Pasiones Prohibidas

Capítulo 37

Capítulo 37.

Tres semana más tarde...

Domenica Puentes:

Salgo del auto cerrando la puerta de un portazo algo fuerte sin darme cuenta, Brady me imita rápidamente.

Llegó el día. Finalmente estaríamos frente al juez. Durante todo este tiempo he estado preparándome para hoy, Brady ha sido un gran apoyo, me ha instruido bien, se ha quedado con Randy alguna veces por lo que he tenido momentos a solas para liberar todo el estrés acumulado. Hace tres semanas creí que lo mejor sería irme con Randall al apartamento de mi mejor amiga —la puse al tanto y aunque insistió en venir antes, le pedí que no lo hiciera hasta el juicio— la cual está manejando AkaLure Cosmetics desde la distancia sin problemas, lo cual agradezco.

Sin embargo, a los dos días regresé al apartamento de Brady sin más opción cuando trataron de asaltar la propiedad de Aka. No sé si fue a propósito de ellos, pero Brady quiso prevenir cualquier cosa dándonos hospedaje gratis, literalmente. No dejó que siquiera pagara un alquiler ni comprara una casa pequeña al menos. Desde entonces hemos estado los tres en su apartamento, con Holly viniendo de vez en cuando para ayudarme; esa mujer es increíble. Mis cosas más importantes y las de mi pequeño ya están conmigo; fue todo un caos según Brady, ya que él fue junto a Thiago —vino como refuerzo según mi abogado— a buscar nuestras cosas y Dylan se puso… loco.

Lo de la prueba de paternidad… —escalofrios me dan de solo pensarlo, en el buen sentido— aún no la hemos hecho. Demasiados enfrascados en el juicio y despejando la mente a ratos pasando estos con Randy nos ha hecho olvidar una cosa tan importante como esa.

«Hoy es el día.» Me repito nuevamente.

No puedo con los nervios, la ansiedad y el odio que me acompaña en este día, tengo ganas de partirle la mandarina en gajos a Leila y patear la entrepierna a Dylan. ¿Es mucho pedir?

Se siente si fuera ayer que decidí hacer la demanda.

La brisa es helada de esta mañana, admito que le da un aire al ambiente algo tenebroso, el día está gris, sin nubes ni nada. Parece un día de funeral. Siento la mano de Brady sobre mi hombro y de alguna manera, eso me reconforta.

—¿Lista?

—Nunca en la vida me he sentido tan impaciente. —Suspiro cerrando los ojos y asiento.

—Vamos a ganar, tranquila.

—Eso espero. Bueno, entremos ya —Me adelanto en caminar, pero el pelinegro me agarra de la muñeca y me hace voltearme a él—. ¿Qué ocurre?

—Necesito que me prometas algo, Mónica. —Me mira fijamente.

Trago grueso sintiendo un frío en mi estómago al escucharle pronunciar nuevamente mi verdadero nombre.

—Depende.

—Será difícil, pero es necesario. —Suspira.

—¿Qué cosa?

—No quiero que pierdas la calma allí dentro.

Sonrío más por los nervios que por cualquier otra cosa.

—No soy tan problemática, Brady.

—Sabes a lo que me refiero, lo hablamos. —Alza una ceja, sus ojos azules chispeantes de un rastro de diversión.

—Intentaré no lanzarme contra los culpables de la mayoría de mis desgracias cuando actúen como inocentes.

Porque ambos sabemos que lo hará.

—Bueno —Suelta mi mano, al darse cuenta que ya llevamos un tiempo conciderable en la misma posición y se dispone a ajustarse la corbata—. Hora de entrar.

**

Ya nos encontramos en el tribunal, posicionados cada uno en nuestros podios. Brady lleva puesta una bata negra encima del traje y se encuentra a mi lado, acomodando los papeles y su maletín de abogado. Del otro lado tengo a Thiago, una suerte quiero creer que lo dejaran estar. Mientras tanto, yo observo de reojo, a mi izquierda, a los asesinos.

Me pregunto cómo siendo tan doble caras, pueden estar así de serenos. Juro que provoca que me hierva la sangre.

—De pie todo el mundo —Un señor con otra bata negra, quien supongo que es el fiscal, nos habla parado frente al podio del juez—. Su señoría, el juez Armando Olivera.

Todos en la salas obedecemos, incluso los miembros del jurado, dándole paso a el juez, quien se posiciona frente a su silla, para antes de sentarse decir:

—Pueden sentarse.

Y todos obedecemos, sentándonos a la par suya. El hombre se pone sus lentes y coje los papeles que se encuentran sobre su mesa y comienza a hablar:

—En esta mañana, 17 de mayo del año 2020, a las 8:00 de la mañana, damos paso al caso de demanda por parte de la señora Domenica Puentes, por inscripción de nacimiento Mónica Evans. Y a los señores Leila Fakedoll y Dylan Bakir, bajo los cargos de homicidio. ¿Correcto?

—Sí, su señoría.

—Señora Leila Fakedoll, ¿se declara inocente o culpable bajo los cargos de autora intelectual del asesinato de la familia de la señora Mónica Evans?

—Inocente su señoría. —Responde poniéndose de pie y suelto una risita sarcástica por lo bajo.

—Es increíble hasta donde llega la falsedad de esta maldita. —Mascullo por lo bajo entre dientes.

—Lo sé, pero no digas nada —Sentí el susurro de Brady en mi oído y su mano colocándose sobre mi muslo, estremeciéndome—. Será más conveniente para nosotros, bonita.

Trago grueso y tenso la mandíbula. Ya no sé que me pone más nerviosa, su mano en mi muslo, su cercanía o su respiración en mi cuello.

Control, Mónica, este no es el momento ni el lugar.

—Puede sentarse —Pide el juez y mira a Dylan—. El otro demandado, por favor, levántese.

Se levanta, observándome de reojo con altanería.

Que ganas de golpearlo.

—Dylan Bakir, ¿acepta o desmiente los cargo de cómplice del homicidio de la familia de la señora Puentes?

—Los desmiento rotundamente, señoría, mi hermana y yo jamás seríamos capaz de eso.

—Sí, cómo no —Suelto con ironía y molestia para mí misma, aunque al parecer llamé un poco la atención ya que el juez me dió una fugaz mirada de interrogación, y Brady me hace un gesto para guardar silencio.

—Puede sentarse —Habla el juez y él obedece—. Bien, le concedo la palabra a los demandantes —Le hace un gesto para que se levante y el ojiazul a mi lado rápidamente lo hace—. Abogado Jones, por favor.




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