Pasos hacia el Destino

Capítulo 155, Paraíso, (6)

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A pesar de ser otro atardecer, Ámilis no puede dejar de sentirse afortunado de estar al lado de las dos personas más importantes en su vida. En dos semanas va a llegar el día de los regalos y casi no puede esperar a ver el rostro de Liliul cuando le entregue su muñeca. Al final, decidió pintarle el cabello oscuro como el de ella y sus ojos en café claro.
Yudaxi sale de la cocina con varios platos de comida que logran despertar a Ámilis de inmediato, haciéndole lamerse los labios ante lo apetitoso que se ven.
—Pollo asado y tu favorito, tarta de durazno —anuncia Yudaxi, colocando el postre en el centro de la mesa y el plato de pollo junto a Ámilis.
—Se ve bien rico —comenta Ámilis antes de girarse—. ¿Y Liliul?
—Está jugando con su rana. ¿Puedes llamarla a que venga a comer?
—Claro.
Ámilis se levanta y se dirige hacia la puerta, donde la encuentra con la expresión triste.
—¿Qué sucede? —pregunta acomodándose a su lado.
—Me tengo que despedirme de mi rana —responde Liliul, acariciando con un dedo la cabeza de su compañero, quien la ayudó a ganar el primer puesto en la batalla de barro.
—¿No quieres quedártelo? —Ámilis posa su mano en su cabeza y la observa, comprendiendo que realmente va a dejarlo ir.
—Sí, pero eso no le gustaría a mi rana. ¿No es así? —Liliul dobla la cabeza hacia él con sus cachetes empañados por las lágrimas.
—Es verdad. Tal vez sea peligroso para él; incluso podría ser devorado por un halcón o una serpiente. Pero también puede sobrevivir lo suficiente para crear más ranas. —Ámilis le besa la frente—. Me alegra que hayas decidido hacer lo correcto.
Liliul está a punto de dejar ir a su rana y, cuando lo hace, le promete que nunca se olvidará de él.

—Vamos, es hora de comer —dice Ámilis antes de levantarla sobre sus hombros.

Los tres disfrutan de una apacible cena. Durante ella, Liliul les informa que quiere convertirse en una Maestra. Por supuesto, Yudaxi se niega y le advierte que es demasiado peligroso, pero Ámilis toma la situación de forma distinta; para él, su hija estaba convirtiéndose en su propia persona. En lugar de darle su aprobación, le explica que, cuando sea mayor, si todavía quiere convertirse en una, él mismo la entrenará. Sin embargo, también le asegura que si cambia de opinión, eso también estará bien.
Eso hace que Liliul no solo prometa que no cambiará de opinión, sino que también se convertirá en la Guerrera Imbatible.
—Si quieres tomar mi puesto, entonces deberás comer bastantes vegetales para que crezcas fuerte y sana, así que no necesitas esa pierna —dice atrapando la pierna con el tenedor.
—Dame mi pollo —protesta Liliul clavando su tenedor en la otra parte de la pierna.

Los dos juegan por un rato hasta que Yudaxi se queja para que dejen de jugar con la comida.

En cuanto siguen comiendo, Ámilis percibe dos presencias. A una la reconoce; a la otra, no. Se disculpa para salir a investigar.

Bajo las luces de las viviendas distantes, una de esas figuras cargaba una gran olla. Cuando Ámilis se les aproxima, reconoce que el otro tenía un poder extraordinario.
—Maestro —saluda Ámilis.
—Hola, mi querido estudiante. ¿Recuerdas las historias que te conté sobre el ser que me trajo a este tiempo? —pregunta el anciano, dejando la olla en el suelo para utilizarla como asiento—. Permíteme presentarte al Quinto.
—¿El Quinto? —repite Ámilis. Ha escuchado de él muchas veces por boca de su Maestro—. ¿No quieren entrar a mi casa?
—Tenemos que conversar de algo crucial. —El anciano deja escapar un pesado suspiro y alza la cabeza hacia el cielo—. Lo que debemos hacer para ganar esta guerra nos costará demasiado.
Ámilis vuelve la atención hacia el hombre que se le acerca: el supuesto Quinto.
—Es cierto. En pocas palabras, derrotar al Sexto que ha construido esta realidad. Lo que significa perder a tu familia.
La declaración hace que el Guerrero Imbatible cierre los puños. Su expresión se transforma en la de un padre y un esposo que jamás accederían a semejante propuesta.
—Déjale explicarse —interviene el anciano, volviéndose hacia su estudiante, quien ahora debe tomar una decisión desgarradora.
—Aquí ya no existen los dioses, los ángeles, los demonios y ni siquiera los magos —continúa el Quinto.
Ámilis gira el cuerpo hacia la dirección donde su corazón sabe que no puede vivir sin el amor de Liliul y la de Yudaxi.
—¿Qué exactamente planean hacer?
—Borrar este futuro —responde el Quinto, acercándose hasta quedar a unos pasos de Ámilis— y ayudar a la persona capaz de hacerlo.
—¿Y qué les ocurrirá a ellas? ¿O a todos los que pertenecen a este tiempo? ¿A mi Maestro? —exige Ámilis.
—Tu Maestro regresará al pasado, y yo, mi fragmento desaparecerá con esta realidad. El resto será como si nada de esto hubiese ocurrido. Yudaxi seguirá siendo tu esposa, pero…
La pausa del Quinto basta para que Ámilis comprenda quién será la que no sobreviva. Antes de voltear, ya tenía su decisión en los labios.
—No.
La expresión que el Guerrero Imbatible les deja claro que jamás sacrificaría a su hija Liliul.
—Si no aceptas, vamos a perder —advierte el Quinto, deseando no revelarle todo lo que sabe acerca de sus otras vidas.
—Debe haber otra salida. Tiene que haberla —insiste Ámilis, dispuesto a luchar solo si era necesario—. Mi Maestro me dijo que eres capaz de viajar a otras existencias. Sálvalos. Llévatelos y yo me encargaré de derrotarlos.
—Lo siento pero no tengo esa clase de poder; ellos existen porque los Sextos están manipulando el destino. Ellos ganan o nosotros, pero en ningún escenario tu hija ni el resto de quienes no deberían existir sobrevivirán.
Aquella declaración acaba con las últimas esperanzas de Ámilis de terminar la conversación mediante algún pacto o compromiso.
—No puedo… ¡No puedo! Ellas son… confían en mí. Márchate —ordena Ámilis, abriendo el puño para emplear el Arte del Destino contra el Quinto.
El anciano comprende que ha llegado el momento de que el Quinto le revele toda la verdad.
—Es mejor que le digas todo lo que sabes.
Ámilis se vuelve hacia su Maestro, quien parece más triste que nunca. Decide escuchar lo que el Quinto tiene que decir, aunque eso no significa que esté dispuesto a abandonar a Liliul.




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