Pecados, Sangre y Seda

La Cirugía del Olvido (Parte 1).

El Dr. Aris no era un santo, ni un monje. Era un hombre que había pasado décadas cartografiando los horrores del Cincel antes de huir a las montañas. Su laboratorio estaba oculto en las catacumbas del monasterio, un espacio donde los iconos bizantinos convivían con escáneres cerebrales de última generación alimentados por generadores térmicos.

Elena despertó en una cama de piedra cubierta de lino fino. La luz de las velas bailaba en las paredes, pero ella no veía las velas. Veía flujos de datos. El silencio de la montaña, amplificado por la magnetita, era casi doloroso. Por primera vez en meses, no oía el "ruido" del mundo. Solo oía su propio pensamiento, y era un pensamiento que se desvanecía.

—Doctor... —susurró ella.

Aris se acercó, sosteniendo una tableta que mostraba un mapa tridimensional de su cerebro. Parecía una galaxia en llamas.

—Elena, escúchame con atención. Tu neocórtex está siendo colonizado por una estructura proteica que no diseñé yo, ni Archer, sino la propia evolución forzada del Espejo. Es como un parásito que necesita tus recuerdos para construir su lógica.

Julian entró en la sala. Había pasado la noche limpiando sus heridas, pero su alma seguía cubierta de polvo. Se sentó junto a Elena, tomando su mano fría.

—Díselo, Aris —dijo Julian.

—La red neuronal de Archer es como un árbol —explicó el doctor—. Sus raíces están profundamente enterradas en las áreas de tu cerebro que gestionan la memoria a largo plazo y la identidad personal. Si intentamos desconectarte del Nodo de forma permanente, el árbol morirá, pero se llevará el suelo con él.

—¿Una lobotomía digital? —preguntó Elena. Su voz era extrañamente calmada, como si ya lo hubiera sabido.

—Es una ablación selectiva de los puentes sinápticos que el Espejo ha usado como infraestructura —dijo Aris—. Cortaré los vínculos con el satélite de Archer, pero esos vínculos están enredados con tus recuerdos de la infancia, con el lenguaje, con las caras de las personas que amas.

Julian apretó su mano. El doctor continuó, implacable:

—Si procedemos, dejarás de ser un arma. Archer ya no podrá encontrarte ni usarte para controlar a los demás. Pero cuando abras los ojos, no sabrás quién es Julian. No sabrás quién eres tú. Serás una tábula rasa. Un cuerpo de veintitantos años con la mente de un recién nacido.

El silencio que siguió fue más pesado que la montaña. Elena miró a Julian. En sus ojos dorados, él vio pasar todo lo que habían vivido: la huida de la base secreta, las noches en el desierto, el primer beso bajo la lluvia ácida de Berlín. Todo eso estaba a punto de ser borrado por un bisturí electrónico.

—¿Y si no lo hacemos? —preguntó Julian.

—En tres semanas, el Espejo tomará el control total —dijo Aris—. Su conciencia se disolverá en la red de Archer. Ella se convertirá en la "Madre del Nodo". Tendrá el poder de un dios, pero la voluntad de una máquina. Y lo primero que hará será ordenar tu ejecución, Julian, porque eres una variable sentimental que entorpece la eficiencia del sistema.

Elena cerró los ojos. Una lágrima solitaria recorrió su mejilla.

—¿Podemos esperar? —suplicó Julian.

—No —dijo Aris—. El Nodo de Osiris está alcanzando su masa crítica. Mañana a mediodía, Archer lanzará la actualización final. Si no cortamos el vínculo antes de eso, será demasiado tarde.

Esa noche, el monasterio de Debre Damo se sintió como una sala de espera para el fin del mundo. Julian y Elena se quedaron solos, rodeados de libros antiguos que hablaban de almas inmortales, mientras se preparaban para destruir la única que les importaba.



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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