Pecados, Sangre y Seda

El Cáliz de la Traición.

El agua que se filtraba en la Cámara del Canon no era el fin, sino una distracción. Julian observó cómo las grietas en el cristal líquido se detenían de golpe, selladas por un gel de reparación automática que los Testigos habían diseñado siglos atrás. La trampa no era ahogarlos, sino aislarlos.

—Archer no quiere matarnos todavía —susurró Julian, su mano aún sangrante apoyada en el altar de jade—. Quiere que veamos el nacimiento de su nuevo mundo.

Elena se acercó a él, su respiración agitada. En el centro de la cámara, el Espejo de Obsidiana comenzó a proyectar no solo datos, sino imágenes. Eran transmisiones en vivo desde Londres, Tokio, Nueva York y Madrid. En todas ellas, figuras vestidas con las túnicas de los Testigos estaban de pie en plazas públicas, sosteniendo orbes que emitían una frecuencia subsónica. La gente a su alrededor no gritaba; simplemente se detenía, con la mirada perdida, como si estuvieran esperando una orden.

—Es un despliegue global —dijo Elena, el horror reflejado en sus ojos—. No están atacando los gobiernos, están atacando la voluntad de la población.

De pronto, una voz resonó en la cámara, pero no venía de los altavoces, sino del propio Espejo. Era la voz de Marc, pero sonaba distorsionada, como si estuviera siendo filtrada por una inteligencia artificial superior.

—Julian, Elena... lamento deciros que el Cincel ha sido superado. Archer ha activado el Protocolo Lázaro. No puedo detener la carga desde fuera. Necesito que uno de vosotros se conecte a la terminal física del Espejo. Pero hay un precio.

Julian intercambió una mirada con Elena. Ambos sabían lo que eso significaba. La terminal física requería una interfaz biométrica completa: una fusión temporal entre el sistema nervioso humano y la red neuronal de la ciudad. El "Cáliz de la Traición", como lo llamaban los antiguos textos, era un proceso que quemaba las sinapsis del usuario mientras extraía la información.

—Lo haré yo —dijo Julian con firmeza.

—No —le interrumpió Elena, agarrándolo del brazo—. Estás herido. Tu sistema nervioso está bajo choque traumático. Si te conectas ahora, tu corazón se detendrá en menos de diez segundos. Mi código genético fue modificado en la celda de Archer, ¿recuerdas? Él me quería como su receptáculo. Mis nervios pueden aguantar la carga.

—Es un suicidio, Elena. El Dark Romance que hemos vivido no termina con tu muerte en un altar de cristal —gruñó Julian, intentando apartarla.

—Esto no es romance, Julian. Es supervivencia —respondió ella, con una frialdad que lo dejó helado—. Si no lo hago, Archer tendrá a siete mil millones de esclavos. Prefiero ser un cadáver que una marioneta.

Antes de que Julian pudiera reaccionar, Elena se lanzó hacia el Espejo. Las sondas de fibra óptica, finas como cabellos de ángel, saltaron desde la superficie de obsidiana y se clavaron en sus muñecas y sienes. El grito de Elena desgarró el aire de la cámara mientras su mente era succionada por la red de los Testigos.

Julian disparó a los drones que intentaban acercarse para interrumpir el proceso, pero cada bala que disparaba parecía pesarle una tonelada. El templo estaba respondiendo. El suelo empezó a vibrar y las paredes a cerrarse. Tenían que salir de allí, pero Elena estaba encadenada por la luz.



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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