Pasos hacia el Destino

Capítulo 145, Limite de los guerreros

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Saldrá Yalos es obligada a contemplar cómo la escuadra que se suponía les iba a cortar el paso, es atacada por la retaguardia. Ha tratado de mantener sus fuerzas dispersas por temor al arma que poseen, por esa razón mandó un quince por ciento de sus fuerzas a obstruirlos, para que el resto pudieran rodearlos; jamás imaginó que contaran con una nueva clase de propulsión, mucho menos que la emplearan en su contra con semejante eficacia.

Decide que ha llegado el momento de enfrentarlos directamente; va a confiar en el poder de sus magos.

La armada de Phong alcanza a las sesenta naves imperiales que hacen lo que pueden por dispersarse. Se organizan en bloques para resistir los cañonazos. Aun así, un buque de esos grupos, estalla cuando múltiples proyectiles perforan el casco y alcanzan el núcleo de su motor. La detonación siembra el pánico en el resto que se ponen a romper la formación.

Bajo los destellos de fuego, numerosos buques imperiales caen.

El XianFún termina destruyendo tres buques, elevando la cifra de pérdida del oponente a los veintitrés. Los restantes barcos abandonan la zona de combate envueltos en humo. Por su parte, Phong no ha perdido una sola nave; únicamente leves daños en una que otra nave que se colocan atrás de la armada para ser reparadas. Prosigue a dar las instrucciones a reorganizarse, porque sabe que la paciencia de Yalos debe haberse agotado. También da la orden de preparar las armas.

Las más de trescientas naves de Yalos ascienden y, con miles de magos rodeando cada embarcación, se preparan para un gran ataque.

Phong entiende que el arma no podrá detenerlos a todos, pero si consiguen neutralizar el treinta por ciento de las fuerzas imperiales, quizá puedan ganar sin muchas pérdidas. Según sus cálculos, aun cuando todo salga bien, su armada podría recibir la baja del diez por ciento.

Las alarmas ponen en alerta a cada uno de sus combatientes. Las compuertas, ya abiertas, permiten a los tres mil dragones de los más de doscientos barcos ver el descenso del enemigo.

Jidka y sus compañeros esperan adentro del búnker. Gracias a los arneses, permanecen en sus posiciones cuando la nave se inclina hacia la inmensa flota imperial que cae desde arriba. No será fácil, pero confía de que su general es capaz de conducirlos a la victoria.

En el espejo estratégico del XianFún se distinguen las trescientas naves descendiendo junto a incontables magos que las acompañan. Todo indica que pretenden cerrar la distancia para librar un combate cercano. Phong está a punto de ordenar el disparo de las armas, con la esperanza de que su poder sea suficiente. Cuando finalmente alcanzan la distancia adecuada, da la orden.

Cada barco dragón dispara sus salvos al mismo tiempo, creando una inmensa lluvia de fuego que se eleva hacia el enemigo.

Al contemplar aquella descarga, Yalos ordena que los cazadores equipados con las defensas más resistentes absorban el ataque. Las naves se precipitan como escudos. Veinte cazadores reciben los ataques, y la tripulación a bordo sufre las consecuencias de inmediato, aunque no lo suficiente como para frenarlos.

Uno de los cazadores explota tras soportar una cantidad excesiva de impactos. El poder de los cristales de otro cazador se acaba, permitiendo que su coraza sea perforada en una explosión. Luego cae otro, y después otro más. Aun así, Yalos les ordena a que no se detengan, consciente de que su propio poder estaba siendo afectado.

Jidka contempla las explosiones que se proyectan sobre el vidrio de su casco, dejándola impresionada por la determinación del enemigo. Se dice a sí misma que, si ellos están dispuestos a entregar sus vidas, ella también lo estará.

Cloí recibe cada vez más información de lo que sucede en el exterior y prepara un informe para advertir a su padre de que numerosos magos se aproximan desde distintas direcciones.

Phong mantiene la atención fija en el espejo estratégico. Todo apunta a que no lograrán detener por completo a la armada imperial. Lo preocupante es que también resulta evidente que el enemigo no perderá demasiadas naves.

Su hija le lee el informe, donde se detalla que miles de magos harán contacto desde múltiples ángulos al mismo tiempo que las naves imperiales los alcancen. La estimación inicial de un diez por ciento de pérdidas se dispara hasta casi la mitad de toda su armada. Para reforzar el frente de batalla, envía a todos sus cazadores a la vanguardia.

Jizé se encuentra preparado para dirigir a su escuadrón de dragones. Aunque su vida corre peligro, el temor apenas logra aferrarse a él.

Al principio, su padre no quiso que lo acompañara, deseando que se quedara más tiempo en la academia. No obstante, cuando escuchó hablar de aquel hombre del continente de Astra y de sus ideales, no pudo resistir el impulso de conocerlo. El mismo día en que llegó a su hogar tampoco esperaba encontrarse con una mujer tan atractiva. No fue amor a primera vista, aunque tampoco le resultó sencillo ignorarla. Ahora son novios y tiene la intención de regresar para convertirla en su mujer.

Jidka presencia otra explosión en uno de aquellos enormes buques. Para ella, esas naves que soportaban cientos de detonaciones parecían espadas envueltas en llamas. Los truenos que antes dominaban el cielo ya no imponían con el estruendo de sus relámpagos; ese sonido había sido reemplazado por las explosiones bélicas que sacudían el campo de batalla.

De los veinte cazadores, a Yalos solo le quedan dos. Luego uno. Después, ninguno. El bombardeo alcanza a la flota principal y destruye una de las naves. Sin otra alternativa, ordena a gritos que no reduzcan el avance.




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