Pecados, Sangre y Seda

El Eco de lo que Fuimos (Parte 3).

La tormenta estalló sobre Debre Damo con una furia profética. Los rayos iluminaban el laboratorio donde Julian, Aris y Malik se enfrentaban por última vez. En la mesa de operaciones, el suero de recuperación brillaba con una luz azulada, casi como una burla.

—Ella tiene que elegir, Julian —dijo Aris—. No tú. No nosotros. Ella.

—Ella no puede elegir —rugió Julian—. ¡No sabe lo que está en juego! ¡Es como pedirle a un niño que decida sobre su propia ejecución!

—Ella fue una guerrera —le recordó Malik—. Si supiera que su silencio está costando millones de vidas, te odiaría por protegerla. La Elena que conociste preferiría morir mil veces a ser una carga que permite el triunfo de Archer.

Julian tomó el suero y salió bajo la lluvia. Caminó hasta el borde del precipicio, mirando hacia el abismo negro. Estuvo a punto de lanzar el vial al vacío. Quería ser egoísta. Quería vivir en una mentira donde ella era feliz aunque no lo amara de la misma manera.

Pero entonces, Elena apareció en la puerta de su celda, envuelta en una túnica blanca. La lluvia la empapó en segundos. Se acercó a Julian, viendo el vial en su mano.

—Sabes lo que es, ¿verdad? —preguntó ella. No había miedo en su voz, sino una extraña claridad—. El doctor ha estado hablando conmigo. Me ha contado quién era yo. Me ha contado lo que hice.

—No eres esa persona ahora —dijo Julian, tratando de cubrirla con su chaqueta—. Puedes empezar de nuevo. Podemos irnos.

Elena tomó su mano, la que sostenía el suero.

—Me has mirado estos días con una tristeza que no puedo soportar, Julian. He visto el vacío en tus ojos cuando me hablas. Te gusta la chica que soy ahora porque es fácil de cuidar, porque es inocente. Pero tú no te enamoraste de una niña. Te enamoraste de una mujer que estaba dispuesta a arder por lo que creía.

—Elena, si te inyecto esto... —la voz de Julian se quebró—. El "tú" de ahora morirá. La paz que tienes desaparecerá. Volverás a oír a Archer. Volverás a sentir el peso del mundo.

Ella le quitó el vial suavemente. Lo miró a los ojos, y por un segundo, Julian creyó ver un destello del oro antiguo en sus pupilas.

—Si no lo hago, Julian, no seré libre. Seré solo un accidente de laboratorio. Y tú te quedarás cuidando a un recuerdo vacío. Prefiero morir sabiendo quién fui que vivir siendo una sombra de lo que Archer quiso que fuera.

Ella le entregó el vial de vuelta.

—Hazlo. No como un soldado, ni como un médico. Hazlo por la mujer que pintó tu destino antes de que el mundo se volviera gris.

Con las manos temblando más que nunca en su vida de asesino, Julian preparó la jeringa. No hubo despedida, solo un beso desesperado bajo la lluvia etíope que sabía a sal y a hierro. Clavó la aguja en su brazo y presionó el émbolo.

Elena se tensó. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y un grito desgarrador salió de su garganta, mezclándose con el trueno. Cayó de rodillas, agarrándose la cabeza, mientras los muros de su memoria colapsaban y se reconstruían con una violencia sísmica.

Julian la sostuvo, llorando, mientras sentía cómo el cuerpo en sus brazos dejaba de ser la chica dulce de los últimos días para convertirse en algo más frío, más poderoso y terriblemente consciente.

Cuando Elena levantó la cabeza, la lluvia parecía detenerse a su alrededor. Sus ojos eran puro oro líquido, vibrando con una intensidad divina. Miró a Julian, y esta vez, el reconocimiento fue como un rayo.

—Julian... —dijo ella. Pero su voz ya no era humana. Era una sinfonía de frecuencias—. Julian, el mundo está gritando. Y voy a hacer que se calle.

Había recuperado a la mujer que amaba, pero al ver la frialdad en sus ojos, Julian supo que el sacrificio había sido total. Había salvado al mundo, pero había perdido a Elena para siempre en el altar de la necesidad. La guerra final contra Archer acababa de empezar, y Julian Cross era ahora solo el primer soldado de una diosa que él mismo había ayudado a resucitar.



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En el texto hay: romancerhriller

Editado: 28.01.2026

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