Pasos hacia el Destino

Capítulo 152, Paraíso, (3)

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Doce horas pasan desde la derrota en Marsot y gran parte de las fuerzas de Olyudax se ven obligadas a retroceder. No solo por el temor a perder Aldiola, sino también porque dos territorios al norte de Xhaln se ven obligados a proclamar su neutralidad y otros cuatro pronto harán lo mismo. Al mismo tiempo, Encan ordena a sus tropas prepararse con la intención de intervenir, lo que promueve al imperio de Imas a hacer lo mismo, alineándose con Olyudax. En tanto ambos imperios envían a sus delegados a Xhaln, Pumas se alinea con Yudax'Ríos bajo la promesa de que, si ejércitos extranjeros ingresan al país, ellos también lo harán junto a sus aliados.

Las horas siguientes se vuelven intensas en Astra, donde sus nueve imperios y once reinos se hallan, de una u otra forma, empujados a respaldar a Xhaln, pues, entre todos los territorios, ese reino representa el contrapeso del poderoso imperio gobernado por la emperatriz Sol’Yudax. Cada nación envía delegados a distintos países para renovar acuerdos que los proteja a lo que podría convertirse en una guerra continental.

En cuanto muchos hacen lo posible por preservar la paz y evitar un conflicto que cobre la vida de miles de personas, Zachin sale del baño. En su habitación la espera el vestido, extendido sobre la cama.
Ya no se siente tan inquieta como lo estuvo unos minutos atrás, pues espera que mañana marque el inicio de un nuevo episodio en su destino. Con el cabello aún húmedo, se acerca, dejando caer la toalla que la cubre, y bajo la luz del caluroso día, se viste. Comienza colocándose las medias, largas hasta lo más alto de sus piernas y confeccionadas con la más fina seda; a continuación se pone las bragas del mismo color.

Antes de ponerse el vestido, extrae la caja de entre los pies de la cama para revelar un ropaje marrón. Aquel cubre-cuerpo había sido diseñado específicamente para su figura con un material altamente resistente y flexible. Las fibras empleadas en su confección provenían de árboles exóticos capaces de soportar las temperaturas más extremas. Del mismo modo, las escamas que lo recubrían pertenecían a peces de profundidades que muy pocos podían alcanzar, reconocidos por aguantar toda clase de cortes y ataques.

Una vez colocado, su torso se encuentra bien protegido por una capa que se asemeja al cuero. Para no limitar su movilidad, los hombros, la entrepierna y las rodillas permanecen expuestos; el resto, desde los brazos hasta los pies, está cubierto.

Lo primero que debe hacer es comprobar si el cubre-cuerpo limita sus movimientos. Finge empuñar una espada con ambas manos y adopta una posición de ataque.
Puede ver a la princesa frente a ella y, sin esperar, descarga un blandir con tanta potencia que el vestido tendido se dobla y las cortinas se abren, permitiendo que la intensa luz del exterior inunde el cuarto con un resplandor cegador. Conservando en su mente el rostro sobresaltado de la princesa, consciente de que no había nada más que hacer, le dedica una silenciosa despedida sin apartar la vista.

Con la habitación nuevamente en calma, desea que todo concluya con un único ataque, uno que no le haga sufrir.

