A medida que la oscuridad de la tormenta se disuelve, Yalos, consumida por la frustración, decide que ha llegado el momento de usar el resto de su ejército. Sabe que sus magos están siendo afectados por la radiación, pero está convencida de que veinte mil refuerzos van a garantizar su victoria.
Se incorpora de su asiento de mando y se coloca el casco para conducir al resto de su armada hacia el clímax del enfrentamiento. No descansará hasta obtener la cabeza del dragón y entregársela a su emperatriz.
Una vez afuera, al frente de sus magos, levanta su espada y da la orden de atacar.
En el XianFún, Phong ya podía ver la nueva ola de magos aproximarse contra ellos antes de que su hija le diera el reporte. En el espejo estratégico todavía no decía cuántos eran, pero debía tratarse de más de diez mil. Hasta ahora, sus valientes guerreros han logrado contener a los magos a costa de enormes sacrificios. En otro tablero, el número de naves perdidas había alcanzado los veinticuatro y, antes que pueda dar la orden, otra más aparece.
La atención del cuarto cae sobre él, esperando una decisión. Sus defensas están exhaustas, la munición se está agotando y, para empeorar la situación, el enemigo acaba de desplegar una nueva ofensiva. Aun así, este es el momento que ha estado esperando. Sus pupilas se dirigen hacia la luz del sol que atraviesa la ventana, como si esta le recordara que ha llegado el momento y que el sacrificio de su gente no ha sido en vano.
—Es hora de nuestro contraataque. A todos nuestros magos, que han esperado pacientemente, ha llegado su turno.
Cloí y el resto de las oficiales de comunicación, ahora capaces de transmitir comunicaciones por radio, se encargan de difundir la orden.
Adentro de las naves de transporte situadas detrás de la armada, las luces se prenden y revelan a miles de magos que han aguardado este instante. Las enormes plataformas de las cubiertas se abren y, por fin, aparecen los magos guerreros de la Armada de Dragones.
Yalos sabía que la armada de aquel humano contaba con magos, pero no esperaba que los mantuviera en reserva hasta el final. La cantidad la sorprende; calcula que podrían ser unos quince mil. Aun así, prosigue con su avance, convencida de que sus fuerzas siguen siendo superiores.
Los dieciséis mil magos del señor de los dragones se lanzan al ataque.
En el XianFún, Phong espera con ansiedad los primeros reportes del combate. En el espejo estratégico contempla las luces de sus guerreros dirigirse contra una fuerza que los supera por tres a uno. Cierra los párpados durante un instante, consciente de que ha llegado la parte en la que debe depositar su confianza en la preparación, las tácticas y la paciencia. Ha hecho todo lo posible por ofrecerles la mejor oportunidad de victoria.
Los minutos transcurren con una lentitud desesperante, al punto de parecer horas, hasta que finalmente llegan los mensajes del enfrentamiento. Cloí los revisa. Sus labios se entreabren y, por un momento, queda inmóvil. Luego gira hacia su padre, avisándole con su sonrisa la buena noticia; sus fuerzas estaban ganando.
Sin mostrar mucho la emoción que trae, Phong suelta su alivio .
Las fuerzas imperiales estaban siendo empujadas. Yalos no podía creer que los magos de aquel humano fueran mucho más fuertes de lo esperado. Busca una explicación y la respuesta se abre en su mente: tal vez los efectos del arma no los estaban afectando. El pecho se le contrae al comprobar cómo la situación se inclinaba en su contra.
—No puede ser...
Las palabras abandonan sus labios antes de que pueda contenerlas. En el fondo sabe que esto era exactamente lo que aquel hombre había planeado desde el principio. Sus tropas eran incapaces de frenar el avance de los magos de la usurpadora. La mayoría de sus guerreros se encontraba exhausta, consumiendo las últimas reservas de magia para mantener la línea de batalla.
Uno de sus capitanes le exige que ordene la retirada antes de que sea demasiado tarde. Yalos permanece paralizada por la conmoción, incapaz de decidir. Una parte de ella se aferra a la idea de que, si continúan luchando, aún podrían encontrar una forma de ganar. La realidad, no obstante, indicaba lo contrario. Su capitán vuelve a insistir, presionándola para que tome una decisión.
