Capítulo 31.
Al día siguiente...
Domenica Puentes:
—Buen día, jefaza. —Me saluda mi asistente con su característico buen humor mañanero al verme salir del ascensor.
—Buen día, Tobías —Le regalo un asentimiento y acepto el café que me ofrece ya que me ayudará a mantenerme despierta—. ¿Qué tenemos para hoy?
—De número uno tiene una visita en su oficina y segundo, tiene una reunión con los de marketing.
Frunzo el ceño, centrándome en lo primero que dijo.
—¿Visita?
Brady no puede ser, recibí un mensaje suyo en la mañana, diciéndome que nos veríamos en la tarde. Ni Leila y Dylan pueden ser porque aún no regresan del dichoso viaje ese. Wanda sigue en Italia con mi hijo, que por cierto, hablé con ambos de camino a la empresa. Si fuera reunión de trabajo, Tobías no hubiera usado el término «visita».
No tengo a más nadie que podría hacerme la visita. ¿Quién será?
—En realidad no tenía ninguna cita programada para hoy, pero insistió mucho diciendo que era su familia —Se acerca haciendo como un círculo de confidencialidad y susurra:—. Debe estar loca o confundida porque usted... usted no tiene más familia que su prometido, su cuñada, su hijo y su hermana, ¿Cierto?
—Gracias, Tobías —Sonrío un poco tensa y tras despedirme de mi asistente, me dirijo a mi oficina con rapidez, abro la puerta y me sorprendo al ver a una joven castaña sonriéndome—. ¿Hola?
—Hola, Domenica —Se levanta del mueble un poco nerviosa—. ¿Cómo estás?
—Bien... gracias —Hago una mueca apenada—. Disculpa, ¿nos conocemos?
—Desde que cumpliste los quince —Responde risueña y mi mente es una total confusión—. Aún recuerdo tu cara al ver el álbum de Beyonce que te regalé ese día.
Mierda, no puede ser.
—¿Sarahí? —Pregunto entre incrédula y emocionada, no puedo evitar acercarme y abrazarla— ¡Cuánto tiempo!
—Sí, ha pasado mucho —Sonríe con tristeza al romper el abrazo—. No hay un día en que no deje de recordarlos.
—Él te amaba muchísimo. —Mis ojos de llenan de lágrimas, ni siquiera puedo mencionar su nombre o recordarlo sin que duela.
—Yo también lo amaba muchísimo —Sonríe entre lágrimas que se limpia de inmediato—. Oí que tienes un hermoso hombrecito.
—Se llama Randall —Le muestro la foto que tengo más reciente de mi hijo y lo observa sonriente—. Es lo más preciado que tengo en la vida.
—Me imagino —Deslizo mi dedo sobre la pantalla y se muestra la fotografía que tomé el día en que Randall estaba con Brady en el entrenamiento—. ¿Ese es su papá?
Ya quisiera yo que lo fuera.
—No, ese es su entrenador de fútbol.
—Vaya, creí que eran padre e hijo por el gran parecido que tienen, el mismo color de ojos, el cabello y su... —Me mira arrepentida de inmediato— Perdón.
—No, no, está bien. —Le quito hierro al asunto y volvemos a quedar en silencio.
Lo cierto es que mi Randall no sacó nada de Dylan, de mí sí, pero no de él. Quizás sólo es pura coincidencia los rasgos similares de mi hijo con Brady porque él no puede ser su padre, no tiene lógica. Aunque ambos son alérgicos a la pimienta, pero es pura casualidad... ¿cierto?
¿Y si tal vez...?
Pero, no puede ser, comencé a sentirme mal después de... después de acostarme con Dylan borrachos. Y antes de eso... yo estuve con Brady, un día antes de mi cumpleaños y de que todo se fuera a la mierda.
Brady no puede ser el padre de mi hijo por más similitudes que compartan.
—No me tomes a mal pero... —Carraspeo saliendo de mis pensamientos— ¿Necesitas algo? ¿Puedo ayudarte en algo?
—No le había dicho a tu secretario porque quería hablarlo personalmente contigo —Juega con sus dedos en un gesto nervioso como solía hacer en los viejos tiempos—. Vengo por la vacante de informática de AkaLure Cosmetics. ¿Sigue libre? Yo puedo hacer la entrevista cuando tú me digas, no tengo problemas.
—¿Tienes tu currículum contigo?
—Sí.
—Perfecto, estás contratada —Me levanto y ella me imita, extiendo mi mano y la estrecha confundida mientras le sonrío—. Bienvenida a la familia ALC, Sarahí.
—¿Tan rápido? —Abre sus ojos como plato, sorprendida.
—Eres la indicada para ese puesto. —Me alzo de hombros.
A Wanda le encantaría escuchar que Sarahí está devuelta y trabajando con nosotras.
—Gracias —Me abraza emocionada sacándome una sonrisa—. ¿Qué tal un almuerzo?
—Me parece bien —Acepto—. Ahora vamos a hacer copia de tu currículum y darte lo que necesitas.
—Está bien.
**
El almuerzo con Sarahí estuvimos hablando de algunas cosas como mi hijo, qué pasó con ella después del accidente y conmigo. Cabe decir que me puso algo sentimental, me hizo recordar a mi hermano Colin y como era su amor de bonito en el pasado cuando era una adolescente.
Mi familia estaba conformada por mis padres Megan y Bryce, mis hermanos mayores, Mason, Declan y Colin. Por último me encontraba yo, Mónica, la más pequeña de los Evans. Colin fue el primero de mis hermanos en tener una novia formal, Sarahí es esa novia, más que una cuñada, era una buena amiga que, a día de hoy, lo sigue siendo.
Estoy terminando de cerrar la cremallera de mis botas de tacón cuadrado oscuro que combiné con un jean marrón de cinturón y un bralette blanco con adornos oscuros, para luego aplicarme el labial medicinal ya que podría rajarse mis labios apesar de que no haya frío todavía.
Recibí un mensaje de Brady tras salir del trabajo, decía que nos veríamos en el refugio de Samuel a las cinco, ya que no quería meterme en problemas con Dylan.
Era lo mejor... creo.
El sonido de una puerta abriéndose y cerrándose me alerta, seguido, escucho murmullos como que incoherentes.
Hay alguien en la casa.
Sin hacerme notar, salgo de mi habitación con el teléfono en mano, por si es algún ladrón o asesino llamar a la policía, y me dirijo a la sala... llevándome tremenda sorpresa inesperada.
—Dylan, Leila —Alterno la mirada entre ambos que se encuentran mirándome fijamente desde el sofá—. Creí que llegarían pasado mañana.
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Editado: 20.01.2026