Al borde de la muerte, los sentimientos de Belanir ascienden hacia el abismo. Cada emoción que ha marcado la trayectoria de su existencia desata sus memorias capturadas. Las primeras en aparecer son las de su familia.
Ella se ve dando sus primeros pasos bajo un sol que ilumina su alegre rostro, donde su padre la alienta con las manos abiertas a que siga, listo para sostenerla en caso se tropiece. Luego está en los brazos de su madre, sintiendo el calor de su pecho y el suave balanceo mientras le canta una canción de cuna. Aquel mundo, pequeño pero seguro, fue el mejor de su niñez.
Los recuerdos avanzan.
Así sigue hasta que un día, cuando estaba practicando con armas de madera junto con otros niños, uno de sus maestros la interrumpe para darle malas noticias. Ella se mira, a la niña de once años y la expresión que hizo en el momento que le avisó de que sus padres habían fallecido. Ese día, entendió lo que la muerte es y lo que significa sufrir.
Más y más escenas del pasado brotan, siguiendo a una joven dispuesta a seguir adelante a como de lugar. Cada victoria junto con cada derrota, la llevan a convertirse a una mujer rígida, sin simpatía, sin remordimiento o compasión.
No tarda mucho para verse por primera vez compartiendo la cama con un hombre que apenas sabía su primer nombre. Es verdad que compartió momentos agradables con diferentes personas, pero en ninguna ocasión fue de un amor verdadero.
Los recuerdos se detienen y en qué refleja en su pasado, entiende que tal vez este es el fin de su camino. Debería estar triste o asustada, sin embargo, era todo lo contrario. Al aceptarlo, las memorias siguen para demostrarle el instante que tomó la vida de otra persona.
Su oponente y ella combatieron por varios minutos durante la guerra de las emperatrices, y solo por desesperación pudo sobresalir; sin embargo, al ver a la otra maga caer con la espada clavada en su estómago, pudo también ver su propio final, donde el tiempo la olvidaría. Ella no celebró ese momento o tampoco sintió lástima por su oponente.
A lo largo de su carrera militar, siguió en despojar a cientos de personas de sus sueños. En esos días dejó que su fortaleza dictara su destino, aceptando que en cualquier día iba a terminar como sus padres, pero cuando recibió un puesto entre las más cercanas guerreras de la emperatriz, su nombre llegó a conocerse.
Belanir la guerrera del norte, Belanir la guerrera de los cielos, Belanir la mujer de hielo, fueron algunos nombres que la gente le puso.
Después de una gran victoria contra Zyudax, se ganó el puesto de comandante con la promesa de convertirse en una reina.
Los años siguientes trajeron más fortuna, y la realización de que tal vez, al final, iba a poder encontrar la felicidad y cuando la Emperatriz le otorgó Laod como premio por su servicio, ella se sintió que lo había logrado. Hizo muchos planes, hizo muchos deseos, pero cuando llegó a su nuevo hogar, tuvo que tragar la amarga realidad de que nada es fácil.
Su vida hubiera continuado de la misma forma, hasta que el destino la trajo a las manos de un cambio total.
Sus sentimientos la trasladan a los meses pasados donde se ve al lado de Nevia. Ella ve cada momento, cada día de ese inolvidable mes junto con la persona que de verdad entregó su amor.
—¿Por qué?
La pregunta sin que sepa, atrae la atención del Sexto que había estado esperando todo este tiempo y antes de que la ataque, el Quinto lo detiene.
—No tengo nada sin ella —se dice en un tono vacío.
—Te equivocas. Nadie, no tiene nada —la voz de alguien la interrumpe.
En que intenta ver quién le respondió, ella aparece sentada en un banco de su campo de entrenamiento.
—¿Quién eres? —lo dice, deseando que eso fuera cierto—. La verdad es que estoy cansada; nadie me está esperando. Sería mejor dejar de existir.
—Aunque no lo creas, tus pasos han construido un largo camino hacia tu destino —explica la voz que toma forma al lado de Belanir, sentado como ella.