Satisfecha con la comodidad del traje, se pone el vestido. Recorre su reflejo en el espejo de un extremo al otro, sin encontrar el menor indicio del protector oculto bajo la tela. Le habría gustado llevar su propia arma, pero su contacto ya le tiene una preparada adentro del castillo. Por último, se pone los zapatos de tacón y sujeta el cabello con un par de cintas para mantenerlo firme.
En la sala, encuentra a María lista para marcharse junto a Yang hacia los mercados, pues les había concedido el resto del día libre. En cuanto la ven, ambas le desean un buen día y parten, dejando al anciano en la cocina. Aunque su invitado no posee un empleo, hace lo mismo todos los días, incluso los sábados y domingos. Daba igual si llovía o el calor resultaba sofocante; para él, repartir su mate era aquello que daba sentido a su existencia.
Zachin se detiene a observarlo forrar la gran olla con soga. Calcula que ni juntando todas las ollas de la casa podrían contener tanta agua como esta. La pesada tapa que coloca encima suena con un golpe tan fuerte que parece asegurarla contra derrames. Al levantarla, las correas que lo sostienen chirrían bajo el peso, quejándose del esfuerzo.
—Me acuerdo de la primera vez que te vi cargando esa olla y, todavía hoy, no puedo creer que alguien pueda llevarla por la ciudad sin la ayuda de una carreta. Sé que ya te has acostumbrado, pero ¿no sería mejor descansar al menos un par de días? —opina Zachin. En el fondo, lo que realmente quería decirle era que ya no era un joven para seguir esforzándose de esa manera.
El anciano comprende a qué se refiere. Antes de responder, toma la bolsa con los vasos de papel y la de los bolillos de pan.
—Mentiría si dijera que me gusta cargar la olla todos los días. La verdad es que, a pesar de que mi cuerpo se desgaste y mis piernas me duelan, lo que la gente me da a cambio cuando reciben mi mate basta para querer hacerlo una vez más. Tal vez nunca voy a volver a recordar lo que fui, pero me llena de felicidad ver la olla vacía al final del día, porque, por un instante, puedo sentir un amor especial —confiesa con el rostro iluminado de alegría—. ¿Salimos?
—Sí —responde Zachin que se apresura a tomar su sombrero para abrir la puerta.
En cuanto salen de la casa, ella lo ve andar con pasos que exigen un gran esfuerzo. En las partes descubiertas de su piel, las venas se hinchan con claridad. El cuello, los brazos, los pies e incluso la frente delatan que no era fácil su trabajo, aunque al final, no conseguía borrar la expresión de esperanza que lleva consigo. Permanece observándolo hasta que su atención se desvía hacia la marca grabada abajo de la tapa.
—Ese símbolo significa cinco, ¿no es así? —pregunta mientras ambos avanzan hacia la calle, donde el carruaje la espera.
—Recuerdo que un hombre dedicado al pasado me dijo que la había visto en las ruinas de un lugar llamado… Laod. Me afirmó que significa cinco. ¿Cómo era que lo explicó? El símbolo representa una etapa... después del caos y antes del juicio: cinco representa, la fe.
El significado de aquel símbolo era el mismo que Zachin había visto en el mundo de los demonios. Sabía que representaba el número cinco; lo que ignoraba era su relación con la fe.
—¿Por qué dices que es una etapa? —inquiere, intrigada.
Escuchando el interés de Zachin, el anciano deja la olla en el suelo para ordenar sus recuerdos.
—Déjame pensar un momento —murmura sin tardar en masajearse el hombro—. Primero está el Bien; después viene el Mal. Del tercero no estoy seguro, pero el cuarto es el Caos. El quinto es la Fe y el sexto, el Juicio. El séptimo... el octavo, esos ya no los recuerdo.
Para Zachin el nombramiento de aquellas etapas se parecían mucho a lo que había escuchado cuando era mucho mas joven.
—El tercero es el Balance —afirma ella.
El anciano medita y asiente.
—Así es. ¿Sabes cuál es el séptimo? ¿O el octavo?
Zachin no sabía que existieran más etapas después del caos.
—No, no lo sé. De todas formas, gracias por la conversación. Tengo que irme —responde con cierta tristeza.
—Antes de que te vayas, toma un vaso de mate —ofrece, retirando la tapa de la olla.
En que el mate recorre la garganta de Zachin, una agradable sensación de bienestar la invade.
—Delicioso como siempre. Gracias por todo.
—Nos vemos más tarde —se despide el anciano con la olla apoyada a su costado listo para dirigirse al otro lado de la calle.




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