Patines y promesas

Capitulo 5: El salto que define todo

El aire se volvió silencio.

Elena giraba en el aire.

Un segundo.
Dos segundos.
Todo dependía de ese instante.

Marco no apartaba la mirada.

—Vamos… —susurró.

Elena descendió.

Su patín tocó el hielo…

Y por un momento…

Fue perfecto.

Logró mantenerse.

El salto… estaba completo.

Pero entonces—

El dolor explotó en su tobillo.

—¡Ah! —soltó, perdiendo el equilibrio.

Marco reaccionó de inmediato, sujetándola antes de que cayera por completo.

Pero la rutina se rompió.

La música seguía… pero ellos ya no.

—¡Detengan todo! —gritó la entrenadora.

Elena respiraba agitada.

—Lo logré… —susurró—. Lo logré…

Pero su sonrisa desapareció cuando intentó apoyar el pie.

No pudo.

Marco la sostuvo con más fuerza.

—Se acabó.

—No —respondió ella, desesperada—. Podemos seguir.

—No, Elena.

Su voz fue firme. Diferente.

—No voy a verte romperte por esto.

El silencio cayó entre ellos.

—Es mi sueño… —dijo ella, con la voz quebrada.

—Y tú eres más importante que cualquier medalla.

Desde el fondo, Adrián observaba.

Pero esta vez… no sonreía.

—Tiene razón.

Ambos voltearon.

Adrián caminó hacia ellos lentamente.

—¿Ahora estás de su lado? —preguntó Elena, confundida.

—No —respondió—. Estoy del lado de la verdad.

Elena apretó los puños.

—Dijiste que fue mi culpa perder.

Adrián bajó la mirada un segundo.

—Mentí.

Elena se quedó en shock.

—¿Qué…?

—El error no fue tuyo —continuó—. Yo fallé en el soporte… pero te dejé cargar con todo.

Marco frunció el ceño.

—¿Por qué harías eso?

Adrián respiró hondo.

—Porque no soporté verte brillar más que yo.

El silencio fue pesado.

Pero ahora… era distinto.

Era verdad.

Los ojos de Elena se llenaron de lágrimas.

—Todo este tiempo…

—Lo siento —dijo Adrián, por primera vez sincero—. Llegué tarde… pero tenía que decirlo.

Marco miró a Elena.

—¿Ves? Nunca fue tu culpa.

Elena cerró los ojos.

El peso que cargaba… comenzó a romperse.

Pero su tobillo dolía.

Y el torneo estaba a días.

—Entonces… ¿qué hago ahora? —susurró.

Marco tomó su mano con suavidad.

—Elegir.

—¿Entre qué?

—Entre demostrar algo… o cuidarte.

Elena lo miró.

Luego miró el hielo.

El lugar donde había caído.

Donde había fallado.

Donde también… había vuelto a levantarse.

Respiró profundo.

Y tomó una decisión.

—No voy a competir.

El silencio fue inmediato.

—¿Qué? —dijo la entrenadora, sorprendida.

—No así —continuó Elena—. No quiero ganar a costa de romperme.

Marco sonrió levemente.

Orgulloso.

Adrián cerró los ojos.

Como si esa decisión… también lo liberara a él.

Pero entonces—

—Elena… —dijo la entrenadora—. Aún hay una opción.

Todos la miraron.

—Categoría individual. Rutina adaptada.

El corazón de Elena se aceleró.

—Podrías competir… sin forzar el salto.

Elena dudó.

Miró a Marco.

—¿Y nosotros…?

Marco sonrió.

—Nosotros no dependemos de una pista.

Elena sintió algo cálido en el pecho.

—Entonces… lo haré.

Porque esta vez…

No patinaría para demostrar algo.

Sino porque lo amaba.




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