El sonido del hielo al romperse bajo los patines ya no le intimidaba.
Ahora… le pertenecía.
Elena deslizaba con precisión por la pista internacional. Sus movimientos eran más limpios, más seguros… más libres.
Tres meses.
Tres meses lejos de todo lo que conocía.
Y, aun así… se sentía más cerca de sí misma que nunca.
—Más velocidad en la entrada —indicó Luca, observándola desde la orilla.
Elena frenó con elegancia.
—Si voy más rápido, el giro pierde control.
Luca negó con la cabeza.
—No si confías en tu centro.
Elena suspiró, pero volvió a tomar posición.
—Eres demasiado exigente.
—Y tú te estás volviendo demasiado buena como para no serlo.
Elena sonrió sin poder evitarlo.
—Eso sí fue un cumplido.
—No te acostumbres.
La música comenzó otra vez.
Elena corrió, giró, saltó…
Y esta vez—
Perfecto.
Cayó con firmeza, manteniendo el equilibrio.
Sin dolor.
Sin duda.
Luca levantó una ceja.
—Mejor.
—¿Solo “mejor”? —protestó ella.
—Para alguien como tú… siempre hay más.
Elena rodó los ojos, pero su sonrisa no desapareció.
Porque sabía que tenía razón.
Más tarde…
Elena caminaba sola por la ciudad.
Luces nuevas.
Calles desconocidas.
Pero ya no se sentía perdida.
Se detuvo frente a una vitrina.
Su reflejo la miró.
Más fuerte.
Más segura.
Diferente.
—¿En qué momento cambié tanto…? —susurró.
Su celular vibró.
Mensaje: Marco
“¿Ya terminaste de entrenar?”
El corazón le dio un pequeño salto.
“Elena: Sí… acabo de salir 😊”
Segundos después—
Videollamada.
Elena dudó un segundo…
y contestó.
—Hola…
—Hola —respondió Marco.
Verlo así… en pantalla… después de tanto tiempo…
Se sentía extraño.
Pero bonito.
—Te ves diferente —dijo él.
Elena sonrió un poco.
—¿Para bien o para mal?
—Para… alguien que está logrando lo que quiere.
Elena bajó la mirada.
—Estoy intentando.
Pero no incómodo.
—Te vi en tu última práctica —añadió Marco—. Subieron un video.
—¿Ah sí? —preguntó ella, sorprendida.
—Sí… —sonrió—. Ya no te caes como antes.
Elena soltó una pequeña risa.
—Oye…
—Es en serio —continuó él—. Estás… increíble.
El corazón de Elena se apretó un poco.
—Gracias…
Silencio otra vez.
Más profundo.
—¿Y tú? —preguntó ella—. ¿Cómo vas?
Marco suspiró.
—Mejor.
—¿Con Adrián?
—Sí… —respondió—. Es raro, pero… funciona.
Elena asintió.
—Me alegra.
Otra pausa.
—Te extraño —dijo Marco de repente.
Elena cerró los ojos un segundo.
—Yo también…
Pero esta vez…
no dolía igual.
Porque ya no era necesidad.
Era cariño.
—Pero estoy bien aquí —añadió ella.
Marco sonrió suavemente.
—Lo sé.
Y por primera vez…
ambos aceptaron esa verdad.
—Oye —dijo él—. Cuando vuelva a verte…
Elena levantó la mirada.
—Quiero competir contigo.
Elena sonrió.
—Entonces entrena más.
—Siempre lo hago.
Ambos rieron.
—Tengo que irme —dijo Elena—. Mañana entreno temprano.
—Sí… yo también.
Silencio.
—Buenas noches, Elena.
—Buenas noches, Marco.
La llamada terminó.
Elena se quedó mirando la pantalla unos segundos.
Luego respiró hondo.
Y sonrió.
Al mismo tiempo…
En otra ciudad…
Marco apagó su celular.
Adrián lo miró desde la pista.
—¿Ella?
Marco asintió.
—¿Y?
Marco pensó un momento.
—Está bien.
Adrián sonrió levemente.
—Eso es bueno.
Marco se colocó los patines otra vez.
—No he terminado.
Se lanzó al hielo.
Más rápido.
Más fuerte.
Porque aunque estuvieran lejos…
seguían avanzando.
De vuelta con Elena…
Elena regresó al rink.
Vacío.
Silencioso.
Se colocó en el centro.
—Una vez más… —susurró.
Y comenzó a patinar.
Sin presión.
Sin miedo.
Solo por ella.
Y en cada giro…
había algo claro.
No estaba huyendo del pasado.
Estaba construyendo su futuro.