes idea, Randall.

—Oh —Una dulce sonrisa se dibujó en el pequeño niño, imaginándose ya de grande junto a su amiga especial—. Cuando sea mayor voy a resolver los problemas con mi novia pelirroja así como mis papás encerrados en la habitación y con mucho ruido.

—¿Pelirroja? —Le cuestionó Leila con interés ahora.

—Me gusta el cabello rojo. —Se alzó de hombros y un ligero sonrojo cubrió sus blancas mejillas.

—¿Alguien en especial?

—Mérida.

—Es un personaje ficticio, Randall. —Leila soltó burlona y el niño la miró mal.

—¿Y? —Se cruza de brazos molesto— A mí me gusta y punto.

—No me hables así, niño.

—No me digas niño, Leila.

Leila estaba a punto de replicar cuando recapacitó y lo dejó pasar. No le convenía estar de malas con el niño, ya que este le podía servir como chivo expiatorio para ella y su hermano Dylan en cuanto a lo que respecta de Domenica.

—Lo siento, cariño. —Leila hizo un falso puchero de arrepentimiento y abrió sus brazos para recibir un abrazo.

—Te perdono, tía Lila. —El niño la abrazó a pesar de que tenía en su mente grabado las palabras de su tía y el enojo que no se le iba, pero disimulaba muy bien, subestimaban a Randy solo por tener seis años casi siete.

A pocos metros de la sala, en la habitación, estaban un Dylan rojo de la furia y una Domenica falsamente serena.

—¿Me explicas eso de entrenador de fútbol? —Dylan estaba a punto de explotar como una bomba, y todo por sus celos y obsesión con su novia.

—Dylan...

—¿Por qué, si hasta ahora no le hizo falta? —La acorraló a una esquina de la habitación— ¿Qué tramas?

—No tramo nada —Ella mintió descaradamente y en ese momento no sintió arrepentimiento alguno—. ¿Por qué piensas eso?

—Tal vez porque presiento que me estás ocultando cosas. —Dylan deslizó sus dedos desde su mandíbula hasta el inicio de sus senos que iban cubiertos por una blusa de tirantes.

—No tengo nada que ocultarte. —Alzó el mentón con una seguridad que irritó a Dylan.

—¿Segura? —Cuestionó y ella asintió— ¿Entonces por qué me entero por un tercero que en la empresa, justamente tu oficina, está recibiendo llamadas anónimas?

«¿Quién mierda le informa lo que pasa en mi empresa a Dylan aparte de mí?» Cuestionó Domenica en su mente molesta «Soy la jefa, la segunda. Mi hijo, mi mejor amiga y yo somos los únicos que tenemos todas las acciones de mi empresa. Dylan no tiene por qué saber hasta cuando estornudo.»

—¿Quién te lo dijo? —Casi que le gruñó a Dylan, estaba realmente molesta y eso él lo notó.

—Eso no te interesa —Sonrió con malicia, dejándole caer que tenía absolutamente todo controlado aunque no fuera ni socio de ALC—. Debiste decirme.

—Es MI empresa y la de mi amiga —Domenica avanzó y él no retrocedió—. La levantamos juntas con mucho esfuerzo, no quieras venir tú ahora a creerte dueño y señor de lo que es de nosotras.

Domenica se dio la vuelta con intenciones de irse. No quería que su hijo escuchara a sus padres pelear. Sólo por Randy se aguantaba.

—Esta conversación no se ha terminado. —La agarró con muchas fuerza del brazo antes de que ella pudiera irse.




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