Pasos hacia el Destino

Capítulo 142, Amigo

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Cloí se mantiene concentrada en su trabajo, fija en la pantalla de comunicación que, por el momento, no ofrece cambios. Pero cede, girando sus ojos hacia la tormenta que los espera; literalmente. Junto a Yizé, su padre y el resto del comando del XianFún, contempla la aterradora oscuridad que avanza sobre el horizonte.

Desde las ventanas de los doscientos sesenta barcos-dragones, la tripulación entera se reúne para observar el poder de los magos.

Apenas son las cinco de la tarde y el cielo ya se transforma en una masa negra y espesa, surcada por destellos calmados que prometen envolverlos con relámpagos. El general de los dragones mantiene cada emoción bajo control frente a lo que podría convertirse en el mayor avance de la humanidad en el continente de Astra o en la destrucción de la única armada compuesta, en un ochenta por ciento, por personas incapaces de usar magia.
Le ha tomado varios meses enseñar a sus comandantes las maniobras necesarias para contrarrestar cualquier contingencia que los magos puedan lanzarles. Y mucho más tiempo, en secretos entrenamientos. De los doce comandantes a cargo de su flota, la mitad proviene de Nushén. Voluntarios que, al igual que él, desean impulsar a la raza humana hacia adelante.
Uno de ellos es su viejo amigo “Hao Chen”, uno de los mejores estudiantes que la academia pudo producir. Para su sorpresa, trajo consigo a su hijo, decidido a marcar la diferencia. En hombres como ellos descansa gran parte de su esperanza.
Gracias al sacrificio de la nave exploradora, pudo dirigir la armada hacia una ruta favorable, una que les ofrece cierta protección contra posibles emboscadas terrestres si se ven obligados a descender en altitud. También, por la distancia, el ataque va a venir desde una sola dirección: el norte, aunque sabe que en el campo de batalla ninguna estrategia es garantizada.
Los magos poseen la capacidad de transportar tropas a distintos puntos, pero no con la rapidez suficiente para alterar el curso de la batalla durante las primeras horas del enfrentamiento. Aun así, los escenarios que cruzan su mente, son inquietantes. Un mago de guerra puede eliminar a docenas de humanos con tremenda eficacia. Sus armaduras son prácticamente indestructibles siempre y cuando sus energías permanezcan estables. A eso se suma su velocidad aterradora y la fuerza que poseen; él mismo los ha visto levantar hasta cinco toneladas.
Sin apartar la vista de la tormenta que comienza a rodearlos, continúa reflexionando sobre la inmensa desventaja que tienen. Los magos siguen progresando, mientras los humanos permanecen estancados. Los ha escuchado hablar sobre el futuro, donde después de conquistar los cielos, se han puesto a mirar más lejos; las estrellas y el infinito mismo.
La tecnología es impulsada por esa ambición, y él no duda de que algún día lo conseguirán. Entonces surge la verdadera pregunta: ¿cuál es el lugar de los humanos? ¿Aceptar que son inferiores y dejar de soñar? ¿Dejar de decirles a sus hijos que los humanos son especiales, y que sus virtudes nacen de simples ilusiones? Pero sabe que jamás podrá aceptarlo.
No tiene pruebas concretas, es cierto. Sin embargo, en breves instantes, alcanza a sentir una conexión con todas las cosas. Ha visto el empeño que las personas depositan en su trabajo, momentos en los que casi parece salir de algo oculto.
Para él, no hay nada malo en ser humano, siempre y cuando nunca olviden que, para alcanzar a los magos, tendrán que esforzarse el doble o incluso el triple. Es un desafío y uno que deben aceptar. Desde un ama de casa intentando preparar la mejor comida para su familia, hasta el científico que sacrifica incontables noches en sus investigaciones, no puede evitar sentirse orgulloso de pertenecer a esa raza y de aquel espíritu que habita en sus corazones. Y hoy va a enfrentarse a un enemigo que se ha visto obligado a mirarlo no como a un ser inferior, sino como una amenaza.

Muerde el puro con la curva de su alegre mueca.

En cada uno de los dragones-buque, magos y humanos se preparan para el combate. Las secciones más importantes de las naves quedan aseguradas tras pesadas puertas de acero, reforzadas por soldados armados con rifles, atentos y listos para llenar el aire de disparos.

Los enormes motores no dejan de rugir bajo la supervisión de los jefes ingenieros y sus equipos, quienes controlan constantemente que los cristales mágicos se mantengan en niveles óptimos. En los compartimentos más amplios, decenas de dragones y sus jinetes están listos para participar en la batalla.

Nadie sabe en qué momento el enemigo lanzará el ataque y, antes de que el terror termine por quebrarles el ánimo, una voz resuena a través de toda la armada.
—Pronto nos enfrentaremos a la flota imperial, bajo el mando de la general “Saldra Yalos”. Para vencerla a ella y a sus fuerzas, tendremos que luchar no solo contra ellos, sino también contra nuestros propios miedos y dudas. Ustedes… y yo… no solo tenemos una oportunidad; tenemos la capacidad y el corazón para derrotarlos. Juntos, hombres y mujeres, humanos, magos e incluso los pocos demonios que nos acompañan, somos más fuertes que cualquier flota incapaz de comprender lo más importante: la hermandad. Esa conexión que nos convierte en una familia. Para mí, eso no es un simple concepto. Confío en ustedes y sé que darán el doscientos por ciento de lo que son capaces de ofrecer. En la historia de Astra, seremos la primera armada unida por distintas razas capaz de cambiar el destino del continente.

Cuando el discurso termina, el XianFún estalla en vítores que rápidamente se expanden por el resto de la flota de dragones. Los gritos, los golpes de armas y el rugido de los motores se mezclan en una sola ola de energía que atraviesa los cielos oscuros.

Cloí y Yizé se miran por un instante antes de volver la vista hacia el hombre que regresa tranquilamente a su asiento para tomar otro cigarro.
El Señor de los Dragones luce completamente preparado para la batalla. Sus ojos permanecen fijos sobre la tabla táctica que el mago-director proyecta en un gran espejo suspendido en el centro de mando. En aquella superficie brillante, la flota completa aparece representada con precisión: los doscientos sesenta buques se desplazan juntos en una formación rectangular.




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