Capítulo 29:
Días más tarde...
Domenica Puentes:
—¡Hola, bebé! —Saludo con alegría a mi niño en altavoz.
—¡Hola, mamá! —Con su vocecita infantil emocionada me responde al otro lado de la línea— ¿Cómo estás?
Joder, como extraño a mi chiquito.
—Bien, mi niño —Sonrío hacia el teléfono mirando las fotos que Wanda me envió de mi hijo en el parque de diversiones—. ¿Cómo te la estás pasando con la tía Aka?
—¡Súper mega increíble! —Responde risueño y de fondo, escucho otra vocecita infantil y un poco chillona, llamarlo— ¡Ya voy, princesa Mérida!
—¿Princesa Mérida? —Inquiero curiosa.
No sé, pero me parece que se refiere a la niña pelirroja de la foto.
—Upsi —Suelta una risita nervioso—. ¡Te quiero, mami, adiós!
—Adiós, bebé. —Me despido, negando divertida, aunque no pueda verme.
—Ya se fue. —Me dice Wanda entre risas.
—¿Princesa Mérida?
—Larga historia que debe contarte porque así lo pidió y sabes que cumplo mis promesas —Dice entre divertida y seria—. ¡¿Cierto, bichito, que le contarás a mamá sobre la princesa Mérida?!
—Un día de estos... —Responde a lo lejos mi hijo— ¡o tal vez nunca, tía Aka!
Me río con ganas.
—Tiene vergüenza dice, hasta tiene las mejillas coloradas —Se carcajea—. Mi sobrino es todo un loquillo picarón.
—Lo mejor que he parido.
Nos volvemos a reír.
—Creo que debes irle comprando condones o serás abuela antes de los treinta que, casi casi le llegas.
—No me jodas que el karma te va a llegar —Ruedo los ojos aunque no me pueda ver y la escucho reír—. ¿Cómo te va allá en Italia?
—Si bueno, olvidé decirte —Suspira con dramatismo—. Ayer la novia de Devine la atrapó en pleno acto sexual con un hombre... específicamente su cliente.
—¿Qué? —Abro mis ojos en demasía con impresión.
—Dicen las malas lenguas y la mía que no es muy buena, que fue debido a la presión de la boda.
Frunzo un poco el ceño, con una interrogante en mente; ¿Dylan o yo podríamos serle infiel al otro por presión de la boda?
Si es cierto que no lo amo y que sólo le tengo cariño o aprecio por el pasado y ser el padre de mi hijo, que a diferencia de él que dice amarme con locura, pero de igual forma me sabría mal el saber que me fue infiel. No estoy siendo egoísta, simplemente quiero vivir con la verdad. Si no quiere estar conmigo mejor que me lo diga y terminamos la relación, no me molestaría, al contrario, él no se merece que sólo lo vea como el padre de mi hijo a quien le tengo cariño nada más, se merece a alguien que le entregue todo por completo, que lo ame con locura y ponga a latir su corazón a niveles sobrehumanos, así como yo sigo amando a Brady Jones.
—Y lo más chistoso es que la novia, bueno, ex novia, es nada más y nada menos que Allie Pierce.
Eso termina por sacarme de mis pensamientos.
¿Allie Pierce es, o bueno, era, la novia de Devine, la amiga de Angie?
Menuda coincidencia. No. Menudo karma.
—No puede ser —Mascullo por lo bajo, con los nervios a la vuelta de la esquina—. ¿Qué clase de karma estaremos pagando para que nuestro pasado regrese y de esa forma?
—Ni idea —Resopla y hace una pausa—. ¿Cómo van las cosas por allá?
—Todo marcha bien.
Inconscientemente, suelto un suspiro agotado.
—Ese suspiro no dice lo mismo. —Objeta, haciéndome saber que no pasó por alto mi suspiro.
—Hoy recibí otra nota del anónimo —Confieso, mirando a una esquina de la cama la caja que me había llegado anónimamente—. Pero esta vez vino dentro de una caja pequeña de regalo que no he abierto.
Por mucho que la curiosidad me pique, la incertidumbre, la expectativa y el miedo por saber qué es lo que hay dentro y si me va a gustar o no, me frena de abrirla.
—¿La vas a abrir?
—No lo sé, pensaba llamar a Brady y decirle —Escucho la alarma que programé para ir de compras—. Te dejo, tengo que ir al centro comercial a por las cosas del nuevo curso de Randy.
—Okis, hablamos luego.
**
—¿Mónica? —Frente a mí, hay una chica trigueña con cuerpo de infarto y rizos negros hasta la cintura— ¡Sí eres tú!
Frunzo el ceño con recelo. ¿Cómo sabe mi nombre real? ¿Será el anónimo o de los espectadores de aquel nefasto video?
Mas cualquier otro pensamiento de esto y el recelo se disipan al oír de su boca lo siguiente:
—Soy Allie... Allie Pierce.
—¿Allie? —Suelto con sorpresa, correspondiendo a su reciente abrazo— Estás... muy cambiada y hermosa.
—Lo sé y gracias —Sonríe a medias, entonces recuerdo lo que le pasó que me contó Wanda y comprendo el destello de tristeza en su mirada y sonrisa—. ¿Cómo has estado? Supe de ti ahora por Wanda, estuvimos hablando mucho ayer antes de que me regresara a España.
—Señorita —Me volteo al mostrador tras escuchar el llamado de la dependienta—, ¿se llevará esto también?
Me muestra los lápices de colores que tanto le gustan a Randy.
—Ah, sí claro.
—¿Tienes hijos? —Me pregunta Allie, mirando sin disimulo la nueva mochila que Randy me pidió exclusivamente de aquí y esta, tiene detalles en azul y rojo.
—Un niño. —Sonrío al recordar a mi pequeño.
—Ay, que monada —Un destello de compresión cruza por su mirada—. Espera, ¿es el niño que andaba con Wanda en Italia? Ella mencionó algo sobre eso, ¿cómo se llamaba?
—Randall —Asiente sonriente e imito su gesto—. Es mi hijo.
—Es un niño maravilloso, diste todo para su creación.
—Gracias —Guardo silencio por un momento y recuerdo como me llamó al principio—. Allie, ¿puedes llamarme Domenica Puentes en vez de... Mónica Evans?
—Okay —Me señala— Pero luego tenemos que hablar y me contarás ese cambio de identidad tuyo y de Wanda... aunque creo conocer el motivo.
Hace una mueca, apenada.
—Está bien —Respondo sin sentirme triste o asfixiada por el pasado que comienza a regresar de forma inédita—. ¿Me das tu número? Lo perdí hace algunos años cuando regresé.
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Editado: 20.01.2026