Capítulo 30.
Al día siguiente...
Brady Jones:
—Es que... no puedo creerlo —Con voz temblorosa susurra entre mis brazos y le entrego un pañuelo—. Gracias —Agarra el pañuelo, pero no se limpia las lágrimas—. Él era tan bueno... ¿Por qué los buenos terminan jodidos?
Voltea a verme con un puchero tembloroso.
Me mata verla llorar, sólo trae amargos recuerdos que quisiera reemplazar por buenos momentos y sé que ella también lo quisiera.
Estoy por responderle cuando escuchamos la molesta voz de esa escoria llamarla.
—Domenica.
—¿Dylan? —Hay un cambio en la voz de ella al verlo acercarse, mas no rompe el abrazo que le doy— ¿Qué haces aquí?
—Me enteré de lo que le pasó a Samuel —Contesta y me fulmina con la mirada por mi agarre en Domenica—. ¿Y el quién es?
Me pregunto cuándo explotará su paciencia como hace algunos años.
—Santiago Fistierra, abogado de la señora Puentes. —Extiendo mi mano y la estrecha con confusión, pero sin borrar esa expresión de enojado que se le vió al llegar.
Y sólo espero que no se dé cuenta que le dije el nombre de un personaje de una novela mexicana que, no es, ni por asomo, un abogado, más bien es un traficante de hachís y el mejor piloto de lanchas. No tengo la intención de que me reconozca ahora.
—¿Tu abogado no era el muerto? —Le preguntó a Domenica con crudeza y a ella se le volvió a cristalizar los ojos, haciendo que Dylan rodara los ojos— No es para tanto. Ni eran tan cercanos.
Es obvio que ella no comparte todo con él, si lo supiera todo, no diría eso último. Porque hasta yo soy consciente de la gran amistad entre Samuel y ella.
—Dylan, ten un poco de respeto. —Le gruñe enojada, con la voz llorosa y nuevamente, busca refugiarse en mis brazos sin darse cuenta.
—Lo siento —Me dan ganas de matarlo cuando finge arrepentimiento. Me mira—. ¿Puedes soltar a mi prometida, abogado?
«Prometida»
Aún duele haber escuchado su aceptación en el restaurante. ¿Por qué aceptaría casarse con él? ¿Es por el niño que lo hace? ¿O... siente algo por él?
Domenica se aleja de mí de inmediato como si el contacto quemara. No negaré que eso dejó un mal sabor en mi boca, pero eso fue reemplazado por la sumisión que le muestra a Dylan... o eso me parece a mí cuando agacha la cabeza.
—Debo atender una llamada, permiso. —Anuncio alejándome para darles espacio aunque no quiera, mas creo que fui ignorado.
No me alejo tanto porque necesito oír la conversación que tendrán ahora que me fui.
—¿Me puedes explicar ese cambio de abogado, Domenica?
—Samuel tuvo asuntos que atender en otro país y él lo reemplazó.
—¿Y por qué mierda no me lo habías dicho?
—Son mis problemas, Dylan, no los tuyos.
—Pronto lo serán —El pedazo de basura hizo una pausa, en tanto yo fingía terminar la llamada—. Iré a darle el pésame a la familia.
—Compórtate. —La valentía en su voz me hizo sonreír, sabía que ella no dejaría que Dylan Bakir la manipulara y jugara con ella a su antojo... quizás me confundí hace un momento.
—¿Todo bien? —Le pregunto, al regresar a su lado, mirando como Dylan está hablando con la familia del difunto Samuel.
—Sí, todo bien. —Suelta un suspiro de cansancio y me regala una débil sonrisa.
—Veo que no soy del agrado de tu prometido. —Menciono como si nada.
—Sabes que nunca lo fuiste —Ambos nos quedamos estupefactos con lo que dijo, no obstante, parece darse cuenta:—. Perdón, todavía no tenemos esa charla.
—Pero la tendremos. —Aseguro.
Asiente a mis palabras y guardamos silencio, el cual es interrumpido por Leila Fakedoll, otra de los implicados de aquella trampa que nos pusieron a Mónica y a mí, frente a toda la universidad, dejando más perjudicada a Monica que a mí:
—Hola, cuñada —Sonríe mostrando la hilera de dientes y me lanza una mirada sugestiva de reojo—. ¿No me presentas a tu abogado?
Ella se queda callada con expresión nuestra, veo la sonrisa de la rubia flaquear, pero se recompone de inmediato y me mira con coquetería.
Randy me había dicho que Leila tenía novio, Kay se llamaba. ¿En serio está haciendo esto? No tiene ni tantito de vergüenza o fidelidad.
—Leila Fakedoll. —Me ofrece su mano, esperando a que la agarre y deposite un beso allí, por la forma en la que tiene su mano extendía.
Me presento con un asentimiento, manteniendo mi expresión neutral, sin siquiera mirar su mano.
—Tiene esposa e hijos, Leila —Murmura Domenica con voz trémula, sin despegar la mirada de enfrente—. Y te recuerdo que tú tienes novio.
«Esposa e hijos» ¿Por qué pienso en ella y Randy en esas etiquetas en mi vida?
Pude notar la molestia en los ojos de Leila y las ganas que tenía de caerle a madrazos a Domenica. Ja, como si pudiera, como si yo lo permitiera. No tiene idea de nada, de lo que soy capaz de hacer por esta mujer.
—Nos vemos por ahí. —Sonrió un tanto forzada y se perdió entre la multitud.
—¿Esposa e hijos? —Pregunté divertido en un susurro, muy cerca de su oído, sintiéndola estremecerse.
—No te iba a dejar en paz de otra forma, si le dijera que solo tenías novia —Voltea su rostro y es ahí cuando me doy cuenta lo cerca que estamos de rozar nuestros labios—. ¿O preferirías lo contrario?
—Para nada —Suelto aliviado haciéndola reír ligeramente—, te agradezco el salvamento.
—Por nada.
Me regala una bonita sonrisa a pesar de todo y volvimos nuestra mirada al frente.
**
Domenica Puentes:
—¿Qué se te quedó? —Pregunto tras abrir la puerta que recién había sonado.
Pensé que sería Dylan ya que era algo normal cada que se iba de viaje de negocios con su hermana, pero me llevé la confusión y sorpresa del año: no había nadie, a excepción de una nota pegada en la alfombra de la entrada y otro en la puerta principal.
Leí de primera la que recogí de la alfombra luego de cerrar la puerta:
“Deja de indagar en el pasado o uno por uno, de los que te rodean, van a morir... como Samuel... o peor que él.“
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Editado: 20.01.2026