Pasos hacia el Destino

Capítulo 138, Un baño de agua fría

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Hoy es otro día más en el Valle de las Fresas y por ser un domingo, Liyul prepara el agua de baño. Se la puede ver mover sus caderas de un lado a otro al verter el agua, mientras tararea la melodía de su desfile.
Cuando la tina se llena, se endereza y, con un movimiento de piernas, se desliza por el suelo para dar una pirueta. Su voz toma nuevos tonos, girando una y otra vez con la manos elevadas, llenando el cuarto de su alegría. Está a punto de dar otro salto cuando unas miradas desde la ventana la detienen.
—Eali… Melenas, ¿qué hacen de regreso tan temprano? —Su vestido apenas logra ocultar el rubor que tiñe su piel.
—¿Por qué te detienes? Lo estábamos disfrutando, ¿no es así? —responde Eali, volviéndose hacia Melenas, quien rebuzna y asiente con un movimiento de cabeza.

Liyul se acerca a la ventana y, antes de cerrarla, le informa que la tina está lista.

Antes de tomar su baño, Eali lleva a Melenas al corral para que se entretenga con los otros caballos del pueblo. Al entrar en la casa, espera encontrar a Liyul, pero al no verla supone que se ha retirado a su habitación. Avanza hacia el pequeño cuarto y encuentra la tina rebosante de agua cristalina. A un lado reposan jabones aromáticos, lociones, aceites para el cabello y una bandeja con bebidas y postres. Para iluminar aún más el espacio, descorre las cortinas de las ventanas para que brille como si estuviera al aire libre.
Comienza a desvestirse. Primero se quita la camisa, deslizando los brazos afuera de las mangas; luego baja los pantalones de sudor por sus piernas y, por último, se deshace de la trusa, sustituyéndola por una toalla. Ansioso por sentir el agua, se apresura y mete una pata en la tina; el frío lo hace soltar un chillido. Sin embargo, se sumerge por completo, dejando que el resto de su cuerpo se acostumbre poco a poco. No pasa ni un minuto antes de que una sensación de alivio lo envuelva.

Mirando que escoger en la bandeja, toma el jugo de fresas y un trozo de pastel. Como siempre, sus ojos se abren de puro deleite ante lo exquisito de su sabor.

Al terminar, se hunde un poco más en el agua, dejando solo el rostro expuesto al aire tibio que lo envuelve y lo arrastra hacia un profundo relajo. Se cubre la cara con la otra toalla y deja escapar suspiros largos, pesados, completamente rendidos al descanso.
Está por alcanzar otro bocado cuando la puerta cruje por solo un segundo, al no escucharlo mas, decide no prestarle atención. Toma un pastelito y, en cuanto lo termina, estira la mano en busca de otro. Sus dedos rozan cucharas, vasos, un par de tenedores, pero no su objetivo. Frunce levemente el ceño y, al apartar la toalla y girar la cabeza, se queda inmóvil.
Liyul está a su lado, totalmente desnuda. Ambos se observan sin pestañear o desviar la mirada.
La brisa que se cuela por la ventana agita las cortinas y hace danzar el cabello de Liyul sobre su cuerpo. La luz del sol se intensifica, derramándose sobre su piel de perla hasta casi deslumbrar a Eali.
Ella baja la vista hacia la bandeja, toma uno de los postres y lo lleva hasta los labios de él. Eali, incapaz de contenerse, deja caer la mirada por su cuerpo, deteniéndose en sus pezones rosados, que le resultan mucho más tentadores que cualquier dulce.
—Abre la boca —pide Liyul.
Obedeciendo, ella introduce el postre en la boca de Eali, rozando sus labios con sus índices.
—¿Qué haces aquí? —pregunta él, observándola cómo ella se chupa la crema de sus dedos.
—Vine a lavarte la espalda.
Acabando el bocado, Eali es obligado a girarse en el momento que Liyul se pone de pie. En vez de protestar o hacer una excusa, se inclina hacia adelante y siente cómo Liyul entra en la tina, su piel deslizándose contra la suya, su cabello rozándole la espalda como una caricia constante. La tensión lo invade, dejándolo rígido, pero no se resiste; permite que ella haga lo que quiera.
Las manos de Liyul se posan en sus hombros y descienden con intención por su cuello, acariciando sus oídos para dirigirse hacia su pecho.
—Estás tenso —lo comenta a través de su tímpano izquierdo con los labios húmedos, antes de comenzar a masajear su espalda—. Avísame si no lo estoy haciendo bien.
No tarda en relajarse otra vez. Los movimientos suaves y precisos recorren su lomo, como si ella conociera exactamente los puntos donde el placer residen en su cuerpo. Sus manos terminan en atraparlo, en hechizan.
—¿Se siente rico?
—Sí.

Mientras continúa dándole el masaje, Liyul acompaña cada movimiento con una suave canción, depositando en cada nota su cariño.

Cuando termina, guía a Eali a que se recueste sobre su pecho.
—¿Por qué entrenas todos los días? —su voz busca comprender la razón, mientras comienza a acariciar su cabello.
Eali se toma un momento.
—Porque siento que… lo voy a necesitar —dice al fin—. En un mundo de magia, lleno de guerreros poderosos, correr me permite soñar con lo imposible.
La respuesta la hace detenerse.
—¿Qué clase de sueños?
—Vivir contigo por siempre. Viajar por las estrellas y visitar los lugares más hermosos a tu lado.
Ella entrelaza los brazos alrededor de su cuello.
—Yo también lo deseo. Quiero ir contigo a esos lugares.
Incapaz de resistirse mas, Eali se dobla para contemplar el bello rostro de Liyul. La superficie del agua refleja destellos de luz que iluminan sus ojos azules y delinean sus labios, atrayéndolo hasta besarlos. Permanecen así, unidos, sintiendo la frescura del agua mezclarse con el calor del día y la suavidad de sus cuerpos disfrutando el contacto.
Él se aparta apenas un instante y comienza a besarle el cuello, primero un lado, luego el otro. Liyul cierra los ojos, entregándose al momento. Las manos de Eali recorren su cuerpo con lentitud, descendiendo por sus costados hasta sus piernas, evitando su más íntimo.




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