Pecados, Sangre y Seda

El Corazón de la Tierra.

Tres días después del desastre en Capadocia, Elena y Marc se encontraban en un refugio seguro en Estambul. Marc había pasado setenta y dos horas sin dormir, procesando los fragmentos de datos que logró salvar antes de la explosión del núcleo.

—La lista de los Siete Sombras está dañada, pero el nombre del "Coronel" aparece vinculado a una empresa de seguridad privada con sede en los Balcanes —explicó Marc, frotándose los ojos—. Pero lo más importante es esto, Elena. Gabriel no está borrando el arte por ideología. Lo está haciendo porque la Matriz ha encontrado algo.

—¿Algo como qué?

—Una constante —dijo Marc, mostrando un patrón geométrico en su pantalla—. Archer analizó más de cincuenta mil obras desde el Renacimiento hasta hoy. Hay un patrón oculto, una serie de coordenadas que solo se revelan cuando superpones los "errores" que él está eliminando. No es iconoclasia, es una búsqueda del tesoro a escala global.

Elena analizó el patrón. Las líneas convergían en un punto específico del Mar Adriático, cerca de las costas de Montenegro. Un lugar donde la historia decía que una ciudad antigua se hundió tras un terremoto en el siglo IV.

—El Cincel está buscando la "Ciudad de los Testigos" —susurró Elena—. Mi padre solía contarme cuentos sobre ella. Decía que allí se guardaba el canon original de la belleza humana, antes de que las religiones y las guerras lo distorsionaran.

Mientras tanto, en un lugar desconocido, Julian despertó en una celda de lujo. No estaba encadenado, pero la puerta era de acero reforzado. Gabriel Archer entró con una bandeja de café.

—No eres un prisionero, Julian —dijo Gabriel amablemente—. Eres una inversión. Elena es demasiado emocional para lo que viene. Necesito a alguien con tu disciplina táctica para asegurar el sitio en Montenegro.

—Prefiero morir antes que trabajar para ti —escupió Julian.

—No me digas eso. No después de lo que la Fundación te hizo. Yo sé por qué te uniste a Elena. Sé que buscas venganza por lo que le pasó a tu unidad en Siria. ¿Y si te dijera que el hombre que dio la orden de abandonaros es uno de los Siete Sombras que aún protege el sistema legal?

Julian guardó silencio. La duda es un veneno lento.

—Ayúdame a limpiar el mundo, Julian —continuó Gabriel—. Ayúdame a llegar a la Ciudad de los Testigos. Una vez allí, te daré el nombre del hombre que buscas. Y te daré el arma para terminar el trabajo.

Gabriel salió de la habitación, dejando a Julian con una elección imposible. En Estambul, Elena recibió un mensaje cifrado en su teléfono. No eran coordenadas, sino una foto de Julian. Estaba vivo, pero en su mirada había algo que Elena no reconoció.

—Se está infiltrando —dijo Marc—. Pero no sabemos si es por nosotros o por él mismo.

La caza de Archer los había llevado al borde de la traición. La Ciudad de los Testigos los llamaba desde las profundidades, y Elena sabía que para salvar a Julian, tendría que enfrentarse no solo a Gabriel, sino a la posibilidad de que el hombre que amaba ya no fuera el mismo.



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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