Paulette

Capitulo 7

Feliz cumpleaños a mi , les dejo el siguiente capítulo disfruten de su lectura 🌹

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Entramos a la posada, por fuera sus paredes y fachada es de color blanco, combinando otros dos colores; verde mente y celeste aqua. Pero por dentro, el celeste aqua predomina.

Hay enredaderas pintadas en las paredes, con rosas blancas y algunas rojas, al final de estas.

La posada es de tres pisos, en el primero esta el recibidor, luego el comedor y un pequeño bar al fondo.

A lado derecho están las escaleras bañadas en café chocolate brillante, con adornos de primavera: flores o canastas con más flores, que cuelgan de ellas.

Vladimir me toma con mas fuerza, mientras sube conmigo al siguiente piso, no saluda a nadie, no habla con nadie, pero antes de perdernos arriba, veo al hombre con aspecto de forastero, y a Angeles y demás mujeres que nos acompañan, entrar y caminar hacia el recibidor.

Mientras subimos, encontramos algunos retratos, de hombres y mujeres, y en esta ocasión, varios sonríen, jóvenes, mayores e incluso, hay uno de una mujer de avanzada edad, con tres niños.

Al llegar, al segundo nivel, hay un cuadro que me llama la atención, es una mujer aparentemente de mi edad, tiene el cabello negro, justo arriba de los hombros, lleva un vestido blanco, con mangas cortas y un lazo naranja en la cintura. Su piel es blanca como la mía, las mejilla sonrojadas, la nariz pequeña y labios rojos.

Sus ojos son grandes, como dos esmeraldas resplandecientes, bajo unas pestañas largas y negras.

Siento una calidez en el pecho y un sentimiento, de que ya la conozco, de que la he visto antes, pero no se donde.

Vladimir sigue caminando, hasta el final del pasillo, pasamos varias puertas de color blanco, hasta doblar en una esquina y llegar a la única puerta verde, con marco blanco.

El abre la puerta y entramos. Me baja, y puedo pasar una vista más detallada por la habitación, mientras cierra la puerta detras suyo.

Hay una cama grande, la ropa que la adorna es de un cálido color crema, las cortinas de las ventanas son del mismo tono.

Hay dos mesitas a cada lado de la cama y en una de ellas, hay un jarrón con rosas, rojas.

La pequeña araña pegada al techo, brilla con pequeñas luces y diamantes que roban mi atención.

Escucho un carraspeo y alejo mi vista del techo, mirando al hombre que me está observando fijamente.

Le devuelvo la mirada y por unos segundos, que luego se vuelven minutos, nos miramos. Sus ojos llamean intensamente, que siento que ardo bajo esa mirada dorada.

Sin quererlo suspiro, el se aclara la garganta dispuesto a hablar, pero entonces tocan a la puerta y ambos miramos hacia esa direccion.

Y del otro lado, una dulce y suave voz, se presenta

— ¿Vladimir? — luego tose, como si se diera cuanta de un error — señor, ¿me permite entrar? He traido un recado, de mi madre.

Giro a ver a Vladimir, cierra los ojos, asiente con la cabeza y luego responde:

— Puedes pasar, Laura.

La puerta se abre dejando entrar a una señorita, mucho mas joven que yo y muy hermosa, de cabello cobrizo casi naranja, mejillas sonrojadas y unos grandes ojos marrones, que hacen juego con su pequeño y fino rostro, lleno en su totalidad de pecas.

Lleva un uniforme del mismo color que el de Angeles, coloca sus manos entrelazadas enfrente, nos mira a ambos y luego se aclara la garganta.

— Señor, mamá pide, le pide que por favor, la señorita comparta la habitación conmigo o mi tía. Ademas, le suplica que use su razon y sentido comun... — sus ojos se abren mas, el rojo tiñe sus mejillas y se pone aun mas nerviosa — y no haga algo que manche su reputacion y principalmente la de ella.

Jadeo, alto y claro, entendiendo perfectamente sus palabras, lo que quiere decir y lo que piden.

Miro al hombre alto y atractivo como el pecado mismo, resoplar, mirar al techo y llevar sus grandes manos a sus caderas, mientras sacude la cabeza.

— Laura, dile a Cecilia...

Pero ella levanta una mano, aun mas roja, el rubor se extiende hasta su cuello. Mira a su jefe totalmente asustada.

El gruñe, juro por dios que gruñe, y mi cuerpo tiembla

— Termina — anuncia y ella mueve la cabeza frenticamente.

— Ella dice que de negarse, al menos permita que la señorita duerma en una habitación cerca de nosotras, por favor. — Ahora suspira y cierra los ojos, pero sigue hablando — Cesar, me pidió que le comunicara que bajara, es de suma importancia, tiene lo que usted le encomendó.

Cuando termina de hablar, sus ojos se abren, lo mira a el, quien parece como un león enjaulado, con los ojos en llamas y los blancos dientes rechinando, y luego ella me mira a mi, con curiosidad.

Le muestro una pequeña sonrisa, y puedo ver como sus hombros se relajan un poco.

Lo que me hace preguntarme, si ella me tendrá en el mismo concepto que su tía, que estoy destinada, a ser alguien importante en la vida de Vladimir.

Bajo todo pronostico, Vladimir prácticamente obedece las indicaciones de la señorita Cecilia, pero no al pie de la letra. Creo que no seria propio de él, me atrevo a pensar.

— Dile a Cecilia, que Paulette se quedara en esta habitación, y yo en la contigua, para no manchar nuestra honorable reputación. — Brama y tengo miedo que nos salpique con fuego, ya sea a Laura o a mi. — Bajare para reunirme con Cesar, pídele a Angeles, que ayude a Paulette a instalarse aquí, y le consiga comida y ropa nueva.

Me vuelvo hacia él, dispuesta a negarme, pero el levanta un dedo en mi dirección, con el ceño fruncido.

— No he terminado contigo, y tampoco he dado el permiso para que hables.

Siento el enojo crecer en mi interior y no me molesto en retenerlo, cuando sale a flote.

— No necesito de su permiso señor, y no acepto ropa nueva, no la necesito, no la quiero.



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En el texto hay: mentiras, romance, amor

Editado: 06.07.2026

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