Pecados, Sangre y Seda

El Sacrificio de la Imagen.

Faltaban treinta minutos para el mediodía. Marc había confirmado que el "ataque de limpieza" era real; micro-aspersores instalados bajo la apariencia de sistemas anti-incendios en el Prado, el Louvre, la National Gallery y el Hermitage estaban cargados con el solvente de Gabriel.

La única forma de detener la señal era acceder al servidor central de El Cincel, cuya clave estaba oculta en las capas de pintura de El ángel del silencio, el último cuadro que el padre de Elena había pintado antes de morir, y que ahora colgaba en la habitación de Elena en París.

Elena y Julian volaron de regreso a París en un helicóptero de la Interpol. Al llegar a su taller, Elena contempló el cuadro. Era un retrato de ella misma de niña, envuelta en una luz dorada, con un dedo sobre los labios.

—Elena, no hay tiempo —dijo Julian, mirando el reloj—. Marc está en línea, listo para recibir el código.

Elena tomó un frasco de decapante fuerte. Sus manos temblaban. Como restauradora, destruir una obra era el pecado capital. Destruir la obra de su padre era como asesinar su memoria.

—Él sabía que esto pasaría —susurró Elena—. Por eso pintó este cuadro para mí. No era un regalo de amor, era una llave de emergencia. El ángel del silencio... me estaba pidiendo que guardara el secreto hasta que fuera necesario romperlo.

Con un movimiento firme, Elena aplicó el químico sobre el lienzo. La imagen de su infancia comenzó a burbujear y a desprenderse. Bajo la capa de óleo, aparecieron finas líneas de un código QR pintado con una sustancia fluorescente que solo el decapante podía revelar.

—¡Lo tengo! —gritó Elena, escaneando el código con su teléfono.

Marc recibió los datos y, con segundos de sobra, envió la señal de neutralización a todos los museos. El sistema de Gabriel se bloqueó. El arte de Europa estaba a salvo.

Pero Gabriel Archer no se dio por vencido. Desde su base móvil, envió un último mensaje a Elena: "Has salvado las imágenes, pero has aceptado el método del Cincel. Has destruido para salvar. Ahora eres una de nosotros, Elena. Bienvenida a las Sombras Verdaderas".

Elena dejó caer el pincel sobre los restos del cuadro destruido de su padre. Gabriel Archer seguía prófugo, y su red de iconoclastas estaba dispersa pero activa. Habían detenido el gran ataque, pero el Nuevo Enemigo había logrado algo peor: había roto el espíritu de Elena.

—No ha terminado, ¿verdad? —preguntó Julian, abrazándola entre las ruinas de su taller.

—No —respondió Elena, mirando sus manos manchadas de solvente—. Esto es solo el comienzo. Gabriel tiene razón en algo: el pasado nunca se queda enterrado. Pero se equivoca en lo demás. Yo no destruyo para borrar. Destruyo para encontrar la verdad, cueste lo que cueste.

La guerra contra El Cincel acababa de subir de nivel. Ya no se trataba de recuperar tesoros robados, sino de proteger la integridad misma de la memoria humana frente a aquellos que querían reescribirla a su imagen y semejanza. Elena, Julian y Marc se prepararon para una lucha que los llevaría a los rincones más oscuros de la historia, donde el arte y el poder se funden en uno solo.



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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