Pasiones Prohibidas

Capítulo 32

Capítulo 32.

Tres días más tarde...

Narradora:

Los problemas, desde que aquel anónimo que pedía justicia para los Evans apareció, parecían aumentar y nunca acabar. Pero, vayamos por parte...

—¿Qué? —Cuestiona el abogado Jones, desde su cama, mirando a la pelinegra en la entrada de la habitación.

—Estoy esperando una respuesta, Brady Jones. —Kim, cruzada de brazos, insiste con afán.

—Y yo ya te la di. —Brady le respondió, desviando la mirada a su laptop, en dónde redactaba un email a un cliente.

—¿Te estás revolcando con una de tus clientas?

El abogado dejó de teclear en su laptop y enojado la cerró, para luego mirar a su novia.

—Cuida lo que dices, Kim —Murmura en un tono de advertencia, con la mandíbula tensa—. No pienso tolerar este tipo de insinuaciones.

—Entonces, ¿de quién es este pendiente? —Sacude en su mano, Kim, un pendiente rojo pasión que le pertenecía a la empresaria Domenica Puentes.

—Es de mi cliente, ya te lo dije —Bufó el abogado, dejando la laptop a un lado—. Se podría malinterpretar si no te hubiera dicho que se lo había dejado en el despacho...

Y decía la verdad. Domenica lo había ido a ver al buffet de abogados, a su oficina, para concertar una reunión con respecto a lo que encontraron en el compartimiento secreto en el refugio del difunto abogado Samuel Martínez. Domenica fue al baño del despacho del pelinegro con una comezón en el lóbulo de su oreja derecha, quitó el pendiente rojo pasión que traía y lo dejó sobre el lavamanos, se mojó bajo el grifo sus dedos y con estos mismos acarició el lóbulo de su oreja, en busca de bajar el tono rojizo que adquirió anteriormente. El material del pendiente parecía haberle echo daño. Estaba concentrada en sus pensamientos cuando salió de pronto del baño, olvidándose del pendiente en el lavamanos, al escuchar a Brady llamarla.

Brady, al encontrar el pendiente en el lavamanos y recordar que le pertenecía a Domenica, se lo llevó consigo mismo a su casa, con la intención de devolverlo a su dueña al día siguiente. Mas no pudo porque la empresaria no respondía las llamadas de él.

Y de algún modo, Kim terminó encontrando el dichoso pendiente.

—¿Es esa Domenica Puentes, eh? —Preguntó furiosa la pelinegra, apretando el pendiente en su mano.

Kim tenía muy claro de quién hablaba, no solamente era la clienta de Brady Jones, sino también la jefa de ella. Pero por la empresa no veía a Brady en ningún momento, solo a ella.

—Claro, si últimamente pasas más tiempo con ella que conmigo, que soy tu novia.

—¿Cuando te di motivos para que te creas películas en la cabeza de que te estoy siendo infiel?

—¡Ahora!

—¡No me jodas, Kim! —El abogado Jones perdió los estribos, bajando de golpe de la cama, caminando directo hacia la pelinegra— ¡Podré estar enamorado de otra mujer aún estando contigo y nunca te sería infiel!

Vió el dolor y tristeza en su mirada, mas no pretendía lastimarla y recordarle que a ella sólo la apreciaba, más bien quiso ser sincero y realista con ella... Aún si así tiene que ocultar que se haya besado con el amor de su vida. Se cuestionaba si ese beso con Domenica significaba que le había sido infiel a Kim, no obstante, no iba a irse de lenguas y terminar de joder todo con la pelinegra, ni lastimarla.

—¡¿Ah sí?! —Grita lanzando el pendiente por algún lado de la habitación— ¡¿Y entonces por qué no me explicas que hacías detrás de esa mujer en el restaurante?!

Lo que menos esperó el abogado Jones, era que su novia estaría al pendiente de todo, el mínimo detalle, como por ejemplo; con la desesperación en la que se levantó para "ir al baño", siguiendo a la empresaria. Kim sabía que se trataba de Domenica Puentes y Dylan Bakir.

—¿Cuál mujer?

—¡La de la pedida!

—Estás delirando —Ríe sin humor el abogado Jones—. El baño de hombres queda por ahí, ¿o no te acuerdas?

—¡¿Pero justo en el mismo momento en que ella se levantó?!

—¡Coincidencia, tal vez! —Responde a gritos como ella— ¡Ni siquiera me acuerdo de la mujer de la que hablas!

—¡Mientes! —Arremetió contra Brady, golpeando su pecho una y otra vez, descargando su furia en él.

—¡Kim, basta! —La inmovilizó en un fuerte abrazo y la escuchó sollozar— Cálmate primero y luego hablamos, ¿está bien?

—No voy a hablar nada contigo. —Se soltó furiosa, y entre lágrimas se dirigió al clóset.

—Kim, ¿qué estás haciendo? —Cuestionó el abogado, viéndola sacar las perchas de ella todavía enojada y lanzarlas a la cama.

—Me voy. —Contestó la pelinegra, sacando ahora una maleta de la parte de abajo del clóset y la puso en la cama para comenzar a guardar la ropa.

—¿Te vas? —Cuestionó con una presión en su pecho. A pesar de toda aquella situación, Brady no quería que se fuera, ni siquiera se le pasó por la cabeza echarla a la calle— ¿Cómo que te vas?

—Sí, me voy a la casa de mis padres.

—Kim, no tienes que irte —Intentó razonar con ella, mas esta siguió en su objetivo sin mirarlo o dirigirle la palabra siquiera... dejándolo imaginarse sólo una pregunta en su cabeza:—. ¿Estás terminando conmigo?

—Eso debería de ponerte feliz. —Contestó la pelinegra mordaz.

—Kim. —Gruñó Brady, visiblemente molesto por sus palabras.

—Brady —Resopló, terminando de guardar todo y lo miró—. Es lo mejor.

—¿Entonces... terminamos?

Si bien Brady no la amaba ni estaba enamorado de ella, pero Kim era alguien importante su vida y le duele perderla de este modo y así, por una pelea. Aunque se alegra de que quiera separarse, ya que piensa que merece a alguien que arriesgue todo por ella, que la ame y que esté dispuesto a bajarle las estrellas si ella lo pide o llevarla hasta ellas. Y él no era el indicado para eso.

—Hay que darnos un tiempo, para los dos. —Tras aquella palabras de la pelinegra, esta salió con su maleta de la habitación.

Brady Jones todavía procesaba que Kim básicamente terminó con él con la excusa del tiempo y se fue del apartamento. Su mirada se clavó en el pendiente rojo pasión de Domenica, en un rincón del suelo de la habitación.




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