Pasiones Prohibidas

Capítulo 34

Capítulo 34.

Wanda Clain:

Bajamos del taxi y tras pagarle al chófer, la manito de mi sobrino se une a la mía y caminamos hacia el interior del hotel.

—Tía —Me llama cuando pisamos el lobby y sonríe—. ¿Una carrera hasta el ascensor?

—Te voy a ganar —Aseguro divertida y emprendemos la carrera hacia el ascensor, sólo que lo dejo ganar—. ¡No, me ganaste!

Hago un puchero, presionando el botón de dónde queda nuestra habitación.

—¡Tía, me dejaste ganar! —Se cruza de brazos, mirándome con el ceño fruncido.

—No es cierto. —Me defiendo vagamente, evitando reírme.

—¡Estás mintiendo! —Me señala acusatorio, sin dejar esa expresión atrás.

—¿Me perdonas? —Me agacho a su altura, batiendo mis pestañas en un intento de parecer adorable e inocente.

—Perdonada —Rueda los ojos divertido y abre sus bracitos para que lo cargue, y cuando lo hago, se abraza a mi cuello y el ascensor se detiene—. Te quiero mucho, tía Aka.

—Yo te quiero más, revoltoso. —Alboroto su cabello con una mano y me mira mal, mientras nos dirigimos hacia la habitación.

—¡No soy revoltoso! —Alza un puño al aire, mirándome mal.

—No, casi nada. —Suelto irónica, rodando los ojos.

—¡Tía! —Se queja y nos echamos a reír.

Minutos después, acabábamos de entrar a la habitación y Randy se fue directo a la cama con el control de la tele en sus manos.

—¿Puedo ver la tele? —Me pregunta, enseñándome el control.

—Ya sabes qué ver —Asiente a mis palabras y mientras enciende la tele, llaman a la puerta—. Ahora regreso.

Ni siquiera me responde cuando se mete de lleno en la película de su princesa favorita, Mérida. Abro la puerta y me topo con Angie.

—Holis. —Sonríe dulcemente.

—Hey —Le devuelvo la sonrisa—. ¿Quieres pasar?

—No, tranquila —Hace un ademán restándole importancia—. ¿Cómo te fue?

Las cosas entre ambas están un poco extrañas en estos días, no siquiera sé el motivo de por qué sucedió, no obstante, no hemos dejado de hablar como ayer que le conté de la cena con la familia de Tinita.

—La hemos pasado increíble —Admito recordando las risas y el buen rato en la mansión Jonshon—. Más por Randall con su amiguita.

—Me imagino.

—¿Cómo te fue a ti?

—Un sueño —Suelta un suspiro como de añoranza, desviando la mirada hacia un punto nulo—. Samuel Franck es alguien que quiero en mi vida, es... es único y... me gusta.

Abro los ojos como platos, impactada.

—¿Qué pasa con... tu novio? —Aclaro mi garganta, antes de decir eso último.

—Prefiero no hablar de eso. —Vuelve a suspirar y me mira sin ese rastro de felicidad.

¿Qué diablos le pasa?

—Lo siento.

—Nah, no te preocupes por eso —Sonríe a medias—. Mañana me regreso a España.

—Oh, bien —Carraspeo por segunda vez, sin saber qué decir respecto a eso—. ¿Cómo está Devine?

—Metida de lleno en el trabajo, lo sobrelleva como puede —Se alza de hombros, dudosa, y guarda silencio por unos instantes—. Bueno nada, me iré a preparar la maleta.

—Y yo a acostar a Randy.

—Buenas noches, Wanda.

—Buenas noches, Angie.

Cuando se marcha, cierro la puerta y regreso al dormitorio de y mi corazón se desboca ante el panorama ante mis ojos.

—Randy, ¿qué haces con eso?

Mi voz sale casi que histérica. Randy se olvidó por un momento de la película de Disney y en sus manos tiene una fotografía que creí perdida en la mudanza mucho antes del pequeño nacer.

—¿Quién es, tía? —Agita la fotografía en su mano y siento el sudor frío por todo mi cuerpo.

—Un amigo. —Respondo rápidamente, acercándome a él.

Tranquila, Wanda, es sólo un niño y entenderá que ese fue su tío antes de nacer, con el que apareces comiéndote la boca como si no hubiera un mañana, y que posiblemente, lo haya visto con Angie alguna vez… creo. Claro, eso si no usa su inteligencia infantil para ponerme contra la espada y la pared. ¡Diablos!

—Los amigos no se besan en los labios, yo no me beso en los labios con mi princesa Mérida. Somos muy pequeños, tía, pero ustedes son adultos —Me mira sonriente, ajeno a mi estado de colapso histérico próximamente—. ¿Es tu novio, tía?

Maldigo su inteligencia en estos momentos.

—Era. —Corrijo y me mira con los ojos bien abiertos.

Más bien… ex prometido.

Detalles.

Detalles que duelen, eso sí.

—Woah —Exclama, le echa un vistazo a la fotografía y me vuelve a mirar—. ¿Y dónde está mi tío?

—¿Tío? —Parpadeo incrédula.

—Si es tu novio es mi tío.

Joder, maldita inteligencia infantil.

—Ya no lo es.

—Igual lo fue —Se alza de hombros y guarda silencio—. ¿Lo quisiste mucho, tía?

—Sí —Frunzo el ceño y extiendo mi mano hacia él y me da la fotografía, la guardo en la gaveta abierta y al cerrarla, me volteo al niño—. A ver, jovencito, es hora de dormir.

—¿Puedo llamarle tío?

—No.

—¿Por qué?—Se queja, bajando de la cama—. No es como que él vaya a aparecer de pronto... ¿cierto?

Ladea su cabecita con confusión.

—No, no va a aparecer. Así que supongo que está bien que lo llames así —Resoplo rendida, sintiendo ya mi arrepentimiento de haberlo aceptado, rezando para que lo olvide en unos días—. Pero nada de decírselo a alguien más, nada de mencionarlo frente a nadie. Esto es entre tú y yo.

—Y mi tío.

Resoplo, negando.

—Tú y yo.

—Y mi tío —Repite, cruzándose de brazos—. Dijiste que no aparecería, así que puede ser entre los tres, tú y yo lo sabemos, pero él no.

Dudosa, lo miro antes de murmurar un «¿Vale?» sin saber cómo demonios interpretar su respuesta. Realmente me dejó… confundida.

—Arriba, a cepillarse los dientes y a dormir. —Le ordeno

Al verlo irse al baño, me siento en la cama y vuelvo a sacar de la gaveta la fotografía. La miro fijamente, llegando a una conclusión.

Necesito una buena noche de borrachera a ver si al menos lo olvido una poco. Y quizás, en la gala a la que fui invitada con Randy por los Jonshon, sea ese momento de borrachera qué espero. Claro, siempre y cuando no descuide mi atención de Randy, porque primero soy tía responsable antes que borracha con mal de amores.




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