Ella voltea y ve al hombre que aparece a su lado, mirándola con cariño que la curva de sus labios y sus mejillas demuestran lo feliz que está.
—¿Mis pasos? —Repite fija en el joven que trae puesto una armadura bien gastada, y un cabello que, al igual que su cicatriz en el rostro, son los rasgos más prominentes. Cada flequillo lo tenía de tal forma que le recordaba a las alas de aves.
—Así es, tus pasos hacia tu destino. A veces la vida trae consigo una dura inclinación que te hace sufrir, y en otras, te deja correr en los más bellos campos. Esos pasos que dejamos atrás, los mejores, nos ayudan a seguir cuando más lo necesitemos. Si no dejas de tener esperanza, los sentimientos van a encontrar una forma de ayudarte. La verdad es que muchas personas te están esperando, en esta vida y las otras que vas a tener. Y eres una de las que va a poder llegar bien lejos, y ser una que ilumine el camino para muchos otros.
—¿Quién eres? —Belanir lo pregunta, queriendo que esto no sea más que otro sueño.
—Uno de muchos que tuvo la oportunidad de conocerte; mi valiente general y mi escudo… Yo soy…
Antes que pueda escuchar el nombre, ella había dejado de estar en peligro y el escenario se oscurece llevándose consigo a aquella persona y su respuesta.
Belanir trata de abrir los ojos que rápidamente se cierran por la intensa luz que la cubre. Poco a poco suelta parpadeos que acostumbran sus iris a aceptar los rayos del sol que se filtran por los vidrios y las cortinas. Toma un fuerte respiro que hincha su pecho para luego soltar un gran suspiro al darse cuenta que todavía estaba en el mundo de los vivos.
—¿Pasos hacia el destino?
Cuando lo dice, siente una cálida emoción que trae las distantes voces de varias personas. Intenta mantenerse quieta sin hacer ruido e intenta distinguir lo que decían. Cierra los ojos, y detiene incluso su respiración, y por un momento los escucha decir: te amo mamá, mi bella esposa, estoy orgulloso de ti, siempre vamos a estar juntos, Zachin…
Las voces desaparecen en el momento que la puerta se abre, donde un mago-guerrero entra para ver cómo se encuentra.
Belanir parpadea lentamente sin poder creer lo que pudo oír. Las voces eran de bastantes personas que parecían tener amor hacia ella. Y ahora que se fueron, no puede evitar pensar que fue su imaginación o el producto de las drogas.
—¿Cómo se siente mi reina? —pregunta el mago que se postra ante ella.
—Mucho mejor. ¿Qué ha pasado?
Su guardián le cuenta lo sucedido, explicando que después de reunir a todos los sirvientes, la asesina había desaparecido junto con su familia. Por cuatro días la buscaron y en el quinto, la encontraron refugiada en la frontera con “Leiq”. Sin muchas alternativas, ella decidió pelear hasta el final donde su guerrero toma una pausa para disculparse por no haberla capturado y extraerle todo lo que sabía. También le dice que pudieron encontrar a su esposo y su hijo que no se hallaban muy lejos.
—¿Qué deseas hacer con ellos? —Su mago no tenía dudas de que el hombre debía saber algo, pero la cuestión era qué hacer con el bebé. Muchas otras reinas tomarían la decisión de matarlos a ambos para que nadie más se atreviera a intentar lo mismo.
Por su parte, Belanir entendía muy bien lo que tenía que hacer. Estaba por instruir su decisión, cuando su vista se mueve hacia la ventana donde un objeto había caído. No pensaba ver a un animal como él, porque se trataba de nada menos que la ardilla llamada Nube.
—¿Entonces, mi reina? ¿Cuál es su decisión?
Con el cuerpo todavía adolorido tanto como su espíritu y su corazón, le pide que le dé tiempo para decidir. Este antes de irse, le asegura que desde hoy, sus platos van a ser inspeccionados por él mismo y lo que ha ocurrido nunca más va a suceder.
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