Paulette

CAPITULO 4

Bajo al salón, y todas las chicas estaban ahí; alrededor de quince bellas damas, entre ellas dos niñas de dieciocho y quince años, que querían aprender del ofició.

—Paulette cariño, ven a aquí, siéntate con nosotras.

Camino hacia Eva, sentando me entre ella y Claudia.

—¿Carolina?

— Sigue enferma, el doctor vendrá hoy a verla, esperemos que se recupere pronto.

—Amen — dice Eva con un tabaco en la boca, mirándome seria — ¿Y ese vestido? No te queda bien, no me gusta ¿Dónde esta el vestido, que te regale el mes pasado?

—Trabajo en la cocina Eva, no esperas a que use un vestido para un baile, mientras friego los pisos.

—Bruta eres una...

—Eva, por favor..

— No — señala a Claudia con el tabaco en las manos — Le di el vestido, para que se lo pusiera, no para que lo guardara como todos los demás que...

—En ningún momento, he pedido tus limosnas Eva — me levanto

—No seas orgullosa Paulette, eso fue...

—¿Qué estás haciendo tú aquí?

Me giro hacia Corinne, quien llevaba un sencillo vestido largo color celeste, el cabello recogido en un moño bajo y un collar de perlas rojas y rubí.

—Tu nos has citado, señora

—Las cité a ustedes Claudia, no a ella ¿Qué haces aquí? No te compete nada de lo que se hable en este momento.

—Déjala aquí, tal vez ya se dio cuenta que está perdiendo su belleza en la cocina o se aburrió de ser una criada.

Al fondo en una esquina, sentada en una silla con las piernas cruzadas y un vestido negro con velo, cubriendo le su rostro, está Sasha.

No puedo ver su expresión, pero me la imagino sonriendo .

— Tu le dijiste a Selene, ¿no Corinne? ¿Acaso las viudas se vuelven prostitutas a la semana de enterrar al marido? — ataca Eva

Se abanica, y siento su mirada en mi

— Se me permitió volver, querida ¿Me has extrañado?

Los murmullos se comienzan a expandir por la sala, y Alicia como Eva, miran consternadas a Corinne, quien se quita los guantes con una sonrisa cargada de molestia .

— Y ¿Se puede saber quién te lo permitió? Por que, fui clara al decir que no te quería de nuevo aquí, no después de lo que hiciste.

— ¿Y que hizo?

— Trato de matarla a ella — escucho decir detrás mio

—Yo le di permiso de volver, Corinne

Se escuchan pasos, se ahogan exclamaciones y siento corrientes eléctricas en mi cuerpo.

Siento que puedo convulsionar en cualquier momento

Mi corazón comienza a latir, como un tren en marcha

Un hombre

Tan guapo como el pecado posible, con el cabello bañado en miel, los ojos como rayos de sol, su rostro serio, con las facciones marcadas, mandíbula grande y labios sonrosados y besables.

Lleva un traje negro y el cabello hacia atrás, es alto quizás 1.90.

— Señor — Alicia junta las manos frente a ella y suspira — mi niño — el impulso de querer abrazarlo se ve pausado por el señalando me.

Dios mío

— ¿Quién es ella? — Silencio, solo puedo escuchar mis latidos y los de Eva, quien me toma de la mano, escondiendo me detrás de ella, pese que es más bajita que yo. — ¿Quién es ella, Corinne? — su voz es un látigo al rojo vivo.

Fuerte, grave y pausada

— Una más de las muchachas...

— ¿Segura? — mueve la cabeza — ¿No es tu sobrina, la hija de la difunta Amanda, tu hermana?

Miro a Corinne, quien me devuelve el gesto

¿Qué está pasando aquí?

— Alicia lleva a la hija de Amanda a mi estudio, y tú vienes conmigo. Ahora — se da la vuelta y Corinne corre hacia mi.

Toma mi rostro entre su manos y yo comienzo a temblar

— ¿Qué está pasando? — digo en un susurró

—Tranquila todo estará bien, te lo prometo, tu tranquila.

—Corinne — no alza la voz, pero es suficiente el tono autoritario, para declararlo como una orden.

Ella sale de la sala y todo se vuelve un maldito caos.

Eva comienza a gritarle a Sasha, quien la ignora manteniendo sus ojos en mi, mientras Alicia me saca del lugar y me lleva al estudio.

— ¿Va a matarme? ¿Él?

— No claro que no, niña. Está molesto si, por eso debes de decir la verdad y solamente la verdad, mi niño es un amor.

¿Su niño? Parecía una bestia en calma, esperando un movimiento en falso de sus presas e incar el diente.

Subimos las escaleras al segundo piso, doblamos en el pasillo y llegamos al estudio de puerta roja.

Abre la puerta y pese a que me resisto, con fuerza Alicia me adentra cerrando después.

Con llave

— ¡Alicia abre! Por favor ¡Alicia!

— Tranquila, tu solo di la verdad, mi niño es un amor, él te escuchará.

— ¡Alicia! ¡Abre por favor! ¡Alicia!

Pese a mis suplicas y mis golpes a la madera, ella no abrió, se marchó, cantando que su niño era un amor.

Un amor que me destruirá, con sus propias manos.

Me quedo pegada a la puerta, hasta llegar al suelo y comienzo a respirar pesado, evitando las lágrimas.

— No llores, no llores, por favor Paulette, no llores.

Cuenta, cuenta, cuenta...

Me repito, comenzando a contar mientras, me voy alejando de la puerta, observando el estudio, la única habitación a la que no podía entrar, que estaba prohibida para mi. Porque era del señor, del dueño y jefe de esta casa, él.

Me fijo en los cuadros que decoran la pared, cuadros de hombres y mujeres de antes, todos con sus ropas de gala, serios, impecables, sin sonrisas, ni emoción en sus ojos.

No habían nombres, pero supuse que era su familia, habían dos ventanales grandes dando al patio principal, con cortinas blancas.

En medio de la estancia, estaba un escritorio negro caoba, reluciente con dos sillas y sobre el, otro cuadro, igual pero a la misma vez distinto, del resto:

La mujer del cuadro, sonreía; no solo con los ojos si no que también en sus labios, mostraba una hermosa y gran sonrisa. Era hermosa, su belleza era calida y sofisticada, sus grandes ojos eran como la miel, su cabello castaño lo llevaba suelto con pequeñas rizos en las puntas.



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En el texto hay: mentiras, romance, amor

Editado: 12.01.2026

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