Con el tiempo fui adaptando me, a mi nuevo hogar y a mi nueva familia...
Corrine se negó, a cambiarme el nombre así que todas me llamaban Paulette. Mi llegada había sorprendido a todas las mujeres que vivían en esa majestuosa casa, ya que al día siguiente, mi tía me había presentado como lo que era; su sobrina, hija de su única hermana, quien acababa de fallecer.
Todas comenzaron a murmurar por lo bajo, puesto que algunas si habían conocido a mi madre, la mayoría y otras la habían escuchado mencionar en conversaciones.
Lo que me hizo preguntar me, si ella y mi progenitor, se habían conocido en otras circunstancias ajenas a mi.
Corinne fue clara al decir, que al igual que ellas, yo trabajaría pero en la cocina, junto con tres mujeres más y una chica de mi edad, en ese momento.
Una mujer de cabellos castaños y ojos del mismo color, sonrío mostrando los dientes y el labial rojo corrido.
—Debería ser una mujer más de la noche, una prostituta más como nosotras ¿No? Es demasiado bonita, para estar en la cocina — dijo mirándome directamente con una sonrisa de lado — ganarías mucho dinero con ella, jefa.
—Dios mío, Sasha ¿Es que en las mañanas tus neuronas no funcionan bien, querida? Es su sobrina, obviamente que tiene que estar alejada de este trabajo.
Hablo otra mujer, de baja estatura, piel color chocolate y cabello casi rubio oscuro, sus ojos eran grandes esferas negras brillantes, y al igual que todas llevaba collares, y un camison de seda fino, con una bata.
—Eva tiene razón, Corinne tiene que proteger a su sobrina, como a Amanda le hubiera gustado que fuera.
Al escuchar el nombre de mi madre salir de sus labios, con tanta familiaridad, mis dudas se despejaron por completo.
Y la rabia llegó a mi, como un balde de agua fría.
—Me mintió, ella me engaño
Encare a Corrine, quien miraba a las mujeres enojada y ellas se disculpaban apenadas, menos una.
Sasha
—Ay corazón ¿Amanda también te uso a ti, como uso a Corrine?
—Basta ya, Sasha es una niña...
Sasha se gira hacia sus amigas
— ¿Y? Que sepa que es igual que todas nosotras Carolina, producto de un vil engaño, que su madre creyó que un hombre de alta cuna, dejaría todo por ella, y en cambio la volvió su amante, escondida en una pobre cabaña hasta que murió.
— ¡Silencio ya! Se largan todas de aquí...
— La que se larga soy yo, no quiero verte... Ella me mintió y tu también, y John también ¡Todos me mintieron!
Sali corriendo del salón y pase toda la tarde, encerrada en mi habitación, en el tercer piso.
Desde ahí vi la noche llegar, pegada a la ventana, cuando los coches entraban al camino de piedras y flores, hasta llegar a la entrada de esta, bajaban con sus trajes finos y sombreros altos.
Llegaban a dar bolsas de obscenas monedas de oro, por una noche de caricias y besos, furtivos.
Saliendo de mi ensoñación, vi como se abría la puerta de mi habitación y entraba Alicia, con una bandeja de comida, pan con mantequilla y una tasa de chocolate.
Mira a su alrededor y deja la bandeja en la mesa que está al centro.
—Tienes una bonita alcoba, niña. La señora te quiere mucho.
Sonrio con burla
— El concepto que tienes de querer, es muy raro Alicia. No se le miente a quien se dice querer, tampoco se le ignora toda una vida y aparece de la nada.
Suspira
— ¿Te bajas de ahí? Me pones nerviosa — salto del marco de la ventana y la miro — Le pediré a los muchachos, que te suban un sofá, muy bonito que está en el ático, para que puedas sentarte ahí.
Sonrio
— Eso es para ellas, o para las mujeres de alta cuna, no para una bastarda huérfana como yo.
Me abre sus brazos, haciendo un movimiento con la cabeza, para que me acerque y eso hago.
Me envuelve en sus brazos y yo instintivamente le devuelvo el gesto.
—Mira el lado bueno, estas con tu tía, y ella va a cuidarte y a quererte no como Amanda te quería, pero si te querrá.
— ¿Tú la conociste? — Me alejo mirando la — ¿Ella y mi padre se conocieron aquí? ¿Él pago por sus servicios?
— Niña...
—No, no me llames así y responde me por favor. Corinne nunca lo hará, hazlo tú, Alicia responde me.
Se sienta en la cama, mirando las sábanas blancas impecables, del mismo color que las paredes. Estaba en un lugar donde el blanco predominaba y no se porqué, pero eso me hacía sentir incómoda .
—Alicia por favor, necesito respuestas ¿Mi madre fue una prostituta? ¿Fue la querida de mi padre? ¡Alicia solo dame un si!
— Si
Dice mirándome, doy la vuelta abrazándome a mi misma
—Vete, quiero estar sola , por favor
— Corazón...
— Es mi habitación¿No? Anoche dijiste que aquí te ordenaba yo, así que te ordeno que te vayas y me dejes sola. Por favor.
Escuché un adiós, débil de su parte y el sonido de la puerta cerrando se, me gire y comencé a llorar a mares.
Las lágrimas salieron como cascadas de mis ojos, bajando por mis mejillas. Estar en esa habitación donde el blanco predominaba, ese color que significaba pureza, lo que yo no tenía, ya que era la hija de una prostituta, de la querida de un hombre rico.
Sali de ahí, corriendo escaleras arriba.
Ignorando la música, las risas y voces, el olor a tabaco que inundaba el lugar.
Corrí del tercer piso al cuarto y al llegar al quinto, recorrí el pasillo de tres puertas y paredes de color azul cromado, hasta llegar a la última puerta roja y abrir la .
El ático
Un lugar lleno de muebles, camas, tocadores, candelabros, telarañas y sabanas llenas de polvo que un día, habían sido blancas.
Camino y me encuentro con unos cuadros, detrás de estos unas ventanas y al costado una puerta, que trato de abrir, sin lograr lo.
—¿Qué nunca te han dicho que esta prohibido subir al ático?
Una voz
Gruesa, profunda y pausada, me hace sobresaltar.