Peleas por contrato

Capítulo 2: Mi primer combate

Capítulo 2: Mi primer combate

Al llegar a casa, lo primero que hizo fue buscar algo de comer en la cocina. Solo había arroz de tres días y un pan duro, pero aun así lo aceptó. Al no tener electricidad, tuvo que comerlo todo frío.

—Solo un poco más… solo espera un poco más y podrás comer todo lo que quieras —se repetía Esteban con una voz apagada, pero con los ojos llenos de esperanza.

Al terminar de comer, se acostó en su cama: un colchón del que se salían los resortes y una cobija delgada que no cubría del todo el frío. Mientras miraba su techo sucio y desgastado, solo pensaba en el dinero que podría ganar y en qué es lo que haría con él, esperando por fin el día en que llenaría completamente su estómago.

Cerró los ojos y dejó de pensar en todo lo que le preocupaba.

Al despertar en la mañana, lo primero que hizo fue revisar su teléfono.

—Espero que ya lo hayan enviado… Ayer me acabé toda la comida que tenía, y para pelear necesito mucha energía… por favor…

Con gran alegría, observó un correo que le habían enviado durante la noche. La información sobre su primera pelea estaba allí.

*"Al participante número 44: Su pelea se realizará hoy en la tarde, a las 3:00 p. m. Su oponente será el participante número 43, alias Leo. Si no se presenta a la hora indicada, será directamente descalificado.

Atentamente, La administración de los torneos por contrato."*

Levantando las manos hacia arriba y dejándose caer en la cama con todo su peso, Esteban estaba feliz de tener su primer combate tan rápido.

—Bien… por fin. Ahora lo más importante: necesito buscar información sobre mi oponente, de eso depende mi victoria.

Con rapidez, empezó a teclear, buscando información sobre su contrincante, Leo. Como todos los participantes estaban registrados en la base de datos de la página del torneo, no era muy difícil encontrar sus datos.

—Aquí está… Leo, participante número 43… estatura alta, musculatura igualmente alta, especializado en karate… Ya veo, esto es interesante…

Pero la información no era mucha; solo traía lo principal y una fotografía del participante.

—Con esta información ya se me ocurrieron algunas estrategias… Bueno, es hora de buscar algo de comer. No creo que Juan nos preste algo de dinero por ahora, ya que ayer se molestó un poco…

Estirando sus brazos, intentando relajarse, empezó a buscar por toda la casa las monedas que tenía dispersas, una tras otra, hasta que consiguió lo suficiente para un pan y una caja de leche.

—Con esto será suficiente para mantener energías para la pelea… Luego me darán el premio… claro está, después de ganar.

Con el dinero en la mano, salió de casa rápidamente en busca de comida. Con lo poco que obtuvo, compró un pan y una caja de leche, tomándolo como desayuno en el centro de un parque.

—Bueno… creo que es hora de calentar.

Se sentó en posición de loto y empezó a meditar. En su mente tenía múltiples combates simulados contra su oponente. Cada vez que acababa con uno, reiniciaba el combate con distintas reglas, intentando buscar la forma perfecta en la que podía ganar.

Estuvo así por varias horas, sin importarle las personas que lo veían de manera extraña. Algunos susurraban. Un niño, cerca de él, dijo:

—¿Qué pretende ese tipo, mamá?

—No te acerques a él, hijo —respondía la mujer.

Pero a Esteban no le importaba. Él seguía con su entrenamiento simulado en su mente, sin moverse de su lugar… hasta que, por fin, abrió los ojos.

Con una sonrisa en la cara, levantó la mano, simbolizando su victoria.

—Está hecho… esta pelea está ganada. Bien… ¿qué horas son? ¿Cuánto falta para la pelea?

Revisó el tiempo.

—Ya veo… faltan unas cuantas horas. Será mejor que haga un poco de calentamiento para el cuerpo.

Empezó a hacer ejercicios comunes y corrientes: dio vueltas por todo el parque, hizo sentadillas y lagartijas. Dos horas después, se detuvo por completo.

—Estoy listo… mente y cuerpo están listos. Es hora de la pelea, solo necesito una última cosa más y la batalla sera mia.

Caminando rumbo hacia el estadio donde sería su primer combate, por el camino se encontró nuevamente con Juan. Ambos se quedaron viéndose por un momento.

Juan lo miraba con una expresión triste, mientras que Esteban lo observaba con una mirada llena de energía.

—¿Qué haces por acá? —preguntó Juan.

—Estoy rumbo hacia el coliseo —respondió Esteban con una voz calmada.

—Así que será hoy…

Juan, con una voz pequeña, y cansada preguntó:

—¿Estás seguro de poder hacerlo? Hay otras maneras de conseguir dinero… Yo te ayudaré a buscar un empleo.

—Sabes que lo he intentado, Juan. Lo he intentado muchas veces, pero nadie quiere a un huérfano que no tiene estudios y no sabe hacer nada más que pelear, lo he tratado una y otra vez, pero siempre es el mismo resultado, es todo o nada ahora.

—Está bien, Esteban… lo aceptaré. Te estaré apoyando, pero no me pidas que vaya a verte. No quiero presenciar si algo sale mal, y te pasa algo.

—No me pasará nada, Juan. Confía en mí.

—Está bien… confiaré en ti, aunque todavía no entiendo cómo puedes ser tan positivo.

—No es que sea positivo… es que sé que puedo hacerlo. Ganaré unos cuantos billetes y luego me retiraré.

—Eso espero…

—Bueno, tengo que irme o me descalificarán por llegar tarde.

—Está bien… rezaré por ti.

—Reza todo lo que quieras, pero yo ya sé cuál será el resultado. Lo único que puede vencerme es el hambre… pero eso solo será hoy.

Esteban siguió caminando, levantando la mano sin girarse, despidiéndose de Juan, mientras que Juan solo miraba cómo se alejaba cada vez más y más… hasta que desapareció.

Apretó los puños, frustrado por no haber sido capaz de ayudar más a Esteban, para que no tuviera que haber entrado en ese torneo.

—Bueno… creo que llegué a tiempo.

Esteban estaba frente al coliseo en el que su destino se decidiría. Con paso firme, entró rápidamente a verificar su ingreso.



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Editado: 04.05.2026

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