Patines y promesas

Capitulo 12: Lo que elegimos

El tiempo se detuvo.

Elena no podía creerlo.

—¿Marco…?

Él estaba ahí.
Frente a ella.
Real.

—Hola —dijo él, con una pequeña sonrisa nerviosa.

Elena dio un paso hacia él.

—¿Qué haces aquí?

Marco respiró hondo.

—No podía dejar que todo terminara así.

Elena sintió su corazón descontrolarse.

—Pero tú dijiste que—

—Lo sé —la interrumpió—. Y lo dije porque dolía… pero eso no significa que fuera lo que quería.

Silencio.

—Entonces… ¿por qué estás aquí? —preguntó ella, casi en un susurro.

Marco la miró directo a los ojos.

—Porque aún te elijo.

El mundo desapareció por un segundo.

Pero entonces—

—Interesante.

La voz de Luca cortó el momento.

Se acercó, serio.

—Así que tú eres Marco.

Marco lo miró sin apartarse.

—Y tú debes ser Luca.

La tensión era inmediata.

—Llegas justo antes de la final —dijo Luca—. Qué conveniente.

—No vine por la competencia —respondió Marco—. Vine por ella.

Elena sintió el peso de ambas miradas.

—Esto no es un juego —añadió Luca—. Aquí no se trata de sentimientos. Se trata de ganar.

Marco dio un paso adelante.

—Para ella sí importa.

Silencio.

Elena cerró los ojos un segundo.

Todo la estaba alcanzando.

—¡Elena! —llamó el entrenador—. Es tu turno en cinco minutos.

El momento había llegado.

Elena miró a Marco.

Luego a Luca.

Dos caminos.

—Voy a patinar —dijo finalmente.

Ambos la observaron.

—Pero no por ustedes —continuó—. Ni por demostrar nada.

Respiró hondo.

—Por mí.

Y se fue hacia la pista.

El estadio rugía.

La final.

La música comenzó.

Elena y Luca entraron.

Los movimientos eran precisos…

pero esta vez—

Había algo más

.
Dolor.
Amor.
Fuerza.

Todo en uno.

Desde las gradas, Marco observaba.

Sin moverse.

—Vamos… —susurró.

Elena giró.

Saltó.

Su tobillo respondió.

Fuerte.

Seguro.

Luca la sostuvo en el levantamiento final.

Y por primera vez…

No fue frío.

Fue perfecto.

Última pose.

Silencio.

Y luego—

Aplausos ensordecedores.

Elena respiraba agitada.

Pero sonreía.

Minutos después…

—Primer lugar… Elena Vargas y Luca Bianchi.

Elena cerró los ojos.

Lo había logrado.

Pero no era lo único que importaba.

Bajó del podio.

Su mirada buscó entre la gente.

Y lo encontró.

Marco.

Se acercó lentamente.

—Lo hiciste increíble —dijo él.

Elena sonrió.

—Gracias… por venir.

Silencio.

—No quiero perderte —dijo Marco.

Elena bajó la mirada un segundo.

—Pero tampoco quiero perderme a mí misma.

Marco asintió.

—Lo entiendo.

Elena levantó la mirada.

—Te quiero… —susurró.

—Yo también.

El silencio fue suave.

—Pero ahora… —continuó Elena—. Necesito seguir este camino.

Marco sonrió, aunque dolía.

—Entonces síguelo.

Elena dio un paso más cerca.

Y lo besó.

Un beso diferente.

No de promesa.

No de despedida.

Sino de verdad.

Cuando se separaron…

—Esto no es un adiós —dijo Elena.

Marco asintió.

—Es un “nos veremos”.

Desde lejos…

Luca observaba.

Pero esta vez…

No había rivalidad.

Solo respeto.

Porque sabía…

que Elena había elegido.

Y no fue a ninguno de los dos.

Fue a sí misma.




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