El aplauso ya había terminado.
Las luces se apagaban poco a poco…
pero algo dentro de Elena apenas comenzaba.
—Tercer lugar —dijo ella en voz baja, mirando su medalla.
Marco se acercó por detrás.
—Y aún así no dejas de pensar.
Elena sonrió un poco.
—No era mi sueño… pero tampoco se siente como una derrota.
Marco cruzó los brazos, apoyándose a su lado.
—Porque no lo es.
El silencio entre ellos era cómodo ahora.
Diferente.
—Oye… —dijo Marco—. Hay algo que no te han dicho.
Elena lo miró.
—¿Qué cosa?
Antes de que respondiera, la entrenadora apareció.
—Elena, necesito hablar contigo.
Minutos después, en una pequeña oficina…
Elena se sentó frente a ella.
—Tu rutina llamó la atención —dijo la entrenadora.
Elena parpadeó.
—¿Atención?
—Un reclutador internacional estaba viendo la competencia.
El corazón de Elena se aceleró.
—¿Qué…?
—Quieren invitarte a un programa de alto rendimiento… en el extranjero.
El mundo se detuvo.
—¿A mí?
—Sí —respondió—. Pero hay una condición.
Elena tragó saliva.
—¿Cuál?
—Tendrías que irte en un mes.
El silencio cayó.
Esa noche…
Elena caminaba fuera del rink, con la mente llena.
Un mes.
Un nuevo país.
Un nuevo comienzo.
Pero…
—Te ves como si alguien te hubiera cambiado el final —dijo Marco, acercándose.
Elena lo miró.
—Me ofrecieron irme.
Marco se quedó en silencio.
—¿Irte…?
—A entrenar fuera —continuó—. Es una oportunidad enorme.
El viento sopló suavemente.
—Deberías aceptar —dijo Marco.
Elena lo miró, sorprendida.
—¿Así de fácil?
Marco sonrió un poco, pero sus ojos no.
—Nunca dije que fuera fácil.
Elena bajó la mirada.
—¿Y nosotros?
Marco tardó en responder.
—Nosotros empezamos en una pista… —dijo finalmente—. No tiene que terminar ahí.
Elena sintió un nudo en el pecho.
—No quiero perder esto.
Marco se acercó un paso más.
—Entonces no lo pierdas.
El silencio se volvió intenso.
—Podemos intentarlo —dijo él—. A distancia… o como sea.
—¿Y si no funciona?
Marco sonrió suavemente.
—Entonces habrá valido la pena intentarlo.
Elena sintió sus ojos humedecerse.
—Eres increíblemente complicado…
—Y tú increíblemente valiente.
Se quedaron mirándose.
Como si el tiempo no importara.
—Aún no he decidido —susurró Elena.
Marco asintió.
—Cuando lo hagas… estaré aquí.
Pero en la sombra…
Alguien más escuchaba.
Adrián.
—Un mes… —murmuró.
Y por primera vez…
No parecía querer interferir.
Sino hacer algo distinto.