Pecados, Sangre y Seda

El Renacer de las Cenizas.

Seis meses después del veredicto de La Haya, el mundo del arte parecía haber recuperado cierta normalidad. La Fundación Sombra era ahora un caso de estudio en las facultades de derecho, y sus miembros más visibles estaban tras las rejas o en paradero desconocido. Elena se había retirado a un pequeño taller en París, intentando reconstruir su vida lejos de los hackeos y las persecuciones.

Sin embargo, la paz era una ilusión de barniz fino. Una nueva organización, autodenominada "El Cincel", estaba empezando a operar. A diferencia de la Fundación, que acumulaba arte para obtener poder político, El Cincel se dedicaba a la destrucción selectiva. No robaban las obras; las "corregían", eliminando elementos que consideraban "impuros" o "falsedades históricas".

Elena recibió una invitación para una gala privada en el Museo de Orsay. Al llegar, se encontró con Marc, que parecía haber envejecido diez años en seis meses.

—Están de vuelta, Elena —dijo Marc, arrastrándola hacia un rincón oscuro—. Pero no son ellos. Es algo más radical. Han atacado tres colecciones privadas en una semana. No roban nada. Solo... borran rostros. Usan un solvente que destruye la capa pictórica pero deja el lienzo intacto. Es una declaración de principios.

—¿Quién está detrás? —preguntó Elena, sintiendo el viejo nudo en el estómago.

—Se hacen llamar los "Iconoclastas del Siglo XXI". Pero la logística es demasiado perfecta. Solo alguien con un conocimiento íntimo de los sistemas de seguridad que nosotros mismos diseñamos podría hacerlo.

De repente, las luces de la gala se atenuaron. En el escenario principal, un hombre se presentó como el nuevo mecenas del museo. Se hacía llamar Thomas Vane. Elena sintió que el corazón se le detenía. La voz de Vane era idéntica a la de un antiguo colaborador de su padre, un hombre llamado Gabriel Archer, que supuestamente había muerto en el mismo accidente que el padre de Elena años atrás.

Gabriel Archer no era solo un aliado; era el mentor de Elena. Fue él quien le enseñó la química de los pigmentos antes de que su padre se volviera tan reservado.

—No puede ser —susurró Elena—. Gabriel murió en el incendio de la galería en Lyon. Yo vi el informe forense.

—Los informes forenses se pueden comprar, Elena —dijo Julian, apareciendo entre las sombras—. El Códice tenía una sección encriptada que nunca pudimos abrir del todo. Marc logró descifrar una parte ayer. Se llama "El Protocolo del Fénix". Era un plan de contingencia por si la Fundación caía. Gabriel Archer era el encargado de ejecutarlo.

Gabriel, ahora Thomas Vane, hablaba sobre la "purificación del arte". Sus palabras eran un eco distorsionado de las lecciones que le había dado a Elena cuando era niña. El "Nuevo Enemigo" no quería poseer el pasado; quería editarlo para que encajara en su propia visión del futuro.

Elena vio cómo Gabriel la miraba desde el escenario. No había odio en sus ojos, sino una decepción profunda. Para él, Elena era la traidora que había destruido el gran proyecto de la Fundación en lugar de heredarlo. La guerra ya no era contra una corporación; era contra el hombre que le había dado sus primeras herramientas de trabajo.



#809 en Thriller
#5460 en Novela romántica

En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.