Pecados, Sangre y Seda

La Sombra del Coronel.

Julian caminaba por el patio de entrenamiento de una fortaleza oculta en las montañas de Montenegro. Vestía el uniforme gris de "El Cincel", pero en su interior, cada fibra de su ser estaba en alerta máxima. Siguiendo el plan sugerido implícitamente por Gabriel, había aceptado unirse a la rama militante de la organización, alegando que la traición de Elena en Turquía le había abierto los ojos.

—Muévete, novato —rugió un hombre con una cicatriz que le cruzaba el ojo izquierdo. Era "El Coronel", cuyo nombre real, según había descubierto Julian en sus primeras horas, era Silas Varga, un antiguo mando de la Legión Extranjera.

Silas Varga no era un ideólogo. Era un profesional de la violencia que veía en El Cincel la oportunidad de construir un ejército privado sin las restricciones de la ONU.

—Dicen que eras el mejor rastreador de la Interpol —dijo Varga, evaluando a Julian—. Archer confía en ti, pero yo no. Para mí, eres solo otro cabo suelto hasta que manches tus manos con la sangre de los "impuros".

La primera misión de infiltración de Julian fue escoltar un cargamento de explosivos químicos hacia un puerto privado. Sabía que Elena y Marc estarían observando a través de los satélites que Marc había hackeado, pero no podía dar señales de vida. Tenía que ser perfecto.

Durante la cena en el comedor de los oficiales, Julian escuchó las conversaciones. Los militantes de El Cincel no hablaban de arte; hablaban de "Objetivos de Valor Cultural". Descubrió que los Siete Sombras no eran solo banqueros; entre ellos había un magnate de la tecnología de Silicon Valley, un cardenal del Vaticano y una baronesa alemana con una de las colecciones de arte más grandes del mundo.

—La Baronesa Von Zale es la que financia la expedición al Adriático —comentó uno de los lugartenientes de Varga—. Ella cree que en la Ciudad de los Testigos encontrará el secreto de la eterna juventud. Vieja loca. Pero sus millones pagan nuestras municiones.

Julian memorizó el nombre: Baronesa Von Zale. Ya tenía a dos de los siete: Varga y la Baronesa.

Esa noche, Julian logró acceder a la terminal de comunicaciones de la fortaleza usando un bypass que Marc le había enseñado meses atrás. Envió un pulso corto de datos: "Dos identificados. Varga y Von Zale. Objetivo: Adriático. No vengan por mí".

Pero justo cuando iba a desconectarse, una mano pesada se posó en su hombro. Era Silas Varga.

—¿Buscando a alguien a quien traicionar, Julian? —preguntó el Coronel con una sonrisa gélida—. ¿O simplemente enviando tu testamento?

Varga no lo arrestó. En lugar de eso, lo llevó a una sala de interrogatorios donde, atado a una silla, se encontraba un joven hacker de El Cincel que había sido sorprendido vendiendo información a la prensa.

—Si quieres probar que eres uno de nosotros —dijo Varga, entregándole a Julian un cuchillo de combate—, termina con el filtrador. Ahora.

Julian miró al joven a los ojos. El chico estaba aterrorizado. Julian sabía que si se negaba, su misión y su vida terminarían allí mismo, y con ellas, la única esperanza de Elena de detener a los Siete Sombras. El peso del acero en su mano nunca se había sentido tan insoportable.



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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