Paulette

CAPITULO 6

—Recuerdo escuchar que la puerta se abría, y sentir el olor a cerveza, por un momento pensé que era Sasha, pero al darme la vuelta y ver que era él, sentí miedo, mucho miedo. Tenía el vestido a medio poner y la espalda descubierta, él me llamo por el nombre de ella, y me dijo que esa noche me miraba bonita, diferente, como una muñeca nueva y no una vieja y usada.

El carruaje no se ha detenido, pero siento el avanzar del tiempo lento, como su agitada respiración hace compás con la mía y como sus ojos, se vuelven turbios y fríos.

— Grite cuando se acercó, tambaleante sucio y asqueroso, con las ropas arrugadas y llenas de licor. Me arrastre por la cama, para llegar a la puerta, pero me tomo de la pierna asi que grite más fuerte, pidiendo ayuda. Sentí asco cuando sus dedos fríos me tocaron la piel de la espalda y sus asquerosas palabras fueron "Sasha tu piel parece seda, y no estropeada" quería vomitar y pensé lo peor cuando... Cuando... Me dio la vuelta y....

No me di cuenta que estaba convulsionando frente a él, que mi voz temblaba con mi cuerpo y que las lágrimas ya rodaban por mis mejillas.

En un momento lo tengo frente a mi, con sus manos fuertes sosteniendo mis brazos y sus ojos viendo lo mios.

—¿Que pasó?

—Por favor — digo por lo bajito, pero él me ignora

— ¿¡Dime qué paso!?

Me aferró a sus brazos y suelto, palabras sin sentido, con el llanto abrazador que sale desde el fondo de mi.

—Sasha llegó, y nos encontró y yo, yo pensé que ella me salvaría, pero no — lloro más fuerte, cuando el recuerdo llega con más fuerza a mi — ella me grito me dijo que le estaba coqueteando a su marido, lo empujo lejos de mi, me levanto de la cama y su mano golpeó mi rostro repetidas veces, antes que llegaran a detenerla. Salí corriendo del cuarto, escaleras abajo hacia la cocina y... Y ... Ella me siguió y...

Comienzo a llorar frenéticamente, las emociones de ese día, aún están grabadas en lo más escondido de mi ser, pero también en mi piel.

Sus manos grandes toman mi rostro, y lo alzan para que vea sus ojos, y su expresión de incertidumbre.

—¿Que pasó? ¿Que más hizo Sasha? ¿Que más hizo?

—No por favor, no más —digo llorando aferrada a sus manos

Pero Vladimir no me escucha

— ¡Dime qué te hizo!

Suelto palabras sin sentido, pero llenas de verdad y dolor.

—Corri hacia la cocina porque yo siempre trabaje ahí, mi trabajo siempre fue ahí, y le juro... Yo le juro que nunca un hombre me ha tocado ¡Jamás! — Llore con más fuerza — Había una olla con agua hirviendo, era grande y estaba casi en su punto. Sasha entró perdida en si y en sus emociones, yo le dije, le suplique y le jure, pero me ignoro y cuando yo...cuando yo ... Quise irme ella... — Vuelvo a llorar, pero él toma mi rostro elevando lo sin dejar de verme — ella vertió el contenido de la olla en mi espalda... El agua hirviendo cayó en la piel de mi espalda y yo solo pude gritar, y llorar de dolor al sentir como mi piel se quemaba.

Un grito sale de su pecho, el carruaje se detiene bruscamente y él sale, dejando me caer donde lloro desconsoladamente, recordando ese día.

En medio de las lágrimas puedo ver cómo sale, furioso y cegado por la rabia, que brilla en sus ojos.

Un hombre alto, más alto que Vladimir llega; tiene la piel tostada por los rayos del sol, sus ojos son azules tan azules que hipnotizan, su cabello castaño oscuro, lleva ropa de forastero, combinando los colores negro y café, junto con su sombrero.

Se baja del caballo, mira en mi dirección y luego a Vladimir.

Lanza un grito dando una orden, para después seguir al hombre que parece un animal salvaje, a punto de asesinar a alguien.

Y en ese momento entra una doncella, de cabello rubio, ojos color chocolate y piel de porcelana, con las mejillas sonrojadas.

—Hola soy Angeles ¿Tu eres Paulette cierto?—Inclina la cabeza y se adentra, tomando asiento en el suave y acolchado asiento. Luego golpea la madera cerca de la ventana — Puedes seguir — Me mira y sonríe cerrando la puerta.

Miro hacia afuera y mis ojos cruzan por última vez con dos esferas de luz solar, que me miran intensamente. Un suspiro me sacude el cuerpo, y su mirada se vuelve más turbia e inquietante.

— Oh, eres demasiado bonita — dice con un tono de amabilidad, que me hace suspirar más fuerte. Entonces comienza a buscar, adentro de una cesta pequeña que coloca junto a ella y la cual lleva un listón blanco. — Ten y es de seda. — Me extiende un suave y fino pañuelo blanco, con bordado celeste y una A, bordada a mano.

Y entonces me doy cuenta que su uniforme es celeste y blanco, como su pañuelo.

— Gracias — digo y mi voz suena como un graznido, la observó mientras compruebo lo suave que es el pañuelo.

Sigue buscando en su pequeña cesta, pero luego de unos minutos, suelta un chasquido de frustración.

Y me mira

—Cuando lleguemos a la posada, pediré que te suban un té de hierbas. Para los nervios.

Niego con la cabeza, pensando que a Vladimir no le gustaría esa atención dirigida a mi persona.

— Trabajo en la cocina y no creo...

Su seño se frunce

—Cecilia y Laura se encargan de la cocina, con dos chicas más, la señora y yo nos encargaremos de ti y luego esa mujer... De velo negro. —Sasha, pienso y ella niega con la cabeza al terminar su oración y seguir con otra — Créeme Paulette tu no seras una empleada como nosotras, serás más.

Sonríe, una bonita y dulce sonrisa que deja ver sus brillantes y blanco dientes.

—¿Porqué lo decis? — pregunto con curiosidad

Sus ojos se vuelven astutos y serios

— Por que lo presiento, y se que no me equivocare . Lo sé, confía en mí.

Ladeó la cabeza

— Y ¿Si te equivocas?

La seguridad con la que habla a continuación, me deja con una calidez en el corazón.

—Yo nunca me equivoco Paulette, se perfectamente, el lugar de cada persona en el mundo. Tu naciste para casarte con un noble, no para terminar en la cocina.



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En el texto hay: mentiras, romance, amor

Editado: 08.03.2026

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