Pasiones Prohibidas

Capítulo 40

Capítulo 40.

Una semana para el juicio final…

Brady Jones:

No podía dejar mis responsabilidades en el bufete de lado. Debía mantener un equilibrio entre el trabajo en general y el caso de la demanda contra Bakir y Fakedoll. Tampoco quería dejar al niño y a Mónica en el apartamento para venir al bufete, con aquel par sueltos y sabiendo de antemano que no juegan limpio, y que le importan bien poco que estemos a mitad de juicio con tal de conseguir jodernos de nuevo…. No, no quería dejarlos solos en el apartamento. Pero Daniel Romanov me llamó; por más prioridad que le pusiera al caso de los Evans y teniendo el permiso del mismo director del bufete, mis “vacaciones” habían expirado.

No me puedo quejar, ha sido bastante condescendiente conmigo. Incluso hoy me dejará marcharme cerca de las once de la mañana para ir con Mónica y el niño a la evaluación psicológica de él. El juez ha sido notificado también de la agresión contra Randy por Dylan. Tomamos las evidencias principales y nos envió una citación con el psicólogo para el niño antes de proceder.

—Buenos días, señor Jones.

Asiento hacia la recepcionista, devolviéndole el saludo mientras me dirijo al despacho. Desde que Thiago se transfirió a Italia y Devine a Los Ángeles, mi lugar de trabajo se ha convertido en un espacio silencioso y formal. No me quejo de la profesionalidad de mis nuevos compañeros, pero cuando mis amigos estaban aquí al menos el trabajo se me hacía más amenos y menos aburrido.

Y es un hecho que extraño los chistes malos de Thiago, los favores de Samuel y los chismes de Devine. Independientemente de lo que ella le hizo a Allie, eso no quita que seamos amigos todavía. Y ahora con Allie viniendo y yendo de Francia a aquí, casi ni la veo.

Dejo el maletín sobre mi escritorio, notando la ausencia de mis compañeros y la presencia de sus cosas. Reviso lo que tengo programado para hoy mientras tomo asiento.

Me disocio a la cuarta línea.

Aflojando un poco mi corbata, agarro mi teléfono y entro al chat que tengo fijado de primero. Tecleo rápido un mensaje, esperando con impaciencia la respuesta.

No pasan dos minutos cuando recibo una foto adjuntada a la respuesta.

«Estamos bien. Desayunando.»

En efecto, la cámara enfoca al pequeño pelinegro bastante feliz mientras come sus tostadas con mantequilla. La siguiente foto que me envía es un selfie de ambos enseñando sus tostadas mientras sonríen a la cámara.

Sonrío sin darme cuenta al instante, mientras tecleo una respuesta.

«Estás guapa, bonita. Dile a Randy que al mediodía vamos a almorzar hamburguesas.»

Me manda el emoji que rueda los ojos y otro de sonrisa, seguido por otro mensaje:

«Debes dejar de consentirlo tanto, Brady.»

«Una vez por semana no hace daño, bonita. Y déjame consentirlo todo lo que quiera, por los casi siete años que no pude conocerlo.»

Esta vez tarda unos minutos en responderme por lo que asumo que está ocupada atendiendo a nuestro hijo.

Sí, nuestro hijo.

*Flashback*

—¿A dónde vamos?

Miro Randy, mientras Mónica le acomoda las correas de su pequeña mochila. Hoy, día veintidós de mayo, el niño volverá a la escuela porque el sistema así lo exigió.

A pesar de que el colegio había aceptado, de forma excepcional, que Randy estudiara desde casa mientras durara el proceso judicial, la reclamación de custodia de Dylan obligó a revisar la situación. Ahora, el juez ha determinado que debe asistir de manera presencial. Nos asegurarom que no debemos temer por su seguridad, que a los demandados se les vigila de cerca por las acusaciones en su contra y que hay guardias en el colegio.

Es jodido, pero no podemos hacer nada más.

—Vamos a una clínica, mi amor. —Mónica le responde, enderezándose.

—¿Para qué, mami? ¿Estás enferma?

Miro la confusión del niño con una pequeña sonrisa y los nervios en su punto. Hoy haremos esa prueba de paternidad antes de llevarlo a la escuela. La suerte es que trabajan los sábados y los resultados estarán en veinticuatro horas aproximadamente, o sea, mañana sábado.

—No, mi amor —Le sonríe—. Iremos para que Brady y tú se hagan un examen médico...

—¿Por qué? —La interrumpe, el azul de su mirada reflejando un miedo incipiente — ¿Me van a pinchar?

—No —Me apresuro en aclarar y me acerco a él—. ¿Recuerdas ese día en que dijiste que éramos gemelos?

Asiente dubitativo.

Me coloco a su altura, agachándome.

—Hoy iremos a comprobar esas coincidencias.

—Pero —frunce el ceño, mirando de su madre a mí—. Tú no eres hijo de mi mamá.

—Tienes razón, no podría serlo —me río; me ve una pequeña sonrisa—. Te prometo que no habrán agujas.

—¿De verdad?

Asiento.

De camino a la clínica, Randy se la pasa preguntándonos sobre ese examen médico que nos harán a los dos y eso de ser «gemelos». Mónica no le miente, pero tampoco se lo dice todo; con una simple respuesta de que sabremos en ese examen si «podríamos ser familia», le bastó al niño para guardar silencio y mirar un punto fijo, pensativo. Si fuera posible, podría estar viendo los engranajes de su cabecita procesar lo que le hemos dicho y atar los puntos.

Y lo hace.

—Tampoco puedes ser hermano de mi mamá porque mis tíos están en el cielo y se llaman Colin, Mason y Declan —murmura—. Entonces, ¿es algo así… como… mi papá?

La respiración se me atasca dejándome sentir los latidos desbocados en mis oídos. Siento la mirada de Mónica clavada en mí, pero no la miro. Lo bueno es que puedo mantener el autocontrol, pero de igual forma aflojo mi tensión y me concentro en no provocarnos un accidente. No pienso permitir que la historia se repita para ella.

—Independientemente de los resultados, Randy, seguiré siendo tu papá adoptivo —Aseguro, sintiendo un picor en mis ojos, pero lo ignoro—. Me adoptaste, ¿lo recuerdas? A menos que ya no quieras…

—¡Sí quiero!




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