Pecados, Sangre y Seda

La Cirugía del Olvido (Parte 3).

La operación duró seis horas que parecieron siglos. Julian no se movió de la puerta del laboratorio, ignorando las súplicas de Malik para que descansara. Podía oír el zumbido de los láseres de precisión y el pitido constante de los monitores de pulso. Cada vez que el ritmo cardíaco de Elena se aceleraba, a Julian se le detenía el suyo.

Aris trabajaba con una concentración maníaca. Sus manos, guiadas por una IA de asistencia médica, se movían con una delicadeza microscópica. Estaba cortando los hilos de plata que Archer había tejido en el hipocampo de Elena.

—Casi está —dijo Aris, sudando profusamente—. He aislado el núcleo del Espejo. Pero está protegido por una última capa de encriptación biológica. Necesito que ella colabore. Julian, entra. ¡Háblale!

Julian se precipitó al lado de Elena. Ella estaba bajo sedación profunda, pero sus ojos se movían rápidamente bajo los párpados. En las pantallas, las ondas cerebrales mostraban una tormenta eléctrica.

—¡Elena! —gritó Julian, agarrando su mano—. ¡Déjalo ir! ¡No intentes salvar los recuerdos! ¡Suéltalo todo! ¡Suéltame a mí!

En el mundo interior de Elena, ella estaba en un vasto archivo blanco. Millones de fotografías y fragmentos de video flotaban a su alrededor. Vio a su madre, el olor a pan recién horneado, su primer día de escuela. Y vio a Julian. Vio el momento en que se conocieron en la lluvia. El sistema de Archer le susurraba: "Si cortas esto, nada de esto existió. Serás nada. Quédate conmigo y serás eterna".

—¡Suéltalo, Elena! —la voz de Julian resonó en el vacío blanco—. ¡Prefiero que vivas sin saber quién soy a que mueras siendo su marioneta!

Elena, en su mente, tomó una decisión. Con un acto de voluntad final, abrazó la imagen de Julian y luego la dejó arder. Vio cómo su vida se convertía en cenizas blancas que desaparecían en un abismo oscuro.

El monitor de Aris emitió un pitido largo y sostenido.

—¡Desconexión completa! —exclamó el doctor, cayendo hacia atrás en su silla—. La señal de Archer ha desaparecido. El Nodo ha perdido su anclaje.

Julian miró a Elena. El brillo dorado de sus ojos se había apagado. Su rostro estaba en una paz absoluta, una vacuidad que le dio un escalofrío. Ella respiraba por sí misma, pero era un cuerpo sin historia.

—¿Elena? —susurró Julian.

Ella no respondió. El Dr. Aris se acercó y revisó sus constantes.

—Está viva. El daño físico es mínimo. Pero el borrado ha sido... total.

—¿Cuánto tiempo tardará en despertar? —preguntó Julian, con voz muerta.

—Unas horas. Pero recuerda lo que te dije, Julian. Ella no te está esperando al otro lado del sueño. Al otro lado no hay nadie. Tendrás que empezar de cero.

Julian salió al patio del monasterio. El sol ya había salido, bañando las montañas de un oro que ya no le pertenecía a nadie. Había ganado la guerra contra Archer, pero el precio había sido la aniquilación de la única persona por la que valía la pena ganar. Se sentó en el suelo de piedra y lloró por la mujer que todavía estaba allí, pero que ya no existía.



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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