Patines y promesas

Capítulo 10: Lo que no dijimos

El estadio internacional era enorme.

Pantallas gigantes.
Público de distintos países.
Presión… en cada rincón.

Elena ajustaba sus patines con manos ligeramente temblorosas.

—Primera competencia aquí —dijo Luca a su lado—. No puedes fallar.

Elena respiró hondo.

—No lo haré.

Pero en su mente…

No estaba solo la rutina.

Estaba Marco.

Días sin hablar bien.
Mensajes cortos.
Silencios largos.

—Concéntrate —añadió Luca—. Aquí no hay espacio para distracciones.

Elena asintió… aunque sabía que mentía.

Mientras tanto…

En su ciudad…

Marco estaba viendo la transmisión en una pantalla del rink.

Adrián estaba a su lado.

—Ahí está —dijo.

Elena apareció en pantalla.

Con un traje nuevo.
Elegante.
Brillando bajo las luces.

Pero no estaba sola.

Luca tomó su mano.

Marco apretó los puños.

—Se ven… bien.

—Se ven como equipo —corrigió Adrián.

En la pista…

La música comenzó.

Elena y Luca se movían con precisión.

Perfectos.
Sin errores.

Pero no había lo mismo.

No había esa chispa.

—Más expresión —susurró Luca—. Estás muy rígida.

Elena intentó soltarse.

Pero algo la frenaba.

El recuerdo de Marco.

En un giro, dudó.

Un segundo.

Suficiente para desfasarse.

—¡Concéntrate! —susurró Luca con dureza.

Elena sintió la presión.

El público.
El entrenador.
Todo.

Y entonces—

Terminó la rutina.

Aplausos.

Buenos.

Pero no extraordinarios.

Detrás del escenario…

—¿Qué fue eso? —preguntó Luca, serio.

Elena frunció el ceño.

—No fallamos.

—Pero tampoco brillamos.

Elena se quedó en silencio.

—Tu mente no está aquí —añadió Luca—. Está con él.

Elena lo miró.

—No es asunto tuyo.

—Sí lo es —respondió—. Porque afecta lo que hacemos.

Silencio.

Esa noche…

Elena llamó a Marco.

—Hola… —dijo ella.

—Te vi —respondió él.

Pausa.

—Lo hicimos bien.

—Sí —respondió Marco—. Bien.

Pero su tono dolía.

—¿Eso es todo? —preguntó Elena.

—¿Qué quieres que diga?

Elena frunció el ceño.

—No lo sé… algo real.

Marco respiró hondo.

—Se veían… cercanos.

El golpe fue directo.

—Es mi compañero —respondió ella—. Tengo que confiar en él.

—Más de lo que confías en mí, al parecer.

Silencio.

Pesado.

—Eso no es justo —dijo Elena.

—¿Y esto sí? —respondió Marco—. Verte con alguien más… como si nada.

—¡No es “como si nada”! —exclamó ella—. Estoy aquí luchando por mi sueño.

—¿Y yo qué? —preguntó él—. ¿En qué lugar quedo?

Elena se quedó en silencio.

Porque no sabía.

—No puedo hacer esto si ya no estás conmigo —dijo Marco, más bajo.

El corazón de Elena se rompió un poco.

—Sí estoy contigo…

—No se siente así.

Silencio.

—Tal vez… —susurró Elena— necesitamos tiempo.

Marco cerró los ojos.

—Tal vez.

La llamada terminó.

Y por primera vez…

No hubo promesa.

Esa noche…

Elena lloró en silencio.

Mientras tanto…

Marco golpeaba el hielo con fuerza.

Y en medio de todo…

Luca observaba desde lejos.

—Ahora sí estás sola… —murmuró.

Pero no sabía…

Que Elena estaba a punto de tomar una decisión que cambiaría todo.




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