Pecados, Sangre y Seda

La Tinta de la Corrupción.

La segunda semana del juicio fue un descenso a la madriguera del conejo. Marc, trabajando desde una oficina segura en el sótano del tribunal, había descubierto que los registros bancarios que habían recuperado en Florencia estaban siendo borrados sistemáticamente de los servidores de la nube.

—Es un virus de borrado selectivo —explicó Marc a Elena y Julian durante un receso—. Alguien dentro del sistema judicial está facilitando el acceso. La Fundación está usando su "influencia oculta" no para ganar el juicio, sino para anularlo por falta de pruebas consistentes.

Elena volvió al estrado bajo una presión inmensa. El fiscal le pidió que identificara una serie de firmas en contratos de transferencia de obras de arte. Eran firmas de hombres poderosos: ministros, banqueros, incluso un miembro de la realeza europea.

—Señorita Elena, ¿puede confirmar que estas firmas corresponden a los documentos que vio en la villa del Conde di Lucca?

—Puedo confirmarlo —respondió ella—. Pero más importante aún, puedo probar que la tinta utilizada en estas firmas contiene marcadores químicos específicos que la Fundación usa para datar sus documentos secretos. Es una mezcla de pigmentos del siglo XVIII con polímeros modernos de alta seguridad.

Sterling, el abogado defensor, saltó de su asiento. —¡Objección! La testigo está especulando sobre química sin ser una perito acreditada en esa área.

—Soy restauradora —replicó Elena directamente al juez—. Mi vida consiste en analizar la química del tiempo. Esa tinta no se puede comprar en una papelería. Se fabrica en un laboratorio en Suiza que pertenece a una subsidiaria de la Fundación.

El juez permitió la línea de interrogatorio. Sin embargo, cuando la fiscalía intentó presentar el análisis químico de las muestras, se produjo un apagón en el edificio. Cuando la luz volvió, las muestras originales habían desaparecido de la mesa de pruebas.

—Esto es un circo —susurró Julian, apretando los puños.

Elena se dio cuenta de que el juicio era una distracción. Mientras ellos luchaban en La Haya, la Fundación estaba reorganizando sus activos. Dante no estaba allí para defenderse; estaba allí para observar cómo sus enemigos se agotaban contra un sistema que él controlaba.

Esa noche, Elena recibió una nota en su hotel. No tenía remitente, solo una dirección en los muelles de Rotterdam y una frase: "El juicio es el marco, pero el cuadro ya ha sido cambiado".

A pesar de las advertencias de Julian, Elena decidió ir. En un almacén desierto, encontró a una antigua secretaria de la Fundación que temía por su vida. La mujer le entregó un disco duro físico, el único que no estaba conectado a la red.

—Dante es solo una pieza —dijo la mujer, temblando—. Él no es el líder. Hay un consejo de "Siete Sombras". Y uno de ellos está en el estrado con usted cada mañana.

La revelación golpeó a Elena. La corrupción no estaba cerca del juicio; el juicio era la corrupción. La Fundación estaba usando el proceso legal para lavar sus activos y salir con una "sentencia de inocencia" que los haría intocables para siempre.



#807 en Thriller
#5439 en Novela romántica

En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.