capítulo 4 el resultado
—Es obvio que ya no puedes moverte.
Esteban dio un paso hacia adelante.
Tranquilo.
Seguro.
—Me sorprendes… lanzaste muchos más movimientos de los que esperaba.
—Tu cuerpo ahora mismo debería pesar una tonelada… y aun así seguías moviéndote. Eres impresionante… pero hasta aquí llegas.
—No… espera… —intentaba decir Leo.
Pero antes de que pudiera terminar, Esteban avanzó.
¡BAM!
Un fuerte golpe directo al estómago lo doblegó.
En ese mismo instante—
¡CRACK!
Otro golpe, esta vez en la quijada, con toda su fuerza.
Un diente salió despedido.
Leo cayó al suelo.
Fuera de combate.
La audiencia no podía creer lo que veía.
Un peleador que apenas medía un metro sesenta había derrotado a su oponente, que rozaba los dos metros, con un físico formidable. Y, a pesar de ser experto en karate, no pudo contra alguien que, en teoría, no sabía nada de artes marciales.
—Muy bien… el ganador de esta batalla es Esteban.
El arlequín guardó silencio por un instante.
—Y ahora… el perdedor.
Su máscara comenzó a cambiar de color.
Negro.
Total.
Su voz se distorsionó.
—Es hora de pagar el precio.
Estiró su mano lentamente hacia el inconsciente Leo.
Lo tomó de la cabeza.
Una luz negra irradiaba desde su toque.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Esteban.
Ahora entendía…
Lo aterrador que era ese arlequín.
Y por qué era capaz de controlar el mundo entero.
Rápidamente, soltó el cuerpo de Leo, dejándolo tirado en el suelo.
—Listo. El castigo ha sido impuesto.
Giró su mirada hacia Esteban.
—Nos veremos en la próxima batalla, chico.
Su figura comenzó a desvanecerse poco a poco…
Hasta que lo último que quedó fue esa sonrisa siniestra.
El encargado del combate se acercó rápidamente a Esteban, señalando a los paramédicos que atendían a Leo.
—Felicidades por tu primera batalla. Aquí está el premio por haber ganado: 200 dólares. La información para tu próxima pelea será enviada a tu correo. Esperamos que para entonces se haya recuperado completamente de las secuelas de esta batalla.
Mientras hablaba, comenzaron a escucharse gritos.
Cada vez más fuertes.
—¡No puede ser! ¡Maldito, hiciste trampa! ¿No es así? ¿Qué está pasando? ¿Por qué no puedo mover mi brazo? ¡¿Qué fue lo que pasó?!
Leo, ya consciente, intentaba acercarse a Esteban con intención de seguir peleando.
Pero el encargado reaccionó de inmediato.
Los guardias lo detuvieron y comenzaron a sacarlo del lugar.
—¡Mi brazo! ¡No… mi brazo!
Sus gritos se alejaban poco a poco.
Pero Esteban, con total calma, simplemente se dio la vuelta.
Y se fue.
Apretando con fuerza los 200 dólares que había ganado.
Al salir del estadio, Juan lo estaba esperando.
Le lanzó una lata de soda.
—¿De verdad ganaste? Es increíble… pensé que iba a ganar ese tipo.
—Juan… ¿no dijiste que no ibas a mirar? —respondió Esteban con una voz cansada.
—Bueno… tenía que verlo. No podía dejarte solo. Después de todo, eres mi mejor amigo. Aunque… debo admitir que en algunos momentos cerraba los ojos.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero aún no entiendo cómo es que ganaste contra ese tipo. Investigué un poco y, aunque era un completo arrogante… era cinta negra en karate. Así que… ¿cómo ganaste?
Esteban sonrió levemente.
—Fue fácil. Solo hice que su atención se centrara en otra cosa.
—¿Cómo así?
—Mientras él pensaba que yo quería ganar con la regla de los tres pasos hacia atrás, lo provoqué para que lanzara más y más ataques. Y mientras más enojado estaba… no se daba cuenta de que su cuerpo pesaba más y más… hasta que fue demasiado tarde.
—Sabes que soy bueno leyendo a las personas. Desde el principio supe qué tipo de persona era… aunque, a decir verdad, él me lo hizo muy fácil. Su arrogancia era mayor de lo que imaginaba.
Juan asintió lentamente.
—Ya veo… eso fue inteligente. Pero también arriesgado. Recibiste algunos golpes.
—Sí… tienes razón. Creo que debo fortalecer mi cuerpo lo más rápido posible… porque me duelen todos los huesos.
Pero entonces levantó el dinero.
Y sonrió.
—Pero aun así… mira. Por fin tengo suficiente dinero para llenar mi estómago.
Miró a Juan.
—¿Qué te parece si te invito a comer? Creo que es hora de devolverte un poco de lo que me has dado.
Juan sonrió.
—Está bien, acepto. Pero por favor… no te confíes demasiado. Tal vez esta vez funcionó… pero puede que la próxima no.
—Sí, sí… está bien.
Esteban comenzó a caminar.
—Ahora vamos a comer… me muero de hambre.
#1830 en Otros
#352 en Acción
#1513 en Fantasía
#785 en Personajes sobrenaturales
Editado: 04.05.2026