En los primeros minutos de la batalla, ambas armadas se disparan con sus enormes cañones. Desde la ciudad, la gente observa cómo la imponente nave imperial, “Ostrala”, midiendo mil metros, hace estallar el cielo con su bombardeo de quinientos disparos contra las fuerzas de la usurpadora.
El cielo se llena con la lluvia de rayos.
Ambos bandos emplean barreras mágicas para proteger sus naves, mientras adentro, cientos de magos aguardan su turno. Permanecen frente a las compuertas, tensos, expectantes, sabiendo que en cualquier momento se abrirán. Cada uno se hace los últimos toques, asegurándose de que cada pieza de su armadura esté firme y de que sus armas, afiladas, canalicen con eficacia sus poderes. De pronto, con un chirrío metálico, las puertas se abren, revelando el caos exterior: explosiones que hacen vibrar hasta el aire, habían calentado el ambiente
—Nuestro destino es Angloria —confirma la capitán maga de Xhaln que tiene que alzar la voz sobre el estruendoso ruido—. Nosotros somos los magos más fuertes y es hora de demostrarlo. ¡Por nuestra emperatriz!
Su tropa, compuesta por ciento cincuenta magos y magas, responde con gritos de victoria.
Con una fuerza de aproximadamente diez mil magos, Xhaln lanza su primera ofensiva. Cientos de compuertas se abren a lo largo de las naves imperiales. Los magos permanecen listos, escuchando cómo las barreras chisporrotean bajo la presión de las explosiones. Entonces, una luz proveniente de Ostrala indica el ataque.
Semejante a un enjambre de avispas, los magos emergen de las naves y se lanzan para atacar.
Al ser informada de la ola de magos que se aproxima, Ríos escucha cómo su segundo general le asegura que sus propias fuerzas podrán detenerlos. Ella se limita a oírlo en silencio, sin ofrecer respuesta, permitiéndole asumir el control táctico de la batalla.
En respuesta, sus naves empiezan a reorganizarse en bloques compactos para reforzar su defensa. Al mismo tiempo, despliegan cinco mil magos que se elevan para interceptar al enemigo.
Los magos imperiales, con sus armaduras brillando, es recibida por miles de rayos. Por un instante, parece que están al borde de ser aniquilados; sin embargo, los magos encargados de su protección alzan barreras que logran protegerlos contra los primeros ataques. En seguida se dispersan y aunque varios mueren en los primeros segundos, ellos no se detienen.
Mientras tanto, en el interior de su cámara, Olyudax se prepara. Sus sirvientas la visten con su armadura. Su imponente cuerpo, de seis pies y ocho pulgadas, queda cubierto por placas doradas. Cada pieza es colocada con precisión, sin dejar el más mínimo punto vulnerable. En lugar de sujetarse con ganchos o correas, estas son soldadas con magia para darle el aspecto de convertirse en parte de su ella misma.
Cuando terminan, Olyudax no se asemejaba a cualquier otra guerrera, sino parecía haber sido escogida por la mismísima Diosa.
Ya en la sala de mando, sus dos generales le informan que el primer asalto ha comenzado y pronto confirmarán si la usurpadora de verdad se encuentra en su nave. La emperatriz pregunta cuánto tardarán. Su tercera general responde que no mucho; en cuanto la localicen, darán la señal.
Por ahora, Olyudax debe esperar. No hay certeza de que su enemiga esté allí; podría tratarse de una trampa. Aún se desconoce si la radiación que emite aquella arma posee la fuerza suficiente para afectarla. Frente a un espejo, se puede apreciar la batalla a lo lejos. Sus dedos se cierran en un puño, decidida a terminar la guerra hoy.
En el cielo, los diez mil magos imperiales chocan contra los cinco mil defensores en un enfrentamiento brutal. Rayos, truenos y bolas de fuego cruzan el aire en todas direcciones, iluminando el campo de batalla con destellos constantes. En medio del caos, los ciento cincuenta guerreros de élite logran atravesar la línea enemiga y avanzan hacia Angloria, donde uno de los generales de Ríos los esperaba con sus cincuenta magos.
Ignorándolo atacan la nave, y sin poder creerlo, después que el humo se retira, este había sido capaz de protegerla. Con gritos, ambos bandos se chocan.
—te ves preocupada —informa Prorian que prosigue a sentarse al lado de Ríos.
Ella tiene todo en contra. el ejercito de Olyudax es dos veces mas grande, con magos que posiblemente son superiores a los suyos, incluso, no cree poder vencerla una contra una. lo único que posee por encima de su oponente, es alguien especial que un día le ofreció su servicio a cambio de algo simple; el reconocimiento de su gente. Se pregunta cuanto mas van a tener que aguantar hasta su llegada.
Al ver que su general no iba a ser suficiente, decide salir a enfrentarlos.
—sí estoy preocupada —admite Ríos en voz baja que se levanta de su asiento—. No porque no tengamos posibilidad de ganar, sino por no ser capaces de resistir lo suficiente hasta su llegada.
Voltea hacia el tablero de comunicación donde todavía su operador seguía esperando.
—voy a pelear; le vamos a dar todo el tiempo que podamos.
Prorian, no imaginaba que una hija del universo pudiera confiarle tanto a un humano.
Lejos de la batalla, una flota se aproxima a toda velocidad. Aun cuando su nave había sufrido bastante daño, el XianFún se mantenía lo suficientemente fuerte para enfrentarse a una emperatriz. De pie, con vista al sur, el señor de los dragones, fumando su siguiente cigarro, se pone a visualizar las docenas de tácticas que va a tener que emplear en la próxima batalla.
***
Es mediodía y, después de cocinar, Liyul se encuentra en la recámara de Eali, quien está por llegar en cualquier momento. Solo lleva puesto su sostén y su braga, ambos de color blanco. Ha esperado este día durante mucho tiempo, y ahora que por fin esta por llegar, no puede evitar sentirse nerviosa. Se acaricia el brazo, deslizando la palma para sentir la piel erizada, mientras intenta controlar la tensión que recorre su cuerpo.
Cree escuchar la puerta. Se gira de inmediato, pero al ver que nadie entra, suelta un suspiro y vuelve a su lugar.
—Cálmate —se dice en voz baja.
Para distraerse, deja que su mirada recorra la habitación: la mesa, la silla junto a la pared, los cuadros de caballos y la cama, que luce amplia y cómoda. Un nuevo sonido la hace voltear otra vez, casi por reflejo, pero al no ver a nadie, regresa a su posición con una leve exhalación.
Baja la vista hacia su pecho y acomoda su sostén; luego alisa la tela de su braga, eliminando cualquier arruga. Se pregunta cuánto tiempo tomará todo. Ha escuchado que puede durar unos minutos o más de media hora. Sabe que es la primera vez para Eali, así que supone que él se tomará su tiempo, asegurándose de hacer bien las cosas.
En el fondo, espera que ambos queden satisfechos con el resultado.
Está a punto de perderse en sus pensamientos cuando la puerta finalmente se abre. Los pasos resuenan en el suelo hasta detenerse justo detrás de ella.
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