Pecados, Sangre y Seda

El Código de la Sangre.

Julian sostuvo el cuchillo, sintiendo la mirada de Silas Varga clavada en su nuca como un punzón. El joven frente a él apenas tendría veinte años. En el mundo de la infiltración, este era el "punto de quiebre", el momento en que un agente se convierte en lo que juró destruir o muere manteniendo su integridad.

—¿Qué pasa, Julian? —presionó Varga—. ¿Te tiembla el pulso? ¿O es que tu moral de boy-scout todavía te pesa?

Julian se acercó al joven. Sabía que las cámaras de la sala grababan cada movimiento. Inclinándose, le susurró al oído algo que nadie más pudo oír: "No respires cuando sientas el golpe".

Con una velocidad cegadora, Julian lanzó un tajo. Pero no fue al cuello del chico. El cuchillo cortó las cuerdas que lo ataban y, en el mismo movimiento, Julian golpeó un punto nervioso en la base del cráneo del joven, dejándolo inconsciente en un estado que simulaba una muerte clínica por shock. Luego, Julian se giró y clavó el cuchillo en la mesa de madera, a milímetros de la mano de Varga.

—Este chico no sabe nada —dijo Julian con una voz que heló el aire—. Si quieres matar a alguien por incompetencia, empieza por tus propios guardias que lo dejaron acceder a la red. Yo estoy aquí para capturar a Archer y a los Sombras, no para limpiar tu desorden, Coronel.

Varga guardó silencio durante un largo minuto. Luego, empezó a reírse. Una risa seca y peligrosa.

—Tienes agallas, eso te lo concedo. Llevaos al chico al calabozo. Si sobrevive a la noche, lo usaremos de cebo.

Julian había pasado la prueba, pero sabía que el tiempo se agotaba. Había ganado acceso al círculo íntimo de Varga y, por extensión, a la logística de la Baronesa Von Zale. Al día siguiente, el contingente se trasladaría a la plataforma petrolífera abandonada en el Adriático, que servía de base para la excavación submarina.

En el trayecto hacia el puerto, Julian logró hablar con Gabriel Archer en el helicóptero.

—¿Por qué la Baronesa, Gabriel? —preguntó Julian, tratando de sonar curioso—. Ella es lo opuesto a tu "purificación". Ella es el epítome de la acumulación de arte.

—La Baronesa es un mal necesario, Julian —respondió Gabriel, mirando hacia el horizonte azul—. Ella posee el tercer fragmento del Mapa del Testigo. Sin ella, no podemos triangular la entrada al templo sumergido. Pero no te equivoques; una vez que el templo se abra, la Baronesa y su codicia serán las primeras en ser... corregidas.

Julian comprendió la dinámica: los Siete Sombras no eran un frente unido. Se odiaban y se usaban entre sí. Gabriel era el cerebro, Varga era el músculo y la Baronesa era la llave. Si Julian podía sembrar la discordia entre ellos, la organización se colapsaría desde dentro.

Al llegar a la plataforma "Medusa", Julian vio el despliegue tecnológico. Submarinos no tripulados entraban y salían del agua, trayendo artefactos cubiertos de coral. Entre el personal, reconoció a una mujer que vestía un hábito religioso bajo una bata de laboratorio: la Hermana Clara, una destacada arqueóloga del Vaticano que había desaparecido hacía un año.

—Tercera Sombra identificada —anotó Julian mentalmente mientras caminaba por la cubierta—. El Coronel, la Baronesa y la Santa.

Pero su corazón dio un vuelco cuando vio quién bajaba de otro helicóptero que acababa de aterrizar. No era un enemigo. Era Elena, escoltada por hombres de Varga. Archer le había tendido una trampa usando a Julian como señuelo, y ella había caído directamente en el centro de la telaraña.



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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