La noche caía lentamente.
La ciudad brillaba… pero la habitación de Elena estaba en silencio.
Ella estaba sentada en la cama, con el celular entre las manos.
Mirándolo.
Dudando.
Habían pasado días desde la última llamada.
Días sin escuchar su voz.
—Debería estar bien… —murmuró.
Y lo estaba.
Pero no del todo.
La pantalla se iluminó.
Marco está llamando…
El corazón de Elena dio un salto.
Contestó.
—Hola…
—Hola…
Silencio.
Pero esta vez…
no era incómodo.
Era suave.
Como si ambos tuvieran miedo de romperlo.
—Pensé que no ibas a contestar —dijo Marco.
Elena sonrió un poco.
—Pensé que no ibas a llamar.
Ambos soltaron una pequeña risa.
—¿Cómo estás? —preguntó él.
Elena miró hacia la ventana.
—Cansada… pero feliz.
—Se te nota.
—¿Ah sí?
—Sí… —respondió Marco—. Suenas diferente.
Elena bajó la mirada.
—Creo que… estoy encontrando mi lugar.
Silencio.
—Me alegra —dijo él.
Y lo decía en serio.
Pero eso no evitó que doliera un poco.
—¿Y tú? —preguntó Elena.
Marco se acomodó en la pantalla.
—Entrenando… mucho.
—Siempre.
—No tanto como tú.
Elena sonrió.
—Oye… —dijo Marco de pronto.
Elena levantó la mirada.
—He estado pensando en nosotros.
El corazón de Elena se tensó.
—Yo también…
Silencio.
—No quiero que lo nuestro… se convierta en un recuerdo triste —continuó él.
Elena sintió un nudo en la garganta.
—Tampoco yo.
—Pero tampoco quiero presionarte —añadió—. Ni que sientas que tienes que elegir.
Elena lo miró fijamente.
—Nunca me hiciste sentir eso.
Marco sonrió suavemente.
—Aun así… quiero hacerlo bien esta vez.
Elena sintió algo cálido en el pecho.
—¿Y cómo sería “bien”? —preguntó en voz baja.
Marco dudó un segundo.
—Seguir aquí… contigo… pero sin detenerte.
Elena se quedó en silencio.
—Como ahora —continuó él—. Hablando… apoyándonos… sin rompernos.
Las palabras le llegaron directo al corazón.
—Eso suena bonito… —susurró ella.
—Porque lo es.
Silencio.
Pero diferente.
Más cercano.
—Oye… —dijo Elena.
—¿Sí?
—¿Te acuerdas de la primera vez que patinamos juntos?
Marco soltó una risa.
—Claro… casi te dejo caer.
—¡Casi! —protestó ella—. Fue tu culpa.
—Fue tu miedo.
—Fue tu ego.
Ambos rieron.
Y en ese momento…
la distancia se sintió más corta.
—Extraño eso —dijo Elena de repente.
Marco la miró.
—Yo también.
Silencio.
—Extraño cuando no teníamos que pensar tanto —añadió ella—. Cuando todo era más simple.
Marco asintió.
—Tal vez no era más simple…
Elena lo miró.
—Tal vez… solo éramos más valientes.
El corazón de Elena latió fuerte.
—Entonces… seamos valientes otra vez —susurró ella.
Marco sonrió.
—Me gusta esa idea.
Silencio.
Pero esta vez…
se sentía como un abrazo.
—Oye —dijo Marco suavemente—. Cuando vuelva a verte…
Elena contuvo la respiración.
—No quiero quedarme con la duda.
Elena lo miró fijamente.
—¿Qué duda?
Marco sonrió levemente.
—De si lo nuestro… todavía puede ser algo más.
El corazón de Elena se aceleró.
—Yo tampoco quiero quedarme con esa duda.
Silencio.
Pero esta vez…
no había miedo.
—Entonces… —dijo Marco—. Prométeme algo.
—¿Qué?
—Que cuando nos veamos… vamos a ser honestos.
Elena asintió.
—Lo prometo.
Marco sonrió.
—Yo también.
El silencio volvió…
pero no vacío.
—Tengo entrenamiento temprano —dijo Elena finalmente.
—Yo también.
Ambos dudaron.
—Buenas noches, Elena.
—Buenas noches, Marco.
Pero antes de colgar—
—Oye…
—¿Sí?
Elena sonrió suavemente.
—Te sigo eligiendo… solo que ahora… también me elijo a mí.
Marco cerró los ojos un segundo… sonriendo.
—Esa es mi chica.
La llamada terminó.
Elena dejó el celular a un lado.
Su corazón latía fuerte…
pero tranquilo.
Porque esta vez…
no era un amor que la detenía.
Era uno que la acompañaba.