Pasiones Prohibidas

Capítulo 39

Capítulo 39.

(Pasado) 10 años y 5 meses atrás...

Día del accidente…

28/12/2009

Narradora Anónima:

—¿Vamos a ver a Sarahí al trabajo? —Mónica mira a sus padres por el retrovisor desde los asiento traseros del auto— Por favor, quiero verla y además, tiene mi regalo y me entristece que no haya venido con nosotros a celebrar mi décimo octavo cumpleaños.

Colin Evans sonríe ante el entusiasmo de su hermana menor por ir a ver Sarahí; una de las tres mujeres que más amaba en su vida. Su madre, su hermana y su novia.

—Claro cariño, ni más faltaba —Megan Evans le dedicó una sonrisa a su hija—. Amor, cuando pasemos el puente, dobla a la derecha; es más corto por ahí.

Megan señala la carretera y Bryce Evans asiente en silencio, empezando a cruzar el puente.

—Aún sigo pensando que los padres de Sarahí son muy controladores. —Declan volvió a sacar sus teorías nuevamente, mientras que su hermano menor rodaba los ojos.

—Pero son buenas personas. —Colin replicó, defendiendo a sus suegros.

—Claro, lo dices porque son tus suegros y sabes que Roberto puede castrarte las pelotas si lastimas un solo cabello de su hija. —Mason suelta en burla.

—¿Aguantar las amenazas de tu suegro? —Le sigue Declan, silbando— Eso si es tener pelotas, hermanito... bueno, si es que no te dejan sin ellas al rato.

Todos se ríen.

—Cállense —Colin los mira fulminante para luego sonreír como idiota enamorado—. Yo nunca lastimaría a Sarahí.

—¡Papi, sube el volumen! —Ordenó feliz, Mónica, haciéndolos reír a todos.

Alegres, por la menor integrante de aquella familia cariñosa e increíble, comenzaron a cantar «El Verdadero Amor Perdona» de Maná a todo pulmón, acompañando a la cumpleañera.

Y sucedió entonces.... todo muy de prisa.

—¡Manos en sus cabezas! —Bryce alcanzó a gritar hacia su familia en un impulso cuando se percató de que los frenos no funcionaban y podrían tener un accidente en el puente de no parar. Tanto sus hijos, como él y su esposa, pusieron sus manos en la cabeza para evitar sufrir tantos daños.

Fue inevitable el choque contra la barandilla del puente, casi al otro extremo.

Cercas y ocultos, siendo espectadores en primera fila del accidente provocado, observaron los destrozos del vehículo y los gritos dentro de él.

«Ah, joder, esto se siente más que bien.» Pensaba la rubia con una sonrisa satisfactoria, viendo como el auto de los Evans se detuvo al borde del puente, como colgados.... un movimiento en falso y se caerían.

—Listo —él se acerca a la rubia, colgando una llamada—. El inhibidor de señal está activado, ya debe funcionar.

—Perfecto. ¿Cuánto tiempo?

—Media hora.

—El justo. —sonríe.

Dentro del vehículo que pronto se caería del puente y acabaría en el mar, los Evans se quejaban adoloridos por los daños sufridos. La voz de Maná terminó distorsionada hasta ya no escucharse.

—¿Todos bien? —Bryce Evans tosió un poco, tras preguntar, notó las malas miradas de sus hijos mayores, la de su mujer y la de una asustada Mónica, que no podía formular palabra alguna debido a la impresión— Bien, mala pregunta —Pasó saliva al mirar en la situación en la que se encontraban—. Tenemos que salir de aquí.

—Estamos colgando de un puente, Bryce. —Masculla Megan entre dientes, estática como todos, asustada y nerviosa, intentando mantener la calma.

—Debemos encontrar una forma de salir vivos de esto sin movernos —Murmura Bryce de vuelta—. Por ellos, Megan, por nuestros hijos.

Asintió y marcó a emergencias en su celular, pero la llamada se caía debido a la escasa señal. Intentaron por minutos, siendo vigilados de lejos por quienes menos esperaban.

—¡Lo tengo!

Casi veinte minutos después, Bryce consiguió mínimo una barra de cobertura y volvió a llamar a emergencias, siendo atendidos de inmediato por la operadora. Pero la situación se complicó aún más todavía cuando emergencias les dijo el tiempo que tardaría en llegar la ayuda por el diluvio de la tormenta del día anterior, por lo que los Evans recurrieron a salir por sus propios medios. Lo intentaron, mas no podían salir de allí porque las probabilidades de caer del puente eran altísimas si llegaban a moverse bruscamente.

Bryce Evans perdió la calma.

—¡Maldita sea! —Gritó Bryce sin moverse, su familia lo miró con miedo— ¡Familia, salimos de aquí porque salimos!

Necesitaba darle una esperanzas a su familia que él mismo no tenía.

—¡Papá, no creo que podamos aguantar a que llegue emergencias y nos saque de aquí! —Gritó Mason, se notaba la desesperación en su voz y mirada.

—Mucho menos podemos salir nosotros mismos —Declan murmuró, casi resignado—. Si nos movemos, nos jodimos porque no hay ni equipo de rescate para no dejarnos morir.

—Sí, sí que podemos, sólo no se muevan. —Dijo Megan en un intento de buscar positividad en medio de aquella situación, buscando de igual manera tranquilizar a todos y a sí misma.

—Cariño... —Llamó Megan a su hija que, poco a poco, comenzaba a cerrar los ojos y a oír las voces, de su familia, lejanas— Mónica, cariño, ¿me escuchas?

—¡Mónica! —Gritaron todos el nombre de las menor de los Evans cuando cayó inconsciente, temiendo por ella y la enorme cantidad de sangre que perdía, segundo tras segundo, por la herida en su abdomen.

—¿Hermanita? —Murmuró Colin y el auto se sacudió ligeramente ante su movimiento.

—¡Colin, por amor de Dios, no te muevas! —Declan exclamó enojado y asustado.

—Calmados todos, por favor —Dice Megan, negándose a soltar una lágrima porque entonces se derrumbaría y debía mantenerse fuerte para sus hijos y esposo, a pesar de que ella está igual o peor que ellos—. Buscaremos una solución y Mónica despertará —Miró a su esposo—. ¿Cariño?

—Estoy llamando a emergencias de nuevo. —Bryce respondió, mostrando su teléfono con mucha lentitud para no moverse, dejando ver en la pantalla como la llamada se caía por el inhibidor de señal que desconocían.




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