Patines y promesas

Capitulo 3: Cuando todo se rompe

El hielo crujía suavemente bajo sus patines.

Elena respiró hondo.

Ese día… tenía que salir perfecto.

—Vamos con el salto final —indicó la entrenadora.

Marco asintió y se colocó frente a ella.

—Confía en mí —repitió, extendiendo la mano.

Elena lo miró a los ojos…

y esta vez no dudó.

La música comenzó.

Todo fluía.

Giros precisos.

Pasos sincronizados.

Miradas que ya no eran frías.

Hasta que llegó el momento.

El salto más difícil.

Marco la impulsó… Elena giró en el aire…

Pero algo falló.

Su pie no aterrizó bien.

—¡Elena! —gritó Marco.

Todo pasó en segundos.

Elena perdió el equilibrio… y cayó al hielo.

El impacto fue fuerte.

El silencio llenó el rink.

—¿Estás bien? —Marco se arrodilló a su lado de inmediato.

Elena apretó los ojos, conteniendo el dolor.

—Sí… solo fue un error.

Intentó levantarse… pero su tobillo no respondió.

Marco frunció el ceño.

—No, no estás bien.

Desde la entrada, Adrián observaba… serio.

—Siempre fuerzas demasiado —dijo acercándose—. No has cambiado.

Elena lo miró con enojo.

—No empieces.

—Si te hubieras quedado conmigo, esto no pasaría.

Marco se puso de pie rápidamente.

—Oye, ya basta —su voz sonó firme—. No es momento.

Adrián lo ignoró.

—Dime, Elena… ¿ya le contaste?

El corazón de Elena se detuvo.

—Cállate.

—¿Contarme qué? —preguntó Marco, confundido.

El silencio se volvió pesado.

Adrián sonrió levemente.

—Que ella fue la razón por la que perdimos el campeonato pasado.

Marco frunció el ceño.

—¿Qué?

—Se equivocó en el salto final —continuó Adrián—. Igual que ahora.

Elena bajó la mirada.

—No fue así… —susurró.

—Claro que sí —respondió él—. Te presionaste… y nos hiciste perder todo.

Marco miró a Elena.

Ella no decía nada.

Y eso dolía más que cualquier explicación.

—¿Es cierto? —preguntó él, más suave.

Elena cerró los ojos.

—Yo… fallé.

El silencio pesó entre ellos.

Pero Marco no se alejó.

Al contrario.

Se arrodilló frente a ella otra vez.

—Entonces levántate —dijo con firmeza—. Y hazlo mejor.

Elena lo miró, sorprendida.

—¿No estás enojado?

—Claro que sí —respondió—. Pero no contigo… con quien te hizo creer que eso te define.

Adrián apretó los puños.

—Eres igual de ingenuo que ella.

—Y tú igual de arrogante —respondió Marco sin mirarlo.

Elena intentó ponerse de pie otra vez… y esta vez, Marco la sostuvo.

Sus manos se entrelazaron.

Sus rostros quedaron cerca.

Muy cerca.

—No voy a dejarte caer —susurró él.
Elena sintió su corazón latir con fuerza.

—Marco…

—Confía en mí.

Y sin pensarlo…

Elena acortó la distancia.

Sus labios rozaron los de él.

Un beso suave.

Rápido.

Inesperado.

Pero suficiente para detener el mundo.

Ambos se separaron lentamente.

El silencio era diferente ahora.

Más cálido… más peligroso.

Marco la miró, sorprendido… pero sin alejarse.

—Creo… que eso no estaba en la rutina —murmuró.

Elena, sonrojada, desvió la mirada.

—Fue un error.

Pero su voz no sonaba convencida.

Desde atrás, Adrián observaba con la mirada oscura.

—Esto aún no termina… —susurró.

Y en el hielo…

Elena entendió algo.

Tal vez su mayor caída…

no había sido perder un campeonato.

Sino no haberse permitido sentir.

Hasta ahora.




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