El reloj avanzaba…
y la decisión también.
Elena estaba sola en el rink.
El hielo vacío.
Silencioso.
Como si esperara su respuesta.
—Ya lo sabes, ¿verdad?
La voz de Marco la sacó de sus pensamientos.
Elena lo miró.
—Sí.
Silencio.
—Me voy.
Marco asintió despacio.
Como si ya lo hubiera aceptado… aunque doliera.
—¿Cuándo?
—En tres semanas.
El aire se volvió pesado.
—Entonces tenemos tres semanas —dijo Marco, forzando una pequeña sonrisa—.
Tres semanas para hacerlas contar.
Elena sintió su corazón romperse un poco… y al mismo tiempo, llenarse.
—Sí.
Montaje (días pasando):
✨ Entrenan juntos, pero ahora sin presión
✨ Ríen más que antes
✨ Se caen… pero se levantan tomados de la mano
✨ Se quedan hablando hasta tarde en las gradas
Pero el tiempo no se detiene.
Último día.
El aeropuerto.
Elena sostenía su maleta con fuerza.
Todo se sentía irreal.
—Odio este momento —murmuró.
Marco soltó una pequeña risa.
—Yo también.
Se quedaron en silencio.
Mirándose.
Como si quisieran memorizar cada detalle.
—Oye… —dijo Marco—. Antes de que te vayas.
Elena levantó la mirada.
—¿Sí?
Marco respiró hondo.
—No importa cuánto tiempo pase… ni la distancia…
Se acercó.
—Te voy a seguir eligiendo.
Los ojos de Elena se llenaron de lágrimas.
—Eres un cursi…
—Pero te gusta.
—Sí… —susurró ella—. Mucho.
Y entonces—
Se besaron.
No fue rápido.
No fue impulsivo.
Fue una promesa.
—Te voy a extrañar —dijo Elena.
—Más te vale volver —respondió Marco.
—Pasajeros del vuelo… —se escuchó por el altavoz.
El momento había llegado.
Elena lo abrazó con fuerza.
—No me olvides.
Marco negó.
—Imposible.
Se separaron lentamente.
Y Elena caminó hacia su nueva vida.
Desde lejos…
Marco la observó hasta que desapareció.
Y por primera vez…
El rink se sintió vacío.
Mientras tanto…
Adrián apareció a su lado.
—Se fue.
Marco no lo miró.
—Sí.
Silencio.
—Voy a entrenar contigo —dijo Adrián de pronto.
Marco frunció el ceño.
—¿Qué?
—No como rival —continuó—. Como alguien que también quiere mejorar.
Marco lo miró por fin.
—¿Por qué?
Adrián respiró hondo.
—Porque ya perdí una vez por orgullo…
y no pienso repetirlo.
Marco lo observó unos segundos…
y luego sonrió levemente.
—Entonces no te quedes atrás.
Dos caminos distintos…
Pero conectados.
Mientras tanto, en otro país…
Elena pisaba una nueva pista de hielo.
Más grande.
Más fría.
Más desafiante.
Pero esta vez…
No tenía miedo.
—Esto apenas empieza —susurró.