El estadio estaba lleno otra vez.
Pero esta vez… era distinto.
No era solo una competencia más.
Era el torneo internacional más importante del año.
Elena respiró hondo detrás de la pista.
Sus manos no temblaban.
Su mirada era firme.
—Hoy no puedes fallar —dijo Luca, ajustando sus guantes.
Elena sonrió levemente.
—Hoy no quiero fallarme.
Luca la miró.
Y por primera vez…
no respondió con exigencia.
—Pase lo que pase… —dijo—. Ha valido la pena patinar contigo.
El corazón de Elena dio un pequeño vuelco.
—Gracias, Luca…
Silencio.
—Y si después de esto… decides otro camino —añadió él—. Lo voy a respetar.
Elena lo miró sorprendida.
—Siempre supe… —continuó— que tu corazón no estaba solo aquí.
Elena no respondió.
Porque no hacía falta.
—Pero sí sé algo —terminó Luca—. Eres increíble.
Elena sonrió.
—Tú también.
Desde las gradas…
Marco observaba.
Había viajado.
No para interrumpir.
No para pelear.
Solo para ver.
Porque esta vez…
iba a aceptar lo que pasara.
—Es tu turno —llamó el entrenador.
Elena cerró los ojos un segundo.
Recordó todo.
El inicio.
Las caídas.
El beso.
La distancia.
Y entonces…
entró a la pista.
La música comenzó.
Cada movimiento era perfecto.
Pero no solo técnico.
Era real.
Cada giro llevaba emoción.
Cada salto… historia.
Luca la sostuvo en el levantamiento final.
Y cuando la bajó…
sus miradas se cruzaron.
No como antes.
Ahora…
como despedida.
Última pose.
Silencio.
Y luego—
Aplausos que estremecieron todo el estadio.
Elena respiraba agitada.
Pero sonreía.
Sabía que lo había dado todo.
Minutos después…
—Primer lugar… Elena Vargas y Luca Bianchi.
El estadio estalló.
Pero Elena…
solo pensaba en una cosa.
Bajó del podio.
Buscó entre la gente.
Y lo encontró.
Marco.
Se acercó lentamente.
Él no dijo nada.
Solo la miró.
—Lo logré… —susurró Elena.
Marco sonrió.
—Siempre lo supe.
Silencio.
El momento que había esperado tanto…
había llegado.
—Marco… —dijo Elena.
Él asintió.
—Prometimos ser honestos.
Elena respiró profundo.
—Te quiero.
El corazón de Marco se aceleró.
—Pero…
El silencio se volvió eterno.
—También me quiero a mí misma más que antes.
Marco no apartó la mirada.
—Y ahora sé… que no puedo elegir desde el miedo… ni desde la costumbre.
Elena dio un paso más cerca.
—Si voy a estar contigo… tiene que ser porque ambos crecemos. No porque nos necesitemos.
Marco sonrió suavemente.
—Entonces hagámoslo bien.
Elena lo miró, sorprendida.
—Sin prisa… —añadió él—. Sin presión.
El corazón de Elena se llenó.
—¿Eso significa…?
Marco se acercó.
—Que quiero volver a intentarlo… contigo.
Elena sonrió…
y esta vez no dudó.
Lo besó.
Un beso fuerte.
Seguro.
Elegido.
No como antes.
Ahora…
como decisión.
Cuando se separaron…
—Esta vez… sin perdernos —susurró Elena.
—Esta vez… juntos de verdad —respondió Marco.
A unos metros…
Luca observaba.
Pero no había tristeza.
Solo una leve sonrisa.
Porque entendía.
Y porque sabía…
que también había sido parte de su historia.
Elena tomó la mano de Marco.
Y por primera vez…
no sintió que tenía que elegir entre amor o sueños.
Porque ahora…
tenía ambos.