Pasos hacia el Destino

Capítulo 141, De balas a zapatillas

·········⋆ 𓆩༶𓆪 ⋆·········

En rumbo hacia Aldiola, la flota de dragones entra a su peligroso territorio. La tensión marcada en los rostros de los humanos del XianFún, junto con la de los magos, revela lo mismo que siente el resto de la armada. Aunque mantienen su fe en su general, muchos dudan de sus propias capacidades.

Una y otra vez lo han escuchado dedicarles palabras de aliento, discursos donde describe las habilidades innatas de los humanos. Les habló de cómo, incluso sin magia, ellos poseen el impulso de sobresalir, de alcanzar los sueños y superar las adversidades. En que cumplen con sus labores, lo único que esperan es hacer su deber sin decepcionar a la persona que tanto los inspira.

Adentro de su cabina, Lonka permanece sentado frente al escritorio, revisando los nombres de cada persona caída bajo su mando. El total asciende a ciento setenta: ciento veintiséis humanos y cuarenta y cuatro magos. Cierra los ojos y les agradece por su sacrificio.

Después dirige el rostro hacia la caja de puros y, a un lado, a la fotografía de su esposa sosteniendo a su hija cuando aún era un bebé. Ambos objetos representan lo que él es.

Él y su esposa provienen del mismo pueblo en las tierras de Pekash, uno de los lugares más pobres de Xhaln, cuya economía todavía depende de la extracción de minerales. La mayoría de su gente trabaja hasta desplomarse de agotamiento y, de no haber sido por su tío, Lonka habría terminado en el negocio de su padre.
Un día, a los seis años, un primo de su padre vino a visitarlos. Tanto él como su hermano quedaron impactados al descubrir que uno de sus familiares se veía tan distinto que ellos. Sus ojos se parecían a los suyos, uno de los rasgos de los que los otros niños se burlaban, pero su piel era mucho más clara, igual a la de las fotografías de su abuelo. Incluso su cabello le parecía extraño al verlo en alguien tan cercano.

Aquel hombre permaneció con ellos durante varios días. En cada ocasión, les contó a su hermano y a él sobre las maravillas de su país y de el continente de Nushén. Les relató la historia de su familia, de cómo uno de los hijos de su abuelo decidió emprender un viaje hacia Astra y, después de encontrar un lugar en uno de sus países, formó su propia familia. También les explicó que en Nushén han surgido grandes cambios, donde cada vez más humanos asisten a escuelas militares.

Cuando llegó el día de la partida de su tío, sus padres lo llevaron aparte para hablar en privado. La tensión en el cuarto bastó para que entendiera que algo importante iba a ocurrir. La verdadera razón de aquella visita era la carta que había recibido. Su padre le escribió de lo inteligente que él es y de la facilidad con la que memoriza las cosas.

Al principio, esos elogios lo hicieron sentirse especial. Nunca imaginó que, años después, terminaría odiando precisamente aquello que lo separaba del resto. Su madre, con tristeza, lo mantuvo sentado sobre sus piernas mientras su padre continúa para avisarle que, desde ese día en adelante, vivirá con su tío en el continente de Nushén.

Todo eso ocurrió hace tanto tiempo que casi parece haberle sucedido a otra persona. Una parte de él se siente agradecida por la oportunidad que su tío le dio; la otra, la que habría querido disfrutar de su infancia junto a sus padres, deseaba retroceder el tiempo y cambiar las cosas. Pero no era más que caprichos de un niño que ya no existe.
Después de 15 años en el extranjero, regresó a Pekash, descubriendo que nada había cambiado. Durante los primeros años, impulsado por la ingenuidad y el entusiasmo de su educación, levantó negocios para industrializar su país. No fue nada sencillo, aunque la corrupción pudo abrirle algunas puertas.

Poco a poco, las cosas empezaron a tomar la forma de su visión y su pueblo consiguió sobresalir. En medio de ese proceso, se casó con la niña que conoció en su infancia y tuvieron a su primera hija. Años más tarde la segunda.

A los treinta y dos años fundó una empresa dedicada a la construcción de barcos aéreos. Gracias a su educación de ingeniería y junto con otros pioneros humanos, diseñó modelos capaces de competir con los de cualquier nación.

Nunca imaginó que terminaría creando el primer barco construido por humanos, que en realidad contó con la ayuda de muchos magos. Para él ese día debió ser un momento monumental para Xhaln que, pese a sus logros, jamás lo vio como algo más que un simple humano. Todo cambió cuando otra persona apareció en su vida y, al igual que su tío años atrás, transformó por completo su destino.

Antes de salir del cuarto, observa el retrato de su esposa, esperándolo en casa, y el de la hija que decidió acompañarlo. En silencio les promete que hará lo posible por cambiar la vida de los humanos. Luego toma un puro, símbolo de la madurez que ha alcanzado con los años y de lo que muchos interpretan ser su temible tranquilidad.

A unas cien millas de distancia, por los cielos, un par de jinetes montados sobre un dragón detectan la flota enemiga. El vigía alerta a su compañero y, al entrarse más adentro, lo confirman; cientos de barcos.

De inmediato, varios magos salen para interceptarlos.

El conductor inclina al dragón hacia abajo en un intento por ganar velocidad. Ambos aprietan con fuerza los reforzadores de sus asientos cuando la criatura supera las setenta millas por hora. El rugido del viento golpea cada fibra de sus trajes. En cuestión de segundos alcanzan la velocidad suficiente para intentar regresar al barco explorador.
A ochenta millas por hora, tres magos de la docena logran mantenerse detrás del dragón. No pasa mucho tiempo para que los proyectiles atraviesen sus lados.
El conductor le hace una seña al vigía para que use el arma, aunque disparar a semejante velocidad resulte casi imposible. Usando toda su fuerza, la mujer se aferra a las barras del asiento. Dobla una rodilla y libera el gancho que mantiene fijo el soporte. Lentamente, el asiento se gira hacia la derecha hasta dejarla mirando directamente hacia los magos que los persiguen.
Después asegura más correas alrededor de su torso para resistir el viento brutal que intenta arrancarla de su sitio. Con el limitado campo de visión que le ofrece el casco, se ve obligada a doblar el cuello por completo para encontrar el arma a su izquierda y sacarla de su cavidad metálica. Ajusta otra serie de correas y, una vez el arma queda firme entre sus manos, comienza a cargarla con balas que extrae de su chaqueta.
La primera bala que dispara termina perdiéndose en el cielo debido a la brusca maniobra que el dragón realiza para esquivar los disparos que pasan peligrosamente cerca.
Esta vez acerca mejor el rifle y apoya la culata contra su pecho. El arma es mucho más letal que las convencionales, pero también considerablemente más pesada. Lleva apenas unos segundos sosteniéndola y sus brazos ya comienzan a resentirse. Apunta al mago más cercano y aprieta el gatillo, pero falla el disparo, algo que la llena de frustración.
Con la adrenalina recorriéndole el cuerpo y el corazón en la garganta, vuelve a apuntar. Entonces uno de los magos alcanza el ala del dragón. La criatura suelta un rugido cargado de dolor y su velocidad disminuye. Ese breve instante le da la oportunidad de disparar otra vez. La bala impacta contra el casco del mago que acaba de herir a su compañera.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.