Está a punto de dar la orden. Las palabras ya casi abandonan su boca cuando un destello a su izquierda capta toda su atención. Su mente, todavía aturdida, tarda unos segundos en comprender qué está viendo. Entonces lo entiende; se trataba de refuerzos. De sus refuerzos.
Phong ya casi podía saborear la victoria. Cada reporte indicaba que sus magos habían recuperado el impulso y estaban a punto de quebrar las formaciones imperiales. Sin deja de ver el espejo estratégico, contempla el desarrollo de la batalla y comprende que el triunfo realmente se encuentra al alcance de la mano. Por un instante se pregunta si puede permitirse aflojar la tensión que ha cargado durante tanto tiempo. Una parte de él desea recibir ese descanso con los brazos abiertos; la otra, forjada por años de disciplina, le advierte que algo se aproxima, que aquello no era el final.
Los barcos dragones exploradores detectan una armada que avanza desde el oeste y transmiten la información al XianFún. Hasta ese momento, Cloí no había recibido más que noticias favorables, hasta que una comunicación marcada como urgente reclama su atención. Al leerla, su garganta se congestiona. Repasa las líneas una segunda vez hasta una tercera vez. Aprieta los puños de desesperación. No quería ser quien le informe a su padre que refuerzos imperiales están por alcanzarlos.
Aguarda unos segundos para recibir la confirmación definitiva de su número y, cuando la obtiene, siente como una parte de su corazón se quiebra. Con tristeza reflejada en el semblante, gira hacia Phong y le comunica que cincuenta buques enemigos están a punto de incorporarse al enfrentamiento. La noticia provoca que los oficiales del centro de mando traguen saliva con dificultad.
Phong permanece en silencio y calcula cuánto más pueden resistir. La respuesta no le agrada. Sus fuerzas han entregado demasiado y no tienen lo suficiente para detener la nueva armada. Pero todavía le queda una última opción, una que exige un gran precio. Aprieta el cigarro entre los dientes y baja ligeramente la punta del gorro.
—Cloí... pásame al capitán de escuadrón, Yizé Chen —La sombra proyectada por el gorro oculta la expresión de su rostro.
Cloí no entiende por qué aquella orden le resulta tan dolorosa. Busca una explicación, intenta adivinar qué pretende hablar con Yizé, aunque hay algo que comprende con absoluta claridad: no será nada bueno. Desea preguntarle qué tiene pensado, pero se obliga a cumplir con su deber y marca los códigos con unos dedos que parecen resistirse a obedecer.
Segundos después, la voz de Yizé resuena a través del portavoz.
—Soy el capitán del Escuadrón Tres del XianFún, Yizé Chen.
Phong se pone de pie lentamente y deja el cigarro a un lado.
—Soy el general de la Armada de los Dragones del Ala Este, Lonka Phong.
—Diga, mi general.
—Refuerzos imperiales están por alcanzarnos… necesito que dirijas a los dragones y ejecuten “Última Bala”.
Cloí siempre había sido cercana a su padre y conocía prácticamente todas las operaciones de la armada, pero jamás había escuchado mencionar aquella misión. La pausa que Yizé se toma antes de responder, junto al tono de su voz, le deja claro que se trataba de algo extremadamente peligroso.
—Sí, mi general. La llevaré a cabo.
—Gracias —responde Phong con la voz ligeramente quebrada—. En la página doscientos quince de los manuales de combate encontrarán la lista de nombres y códigos. Envíen el mensaje.
Las diez oficiales de comunicación abren sus respectivos manuales. Cada una encuentra una lista diferente de nombres y comienza a introducir los códigos necesarios para transmitir aquella orden secreta.
Cloí toma asiento y abre su manual. En la página 215 se hallaba una lista de nombres y códigos de los capitanes de los escuadrones. Igual que sus compañeras, comienza a apretar los números. Después de 5 minutos, todas terminan.
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