Pecados, Sangre y Seda

El Eco de lo que Fuimos (Parte 1).

Tres días después de la cirugía, Elena abrió los ojos. No había reconocimiento en ellos, solo una curiosidad infantil y aterradora. Miraba sus propias manos como si fueran objetos extraños. Cuando Julian entró en la habitación, ella se encogió contra la pared, asustada por su presencia, por su barba descuidada y la intensidad de su mirada.

—¿Quién... quién eres? —preguntó ella. Su voz era la misma, pero la cadencia era diferente, desprovista del peso de la experiencia.

Julian sintió un puñal en el pecho, pero forzó una sonrisa.

—Me llamo Julian. Soy un amigo. Estamos en un lugar seguro.

Elena miró a su alrededor, a los monjes que pasaban, al laboratorio de Aris.

—¿Por qué me duele la cabeza? ¿Por qué no puedo recordar mi nombre?

—Te llamabas Elena —dijo Julian, sentándose a una distancia prudencial—. Tuviste un accidente. El médico dice que es normal que no recuerdes cosas al principio.

Durante la semana siguiente, Julian se convirtió en su sombra. Le enseñó a comer de nuevo, a reconocer los colores de las flores que crecían en las grietas de la roca, a caminar por los senderos escarpados. Elena era una hoja en blanco, dulce y vulnerable, una versión de sí misma que nunca habría existido sin la intervención de Archer.

Pero Julian sufría. Cada vez que ella le sonreía con esa inocencia pura, él recordaba a la guerrera que había sido, a la mujer cínica y brillante que le había salvado la vida. Esta nueva Elena era una creación del bisturí, una mentira piadosa.

Un día, mientras estaban sentados en la muralla, Elena encontró el amuleto de madera en su bolsillo. Lo miró durante mucho tiempo.

—Siento que esto significa algo —dijo ella, acariciando las alas del pájaro—. Pero cuando intento pensar en ello, veo fuego. Mucho fuego. Y un hombre gritando mi nombre. ¿Eras tú?

Julian dudó. El Dr. Aris le había advertido: "Si intentas forzar sus recuerdos, podrías causar un colapso psicótico. Su cerebro ha construido muros para protegerse del trauma del Espejo".

—Era otra vida, Elena —dijo Julian finalmente—. No necesitas volver allí.

—Pero me miras como si me echaras de menos —dijo ella, con una perspicacia que le dolió—. Estoy aquí, Julian. ¿Por qué estás tan triste cuando me ves?

Julian no pudo responder. El dilema empezaba a devorarlo. Había salvado su vida, pero la había condenado a una existencia sin raíz. ¿Era eso amor o era un egoísmo supremo? ¿Había robado a la humanidad su mejor arma contra Archer solo para conservar un cuerpo que ya no contenía al alma que él amaba?



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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