Pecados, Sangre y Seda

La Cirugía del Olvido (Parte 2).

Las horas previas a la operación fueron un intento desesperado de Julian por salvar lo insalvable. Llevó a Elena a la terraza del monasterio, desde donde se veía el abismo de las tierras altas etíopes. El sol se ocultaba, tiñendo las rocas de un naranja violento.

—Cuéntame algo —dijo Elena. Estaba apoyada en su hombro, sintiendo el latido de su corazón como si fuera una canción de despedida—. Cuéntame algo que quieras que guarde, aunque sepa que lo voy a perder.

Julian tragó saliva. Su voz era áspera.

—Te acuerdas de aquella noche en el sótano de Praga... cuando pensábamos que el Cincel nos tenía acorralados. Me preguntaste si creía en el destino. Y yo te dije que no, que solo creía en la balística y en la suerte.

Elena sonrió débilmente.

—Y yo te dije que el destino es solo una ecuación que no hemos aprendido a resolver todavía.

—Esa noche —continuó Julian—, antes de que empezara el tiroteo, me prometiste que si salíamos vivos, me enseñarías a pintar. Dijiste que mis manos servían para algo más que para apretar gatillos.

Él sacó un pequeño amuleto de madera, una talla tosca que había hecho durante las largas guardias en el desierto. Era un pájaro con las alas desplegadas.

—Guárdalo —dijo él, poniéndolo en su mano—. No sé si mañana lo reconocerás, pero quiero que sepas que alguien te amó tanto que no le importó que lo olvidaras, con tal de que siguieras viva.

Elena rompió a llorar, un llanto silencioso que sacudía su cuerpo frágil.

—Tengo miedo, Julian. No tengo miedo de morir... tengo miedo de dejar de ser yo. ¿Y si la persona que despierte mañana no te gusta? ¿Y si es alguien vacío, alguien que no tiene nada que ver con la mujer por la que has arriesgado todo?

Julian la tomó de la cara, obligándola a mirarlo. Sus propios ojos estaban húmedos.

—Te buscaré otra vez, Elena. Si tengo que volver a enamorarte mil veces, lo haré. Cada día te contaré nuestra historia hasta que sea tuya otra vez, aunque no la recuerdes. No me importa el pasado si puedo asegurarte un futuro donde no seas una esclava de Archer.

Mientras tanto, en las profundidades del laboratorio, el Dr. Aris preparaba los nanobots de ablación. Eran pequeñas máquinas diseñadas para devorar las conexiones sintéticas. Sabía que el riesgo de daño colateral era del 90%.

—Es un crimen —murmuró Malik, que observaba desde la puerta—. Estamos destruyendo la obra más perfecta de la naturaleza para salvarla de la obra más perfecta del hombre.

—La perfección es estéril, Malik —respondió Aris sin mirar atrás—. La humanidad es error, olvido y caos. Lo que voy a hacer es devolverle su derecho a equivocarse.

A medianoche, las campanas del monasterio sonaron. No era para llamar a la oración, sino para avisar que los generadores estaban listos. Julian cargó a Elena en brazos y la llevó hacia la mesa de piedra donde el destino de ambos se decidiría bajo la luz fría de los monitores.



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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