El beso seguía en el aire… incluso después de que terminó.
Elena no podía mirarlo.
—Fue un impulso —dijo rápidamente—. Olvídalo.
Marco no respondió de inmediato.
Solo la observó.
—No quiero olvidarlo.
Elena levantó la mirada, sorprendida.
—Marco…
—Me gustas —dijo él, sin rodeos.
El corazón de Elena se aceleró.
—Esto no es buena idea…
—Tal vez no —respondió—. Pero es real.
Antes de que pudiera decir algo más, la entrenadora interrumpió:
—¡Suficiente descanso! El torneo es en dos semanas. No hay tiempo para distracciones.
Elena intentó ponerse de pie…
Pero el dolor en su tobillo regresó con fuerza.
—Ah… —se quejó.
Marco la sostuvo de inmediato.
—No puedes seguir así.
—Sí puedo —respondió ella, tensa—. No voy a rendirme otra vez.
Desde la distancia, Adrián observaba.
Su paciencia se estaba acabando.
—Sigues cometiendo el mismo error —dijo acercándose—. Ignorar el dolor.
Elena lo miró molesta.
—¿Ahora eres mi entrenador?
—No —respondió—. Soy el único que sabe hasta dónde puedes caer.
Marco dio un paso al frente.
—Ya basta contigo.
—¿Y tú qué? —replicó Adrián—. Apenas la conoces.
Marco lo miró fijamente.
—Lo suficiente para no rendirme con ella.
El ambiente se volvió tenso.
Pero lo peor aún no llegaba.
Horas después…
Elena estaba sola en el vestidor, intentando vendar su tobillo.
Sus manos temblaban.
—No puedo fallar… no otra vez…
—Entonces no lo hagas sola.
Era Marco.
Se acercó y se arrodilló frente a ella.
—Déjame ayudarte.
Con cuidado, comenzó a ajustar la venda.
Sus manos eran firmes… pero suaves.
—No tienes que cargar todo tú —murmuró.
Elena lo miró.
—No entiendes… si pierdo otra vez…
—No vas a perder —la interrumpió—. Porque esta vez estoy contigo.
El silencio se llenó de algo diferente.
Más profundo.
Más fuerte.
Pero en ese momento…
La puerta se abrió.
Era Adrián.
—Vaya… qué escena.
Elena se puso de pie rápidamente.
—¿Qué quieres?
Adrián la miró serio.
—Advertirte.
—No necesito—
—Tu tobillo no aguantará el torneo.
Elena se quedó congelada.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque ya lo viví contigo —respondió—. Y esta vez… será peor.
Marco frunció el ceño.
—No le hagas caso.
Pero Elena dudó.
Por primera vez… dudó de verdad.
—Mañana —anunció la entrenadora desde fuera—. Simulación completa de rutina.
Eso era todo.
La prueba final antes del torneo.
Esa noche…
Elena no pudo dormir.
Pensaba en el dolor.
En el pasado.
En el beso.
Y en Marco.
Al día siguiente, el rink estaba en silencio.
La música comenzó.
Elena respiró hondo.
Marco tomó su mano.
—Pase lo que pase… no te suelto.
Ella apretó su mano.
—Ni yo.
La rutina empezó.
Todo iba bien…
Hasta que llegó el salto.
El mismo.
El momento que lo había cambiado todo.
Elena dudó un segundo.
El dolor regresó.
El miedo también.
Pero esta vez…
No estaba sola.
Corrió.
Saltó.
Giró en el aire…
Y—
Continuará...