Patines y promesas

Capítulo 1: Un encuentro inesperado

El hielo brillaba bajo las luces del rink, reflejando cada movimiento como si fuera magia.

Elena Vargas giraba con elegancia, su vestido azul flotando a su alrededor como si fuera parte del viento. Cada salto, cada giro… era perfecto.

O al menos, eso intentaba ser.

—Otra vez —dijo su entrenadora con firmeza.

Elena suspiró, cansada, pero obedeció.
No podía fallar. No esta vez. No cuando el campeonato nacional estaba tan cerca.

Pero había un problema.

No tenía pareja.

Su antiguo compañero se había retirado semanas antes, dejándola sola justo cuando más lo necesitaba.

—Sin pareja no podrás competir en la categoría de dúo —le recordó la entrenadora—. Necesitamos una solución… ya.

Elena apretó los puños.
Había entrenado toda su vida para esto… no iba a rendirse ahora.

Al día siguiente, el rink estaba más lleno de lo normal.

—Hoy probarás con alguien nuevo —anunció la entrenadora.

Elena cruzó los brazos.
—Espero que al menos sepa patinar.

—Oye, eso dolió —respondió una voz detrás de ella.

Elena se giró… y lo vio.

Cabello despeinado, sonrisa confiada y unos ojos que parecían divertirse con todo.

—Soy Marco —dijo él, extendiendo la mano—. Y sí, sé patinar.

Elena no le devolvió la sonrisa.

—Eso ya lo veremos.

La música comenzó.

Elena tomó posición, rígida. Marco se colocó a su lado… demasiado cerca.

—Relájate —susurró él—. No muerdo.

—Concéntrate —respondió ella fría.

Dieron el primer paso.

Y entonces…

Algo pasó.

Marco la sostuvo en un giro complicado… y aunque Elena esperaba caer… no lo hizo.

Sus movimientos no eran perfectos… pero eran naturales. Fluían.

—No estás mal —admitió Elena, sorprendida.

—Wow, ¿eso fue un cumplido? —bromeó Marco.

Elena rodó los ojos… pero por primera vez, una pequeña sonrisa apareció.

Después del ensayo, ambos quedaron en silencio.

—Podríamos funcionar —dijo Marco, más serio esta vez.

Elena lo miró.

No era el compañero que ella hubiera elegido…
pero tal vez… era el que necesitaba.

—No te emociones —respondió ella—. Esto es solo temporal.

Marco sonrió.

—Claro… temporal.

Pero en el fondo… ambos sabían que ese era solo el comienzo.




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