Pasiones Prohibidas

Capítulo 38

Capítulo 38.

Domenica Puentes:

—No me gusta que llores.

—Lo siento. —Sueno mi nariz con vergüenza extrema, con la servilleta que me dió.

Mi enojo con el mundo se ha esfumado, no obstante, lo sigo estando conmigo misma por haberme dejado provocar y estallar de aquella forma en el tribunal, para luego acabar en la prisión por algunas horas y una multa con una cantidad considerable.

A esa maldita no le bastó provocarme en el juicio, tuvo que hacerme explotar antes del juez salir. Supo tocar mis teclas delicadas para acabar como la víctima y yo la agresora frente a todos. He pasado una enorme vergüenza y posiblemente he perdido puntos a favor mío para la demanda.

Brady consiguió sacarme de la cárcel horas más tarde, y ahora acabamos de llegar a su apartamento. En todo el trayecto no he hablado hasta ahora, para disculparme por enésima vez entre lágrimas.

—Puedo imaginar como te sentiste, y aunque no te reprocho que te hayas defendido, debiste mantener la compostura.

—Lo sé, lo sé —Sollozo, las lágrimas vuelven a nublar mi vista y las retiro con la manga de mi abrigo—. Sé que la cagué y no tengo derecho a llorar ni sentirme como la mierda, porque yo solita me puse la soga al cuello.

—Tienes derecho a sentirte mal aunque te hayas equivocado, ¿de acuerdo? No te sabotees a ti misma así. No es sano y no lo permitiré.

—Pero…

—Todo irá bien, pero eso lo vemos después —desabrocha su cinturón de seguridad para bajarse rodear el auto y abrirme la puerta—. Vamos dentro, necesitas comer algo y descansar.

Desabrocha el mío y me ayuda a bajar, se cuelga el maletín y mi bolso en su hombro y me abraza de lado para guiarme hacia la entrada. Para cuando entramos al apartamento, las luces de abajo están apagadas por lo que Brady ilumina la parte de la sala, que da un poco hacia el comedor.

—Brady —se detiene al oírme cuando estaba a punto de dejar sobre el sofá los bolsos—. ¿Ellos… podrían hacerle algo a Randy?

Es mi mayor miedo ahora. Que por mi imprudencia algo hagan contra mi pequeño. Si algo le pasa y más si es mi culpa, no me lo perdonaré nunca.

—No pueden tocar al niño, mucho menos a ti y a mí. No les conviene ahora con el juicio pospuesto, además. No pienso permitir que eso ocurra.

—¿Y eso qué les importa? Si a Samuel lo silenciaron siendo abogado, ¿quién me asegura que a mi pequeño no le harán nada?

Está por hablar cuando me hace una señal de silencio y señala las escaleras. Los pasos de mi hijo escuchándose arriba.

—¿Mamá?

Seco rápidamente mis lágrimas con la tela del abrigo y finjo una sonrisa hacia mi pequeño que baja las escaleras con cuidado.

—Hola, mi amor.

Me agacho a su altura, envolviéndolo en un abrazo que necesitaba desde que salí en la mañana. Lo lleno de besos, sacándole risitas hasta que su expresión se vuelve seria y me preocupo.

—¿Por qué estabas llorando, mami?

Enmudezco al oírlo y sentir sus deditos rozando suavemente mis párpados. Mi bebé…

—A mamá le hicieron daño, por eso llora.

Miré al pelinegro alarmada, negando, pero el solo miraba a mi hijo mientras se acercaba, se agachó a su altura, justo a mi lado.

—Brady...

—¿Quién? —su gesto se transforma en completa molestia, mientras lo mira.

—La vida, Randy —Mi niño ladea su cabecita confundido mientras escucha a Brady—. La vida se empeña en hacerle mucho daño a mamá, pero ella es muy fuerte y valiente. Mamá puede contra la vida aunque la haga llorar. ¿A que sí?

—Sí, es cierto, mi mamá es mi súper heroína favorita —Me toma por sorpresa sus bracitos rodeando mi cuello en un abrazo y luego me besa la mejilla con ternura—. ¿Tú la defendiste?

Lo mira con los ojos entrecerrados, sin soltarme. Acaricio de arriba a bajo su espalda, queriendo que mi bebé se quede así por siempre. Joder, ya me pongo como cuando mi madre repetía entre lágrimas de nostalgia lo rápido que crecimos y que mis hermanos y yo, deberíamos habernos quedado siendo bebés.

—Aunque mamá se sabe súper defender —Brady me mira sonriente, mientras mi hijo de ríe por la elección de palabras—, sabe que siempre estaré para ella. Incluso para ti. Los defenderé de los villanos.

Mi hijo más feliz no puede estar. A Brady también lo agarra por sorpresa cuando lo abraza, dándole las gracias y el pelinegro no tarda en corresponderle. Mi corazón se derrite ante la imagen tan tierna que me brindan mis pelinegros.

—Nosotros vamos a cuidarte, mami —Mi bebé vuelve a abrazarme y mira de nuevo al pelinegro—. ¿Cierto, papá?

—Muy cierto, hijo.

Siento las lágrimas picar de fondo y la herida de mi alma escuece con los apelativos que ambos usan con naturalidad, como si de verdad lo fueran… maldita sea, debemos hacer esa prueba ya.

Es obvio el resultado, pero hay que hacerlo porque eso nos servirá para el tribunal, y por si a Dylan se le ocurre joderme con la custodia.

No me va a quitar a mi hijo.

—No estés triste, mami —Sus manitos van a mis mejillas húmedas y siento más ganas de llorar—. ¿Es por lo que te hizo la vida?

—Randy, mamá necesita comer algo y descansar para tener energía y enfrentar la vida después —Brady hace que se aparte de mí y lo carga justo cuando bosteza y frota sus ojitos—. Y tú también deberías dormir, campeón, es muy tarde para ti.

Me enderezo, sintiendo el entumecimiento de mis piernas.

—Yo no tengo sueño. —Se cruza de brazos, con los labios fruncido que terminan abriéndose para dejar escapar otro bostezo.

Sonrío.

Holly aparece en la sala, alegando que mi niño ha esperado por nosotros y no tuvo corazón para negarse. Nos escuchó llegar, pero no quería interrumpir y aprovechó para recoger el desorden de la habitación en la que mi hijo y yo dormidos aquí.

Mi bebé se niega a dormir, pero Brady lo convence y se lo lleva arriba en brazos hasta la habitación. Me quedo con Holly abajo para despedirla en la puerta y darle las gracias.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.